Análisis a la confección de los carteles

Sevilla se le complica a la empresa Pagés

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Vista de la plaza de toros de Sevilla.
Vista de la plaza de toros de Sevilla.

«…Todo lleva a pensar que finalmente una torpe negociación puede provocar la ausencia de José Tomás, después de que Enrique Ponce decidiera no ir este año a la Maestranza y de que El Juli haya dicho que no es ‘plato de segunda mesa’. Y sólo a base de Morante y Manzanares no se resuelve un abono, que en el caso de Sevilla es por toda la temporada, no sólo para la Feria…»

Antonio Petit Caro.-

     Cuando faltan escasamente siete días para que los carteles salgan a la luz, y así cumplir los plazos necesarios para la renovación del abono, la madeja que confeccionan Eduardo Canorea y Ramón Valencia no hay día en que no se líe un poco más. Hasta tal punto que hoy es el día en el que no está claro el nivel que finalmente tendrá la primera gran Feria del año taurino.

     Se sabe, eso sí, que la columna vertebral del serial maestrante descansará sobre Morante de la Puebla y José María Manzanares; el uno porque es hoy imprescindible en Sevilla, el otro porque fue el gran triunfador del pasado año y además reúne las esperanzas de muchos. Pero a partir de ahí todo anda en estos días un poco manga por hombro. Y es que cuando las cosas no están claras, cualquier cosa se convierte en problema.

     El punto neurálgico aún por resolver se centra en quién es ese tercer nombre que dé solidez al abono, que es tanto como garantizar que no se reduzca su número, como ya ocurriera el año pasado. Y en estas circunstancias, apoyarse como excusa principal en el pleito de los derechos audiovisuales puede ser una excusa fácil, pero que no responde a la realidad.

     Lo más cierto es que tenemos el escalafón de matadores de toros que tenemos y prescindir de las principales cartas de la baraja es hoy un lujo que el empresario no se puede permitir. Por eso, con televisión y sin televisión, tienen que echarle muchas dosis de imaginación para resolver sus complicaciones, las de orden económico y las más estrictamente taurinas.

     Por lo pronto, si José Tomás finalmente se cae del abono –que a última hora parece lo más probable-, en gran medida será por la torpeza de la empresa, que no ha acertado llevar a buen puerto las negociaciones. Cierto que el de Galapagar es un poco complicado en sus cosas, como es el caso de ese plus de ingresos que exige en función del número de abonos nuevos que se paguen y sean debidos a su presencia en los carteles. No es fácil hacer esta determinación, pero es posible, porque lo ha sido en otros muchos sitios. Y, en las actuales circunstancias, resultaba además indispensable para que el tirón del abono no perdiera gas.

     Con Ponce que dice que no va y con El Juli que tampoco aparece, sólo a base de los Castella, Cayetano, Talavante o El Cid no se sustenta un abono como el de Sevilla, en el que junto a los festejos de Feria se paga otros tantos más de orden menor, que hacen la temporada completa con todas las novilladas y carteles de segundo nivel que la componen. En el fondo, con crisis y sin crisis, es demasiado dinero para tan pocos alicientes.

Los ausentes

     Que Ponce no vaya a Sevilla a nadie le ha extrañado. Por algo tan inexorable como que el tiempo no pasa en balde, el torero valenciano quiere levantar el pie del acelerador para hacer una temporada tranquila. Si ya lo hizo el pasado año, con más razón trata de hacerlo ahora, cuando está interesado –como ha ocurrido en todas las épocas— en disfrutar toreando algunas tardes, no en fajarse para subir unos escalones profesionales, que para él ya son inexistentes: los subió en años anteriores.

     Lo de El Juli, en cambio, es una torpeza completa de los gestores. Se dejan llevar por esa corriente, falaz desde el principio, de que descabezando al grupo de las 10 figuras van a ganar el pleito. No hay más que ver lo que ha ocurrido: cuando la empresa ha ido a ofrecerle su entrada en la Feria, el madrileño le ha dicho lo del viejo refrán: a buenas horas mangas verde.

     Bueno es el madrileño como para que anden tocándole los costados. Como está fraguado en dar la cara un día y otro, no le asusta asumir un riesgo más, como es decir que no. Y en este caso se entiende perfectamente que haya ejercido eso que es mucho más que una manía: al torero hay que darle su sitio, porque aunque parezca absurdo no es lo mismo que se le haga la oferta con el grupo de los imprescindibles que hacerlo luego, cuando no hay más remedio. Y no lo es porque así lo han establecido los propios taurinos: no es ya que a nadie le guste ser ‘plato de segunda mesa’, es que si te dejas ningunear abres un portillo para que luego lo mismo hagan los demás gestores.

Los presentes

     A partir de ahí, todas las demás cosas no pueden ser fáciles, de forma que hasta la elección de un ‘primero’ para el cartel estrella se convierte en problema. Y así, visto que ni entre los dos toreros, ni entre los propios aficionados, cuajaba el recurso de poner por delante a Juan José Padilla, al amparo de su dura tragedia, ahora acuden a una precipitada alternativa: la de López Simón, al que le han ofrecido el doctorado por mero recurso para que mate al primero de la tarde. Ni eso es una alternativa con ambiente entre la afición sevillana, ni parece lo más oportuno para un torero que aún se está haciendo.

     Que Talavante, Castella o El Cid tengan que ir a tres tardes –incluso alguno a cuatro, si entra en la Feria de San Miguel- no es más que una necesidad: hay que hacer muchos carteles y en la nómina hay lo que hay. Pueden formar carteles muy dignos, incluso de los que luego resulten triunfales; pero eso es una cosa y ser la base del abono otra muy diferente.

     De ahí que ni en el mejor de los sueños pensaran dignísimos toreros como Curro Díaz o David Mora que podían acabar figurando hasta tres tardes en el abono. O que la empresa haya colocado, en medio de la crítica generalizada, a Daniel Luque completando el cartel emblemático del Domingo de Resurrección, con Morante y Manzanares; no es que sea mal torero, porque muchas veces se le ve con agrado; es simplemente que aún no le ha llegado la hora de ocupar tal puesto, a tenor de lo que ha sido tradición en los últimos años en esta tarde inaugural.

     Además, sólo a base de toreros locales no pueden cerrarse los carteles. Es tradición en Sevilla darles un sitio, y se lo merecen. Pero la semana de preferia es muy larga y hay que mantener un nivel.


*Publicado en taurologia.com.

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