Espartaco: «Para ser figura tienes que faltarle el respeto a tus propios maestros»

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El diestro sevillano deja una nueva lección de sinceridad en el ruedo de la afición sevillana. En el sexto de los «Mano a mano» de Cajasol, celebrado Sevilla, Espartaco y el actor Juan Echanove deleitaron al público relacionando de forma ágil y con varias anécdotas las relaciones entre el mundo de los toros y el teatro.


Espartaco y Echanove, protagonistas.
FOTOS: Toromedia.

Elena Aguilar.-

     En este nuevo encuentro entre el arte taurino y las artes escénicas, todo fue comunión, comunión entre torero, actor y público. Quizás, apuntó Echanove una única y abismal diferencia entre estas dos artes: en el toreo hay riesgo de perder la vida. El resto fue unión. Era palpable: Espartaco y Echanove se entendían.

     Echanove, que abrió terna, lo apuntó en su primera frase. "Hablar de teatro es hablar de la vida misma". Está claro que para el actor, serlo, supone algo más que una mera profesión, "como les ocurre a los toreros, que con frecuencia suelen declarar que el toreo es una forma de vida para ellos".

     Entró en turno de palabra Espartaco. "El teatro como el toreo es imprevisible -señaló el torero-, entrando en juego la inspiración creativa, que viene o no viene, depende de muchos factores". Sobre lo que significa para Espartaco la inspiración, aclaró que "no necesito un determinado tipo de toro para encontrarla, como les sucede a otros toreros; la mía es más difícil de entender". Si Echanove apostilló que, mejorando lo presente -por Espartaco-, Morante de la Puebla era otro torero


Las anécdotas de ambos salpicaron de forma amena toda la charla.

de inspiración, "capaz de crear una belleza imprevisible, de manifestar sus miedos, idas y venidas, un toreo basado en la autoestima", Espartaco hizo lo propio con el actor, al que consideró como un actor de corazón, de sentimiento.

     Espartaco tuvo en sus palabras un recuerdo para el malogrado Paquirri, uno de los grands toreros a los que admiró. Según reconoció, para él supuso un diestro ejemplar, entre otras cosas "por su capacidad de hacer grandes esfuerzos para seguir demostrando, pese a tenerlo todo conseguido, que quería seguir siendo figura del toreo". Destacó que para él, esos maestros que le sobrepasaban en edad y experiencia eran sus dioses, los mismos con los que después competiría. "Me veía obligado a faltarles el respeto, porque camino de la plaza me decía a mí mismo que tenía que ser mejor que mi maestro, que Paquirri, porque esa era la única forma de poder llegar a lo más alto". El maestro de Espartinas considera que su competencia, en el fondo, "era conmigo mismo. Conocer cuáles eran mis limitaciones y poderlas superar".

     "Esta competencia -prosigió Espartaco- comenzaba desde que me levantaba en el hotel por


Amplio seguimiento de los sevillanos al entretenido encuentro.

la mañana: preocupación por si me encontraría con facultades o en estado febril, si al asomarme por la ventana me encontraría con viento, por cómo se desenvolvería la corrida, por saber si conseguiría sobreponerme al miedo,… Una lucha continua de superación contra las adversidades". Lucha que también se produce en el actor. Echanove -que se define como un 'tipo tímido'- confesó que "más que miedo, me da pavor salir a escena y el vestirme en el camerino supone un ritual. Comienzo a vestirme por los pies, primero los calcetines, a continuación la camisa, los pantalones,… En una ocasión salté de los calcetines a los pantalones, y mi mente no paraba de recordarme que así las cosas no saldrían bien, así que me desvestí por completo y volví a vestirme". Ritos y supersticiones que también están presentes en la profesión de los toreros.

     Una noche entre toros y teatro en Sevilla, de la mano de la afición de Echanove a los toros, cultivada desde los siete años; y Espartaco, otra vez 'arrebujado' con Sevilla en una faena medida, de honda de sensibilidad, desparpajo y naturalidad; inspiracion que entendió Sevilla.

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