OPINIÓN: Esperando el milagro

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«…cuando así se piensa y así se es: sencillo, humilde, sacrificado y consciente de las posibilidades, algún día -digo yo- tendrá que llegar la plaza importante, el toro que embiste y el sentimiento a flor de piel para plasmar el toreo y olvidar lo que olvido fue…»


FOTO: Matito.

Manuel Viera.-

     Comparto, aunque no compito en el esfuerzo, el entrenamiento diario con unos toreros que pasaron la temporada de 2007 sólo alimentados por la ilusión de faenas imposibles a toros boyantes en las mejores ferias de España. Cada mañana van con paso firme al ritmo de la carrera, con el sudor camuflado bajo la impuesta moda de la gorra americana. Soñando, otra vez soñando, con esos contratos que después sólo le llegan a los que avasallan con triunfos importantes desde el preciso instante en que tomaron una alternativa con la fuerza del éxito.

     Me hace reflexionar el sacrificio de estos hombres que sólo pisaron la Maestranza para soñar sentado desde una grada del dos. El día a día de los que esconden en falsas fantasías la cruda realidad demostrada por ese paro encubierto motivado, quizá, por una carrera de despropósitos de los que les adularon y pulularon a su alrededor.

     Busco en sus palabras algún atisbo de sinceridad. Y la encuentro cuando conscientes son de que la indiferencia que causan a empresarios, apoderados y aficionados es para olvidarse de la profesión y entonar el 'mea culpa', para dedicarse  a otra cosa. Sin embargo, cuando las causas del paro son analizadas se encuentran fallos, propios y ajenos, y se asumen en partes proporcionales, el torero cree que, tarde o temprano, el resurgir puede abrir nuevas esperanzas.

     La fuerte personalidad de algunos de estos jóvenes espadas sevillanos, con momentos de euforia, y cabizbajo en otros, demostrada en su mente clara para saber lo que se es capaz de hacer delante de la cara del toro, soñando siempre, eso sí, con faenas de sentimiento y puerta grande, y dejando aparcadas, por ahora, puras fantasías que pueden afligir y amargar aún más la difícil existencia. Cuando así se piensa y así se es: sencillo, humilde, sacrificado y consciente de las posibilidades, algún día -digo yo- tendrá que llegar la plaza importante, el toro que embiste y el sentimiento a flor de piel para plasmar el toreo y olvidar lo que olvido fue.

     En pocos meses volverá a alzarse el telón de una nueva temporada en Sevilla. Y  ninguno estará. Mas tarde comenzará el gran ciclo venteño, y allí tampoco sonarán sus nombres. Después, las ferias de Granada, Pamplona, Santander, Huelva… y seguirá el sueño, el esfuerzo de cada día, la ilusión… pero también el olvido.

     Ser torero, ya se sabe, casi es un milagro. Pues a esperar un milagro más de los muchos producidos en la larga historia de la Fiesta.

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