EL RECUADRO

La pistola de Belmonte

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«… Y en aquel disparo que sonó en el cortijo utrerano empezó un mito que está por escribir. Aquella tarde Sevilla no se puso amarilla, ay, qué pena y qué dolor, como cuando José. En España el suicidio de Belmonte no existió, existió sólo su muerte, porque a los suicidas ni los enterraban en sagrado…»

Antonio Burgos.-

     Rafael de León hizo verso inmortal de la frase que pronunció Ignacio Sánchez Mejías en la enfermería de Talavera: «Parece que está dormío,/Dios mío/en su capote de brega». En la fotografía en la que Ignacio está acodado sobre el cadáver de Joselito, Pensador de Rodin ante la Verdad de la Fiesta, que no es otra que la Muerte, se comprueba que la poesía dulcifica los amargores. Sí, parece que está dormido. Mas no «en su capote de brega»: en una manta cuartelera, de las que llevaban enrollada en bandolera los soldados que embarcaban en el muelle de Cádiz camino de la muerte en la guerra de África. Con esa manta cuartelera, si no fuera por la callada meditación de Ignacio, que estaba quizá ya pensando en la elegía que habría de escribirle Federico, José tiene algo de teniente joven de Infantería muerto por el paqueo de los rifeños en la toma de un blocao, al que llevan a enterrar a una Sevilla de mantones de luto y puertas entornadas en las casas señoriales.

     Dijo Rafael de León de aquel día: «Y por Gelves viene el rìo/teñío/con sangre de los Ortega». A José lo mató un toro en Talavera. Allí le ganó la partía a Juan. Lo reconoció Belmonte una tarde que su biógrafo don Luis Bollaín lo traía en coche desde su notaría de Coria del Río, quién sabe si de hacer testamento ante el fedatario amigo, reinando ya en la muerte. Al pasar por Gelves mentaron a Gallito, y cuenta Bollaín que Juan le dijo:

-José me ganó la partía en Talavera…

     La partía de la vida. También la partida del mito de la muerte. Dicen que la muerte a todos nos iguala. A estos dos Hércules fundadores del toreo del siglo XX, no. Aún seguimos hablando de la vida de Juan Belmonte gracias a Chaves Nogales. Aún seguimos hablando de la muerte de José Gómez Ortega, gracias al toro ‘Bailaor’. A Joselito le faltó su Chaves Nogales para descubrirnos la grandeza, hondura, arte, técnica, oficio y encima gracia del toreo que fue su vida entera. En los renglones del cómo se escribe la Historia, frente a un Juan glorificado, parece que José no hubiera hecho en su vida más que dejarse matar por un toro en Talavera. José le ganó a Juan la partía en Talavera, pero Juan le acabó ganando la partía de las páginas de la Historia.

     Como todo está acuñado siempre sobre medias verdades, lo más dramático y literario de Belmonte está por escribir. La muerte de Juan Belmonte no tuvo el Chaves Nogales de su vida. Y ahí sí que hay literatura. En ese silencio de Gómez Cardeña, en la soledad de la vejez, en esa frase que le había dicho a Bollaín:

-A Juan Belmonte nadie lo va a ver arrastrar los pies por la calle Sierpes.

     Y en aquel disparo que sonó en el cortijo utrerano empezó un mito que está por escribir. Aquella tarde Sevilla no se puso amarilla, ay, qué pena y qué dolor, como cuando José. Por Triana no vino el río teñío, Dios mío, con sangre de Belmonte. Teñida con sangre de Belmonte vino la portada del ‘París Match’ con el reportaje que vino a escribir Dominique Lapierre. Y vino ‘La Gaceta del Norte’ con el único relato de la verdad del suicidio que se publicó en toda la prensa española y que escribió el novelista José María Requena, entonces redactor del periódico bilbaíno. En España el suicidio de Belmonte no existió, existió sólo su muerte, porque a los suicidas ni los enterraban en sagrado.

     Van a exponer en Sevilla, en un homenaje artístico a José y a Juan, la pistola que sonó aquella tarde en ‘Gómez Cardeña’. Yo he visto esa pistola en Capitanía. Es una pistola ‘de señorita’, una Browning del Seis Treinta y Cinco. Una pistola que debe estar ya para siempre en el Museo de la Plaza de Toros de Sevilla, como la de Larra en el Museo Romántico. Rafael de León hubiera escrito: «Palomos asustados por los montes,/levantó la muerte el vuelo/con aquel el tiro que oyeron:/la pistola de Belmonte».


*Antonio Burgos es escritor y periodista sevillano. / Publicado en ABC-Sevilla.


 

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