Tres horas y media de intervención quirúrgica

Implantada una placa en el hombro roto de Oliva Soto

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Oliva Soto, tras la operación de clavícula izquierda. (FOTO: Javier Martínez)
Oliva Soto, tras la operación de clavícula izquierda. (FOTO: Javier Martínez)

El sevillano Alfonso Oliva Soto ha sido operado en Sevilla de la fractura de clavícula izquierda sufrida en la plaza de Fuengirola el pasado domingo. La fractura ha tenido más complejidad de la prevista, por lo que ha sido necesario implantarle al torero una placa. El tiempo estimado de recuperación es de dos meses.

Francisco Mateos.-

     El matador de toros sevillano Alfonso Oliva Soto ha sido operado de la fractura de clavícula izquierda en la clínica Fremap de Sevilla, como resultado de la cogida sufrida el pasado domingo en la plaza malagueña de Fuengirola. El diestro ha pasado la primera noche intranquilo y con calmantes. Por la mañana tuvo algunas décimas de fiebre, por lo que se le suministró paracetamol. Ahora sigue convaleciente ingresado en la clínica, acompañado de su madre en todo momento -un auténtico resorte de optimismo para el torero-, a la espera de que mañana sábado sea dado de alta.

     La operación fue más complicada de lo previsto inicialmente, ya que existían varios fragmentos sueltos de hueso. Por este motivo se desechó la idea primitiva de colocar unos clavos internos de sujección para ayudar a soldar la fractura y que en una intervención posterior serían retirados. A la vista de la amplitud de la fractura, se optó por impalntar al torero de Camas una placa de osteosíntesis con aporte de factores de crecimiento, sujetada por varios tornillos. Esta placa quedará en el cuerpo del torero para siempre, si es que no se producen situaciones de rechazo, no previstas en principio. La operación se prolongó más de lo esperado, tres horas y media de quirófano. Curiosamente, el traumatólogo que ha dirigido la operación, José María Gómez de Terreros Soto, es también ganadero, ya que es sobrino del ganadero Soto de la Fuente y participa activamente en la ganadería sevillana. El propio Oliva Soto lo conocía de haber tentado en esta casa ganadera.

     El torero se econtraba animado para afrontar «los dos meses que me han dicho que me queda de rehabilitación. Una vez que me den el alta me han dicho que no mueva el brazo, y ya después en las revisiones se irá viendo cuándo puedo comenzar la rehabilitación. Espero acortar los plazos, aunque algunas cosas que estaban cerrándose para América en noviembre ya no puedo aprovecharlas». Para Oliva Soto ha sido toda una ‘experiencia’ entrar en el quirófano «y que me quedara completamente dormido. Los percances que he tenido hasta ahora no han requerido de anestesia general, que ha sido algo nuevo para mí. Me cuentan que decía cosas incongruentes mientras me quedaba dormido en la mesa de operaciones», comenta sonriente el torero en la habitación hospitalaria.

     El diestro camero, que ha cerrado la temporada con 13 corridas en España y otras 3 en América, recuerda cómo se produjo el percance. «Ya es mala suerte que te coja el último toro del año… El animal no había hecho cosas extrañas en el capote, pero creo que no le vino bien el tiempo de espera en banderillas y, sobre todo, el brindis que hice a mi cuadrilla por ser el último toro del año, por lo que tuvo más tiempo para recuperarse. Lo cité de lejos en las rayas del tercio y cuando estaba a punto de entrar a la muleta hizo un extraño y se me vino directamente al pecho. Quizás influyera también que en ese momento encendieron los focos de la plaza… Yo estaba con los dos pies juntos, y eso fue peor, porque si hubiera tenido el compás abierto podría haberme apoyado en alguna de las dos piernas. Me cogió de lleno y me lanzó muy alto. Después, ya en el albero, me arrolló y me lanzó contra el estribo de las tablas. Lo que no sé exactamente es si la fractura se produjo al caer en la primera voltereta o al lanzarme contra las tablas. Lo que sí sé es que dolía una barbaridad. Llevan razón algunos toreros que dicen que prefieren una cornada a un hueso roto. Iba desencajado de dolor. Según me cuenta la cuadrilla, yo que soy morenito de piel, llegué a la enfermería blanco del dolor», concluye sonriente Alfonso.


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