10ª FERIA de ABRIL

El poder de Luque y cuatro toros sin aprovechar

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Desplante de un poderoso y enfibrado Daniel Luque.

El sevillano ha sido el único que ha justificado actitud para estar en una Feria de Abril. Daniel Luque ha firmado una sólida y contundente faena al más puro estilo ‘ojedista’, jugando con pasmosa frialdad las cercanías y el parón. Talavante corta una oreja a un toro de doble premio. Manzanares no estuvo.


SEVILLA / Corrida de toros

TOROS: Se han lidiado toros de la ganadería de Núñez del Cuvillo, justos de presentación, desrazados pero manejables. Manso pero muy manejable el primero; con recorrido y clase el segundo, sobre todo por el izquierdo; parándose y sin emoción el tercero; con cierta clase y recorrido el cuarto; con clase el quinto; aspereza del sexto.
ESPADAS:José María Manzanares (de nazareno y oro), silencio y silencio.
Alejandro Talavante (de burdeos y oro), una oreja y silencio tras aviso.
Daniel Luque (de purísima y oro), una oreja y palmas tras aviso.
CUADRILLAS: Saludaron Juan Contreras, Jesús Arruga y Antonio Manuel Punta tras colocar buenos pares al tercero.

INCIDENCIAS: Lleno de ‘No hay billetes’.


Francisco Mateos.-

     Sorprendentemente la plaza ha registrado un lleno de ‘No hay billetes’. Sin duda, el toreo está de moda; y más en Sevilla. No hay otra explicación a esa respuesta masiva de público que hasta al propio empresario le habrá sorprendido: con la excepción de la corrida del domingo de rejones, desde el jueves de preferia llevamos todos llenos de ‘No hay billetes’. Cinco consecutivos, dejando al margen la de rejones. Y un sexto ‘No hay billetes’ en Resurrección. Un cartel que no justificaba tan masiva respuesta, pero el toreo está de moda, y la inercia y prurito de ir a los toros hacen el resto. Dos toreros más que amortizados como Manzanares, en otra tarde absolutamente decepcionante -salvo por el cañón que tiene como espadas-, y Talavante, que da aún más coraje porque si la cabecita le funcionara podría dar aún faenas de clase en este ocaso de su vida taurina. En el lado opuesto, Daniel Luque sigue su trayectoria ascendente, ganando en madurez, clase y hasta en valentía. Con todo ello, de nuevo se vivió una jornada de escaso contenido para ser una Feria de Abril en la plaza de las rebajas, la Maestranza.

     Nada Manzanares con capote en primer toro, con verónicas y lances hacia afuera. Se le notaba demasiado que estaba molesto con el fuerte viento, un poco más allá de las rayas. El recorrido del muletazo no era malo, pero el toque final era para las afueras siempre, desluciendo y quitando emoción. Por el lado izquierdo, desconfiado y molesto por el viento, siempre se ayudó de la espada. Al final, el toro de Núñez del Cuvillo se rajó; o más bien, se aburrió de tanta vulgaridad.

     El cuarto tenía recorrido, tenía hasta cierta clase en su embestida, pero Manzanares encontró hoy un aliado en el viento para justificar su incomodidad y una faena deslabazada, sin sentido de unidad, que de nuevo volvió a aburrir a todos. Qué pena de toro, un buen toro. Y qué pena que el puesto de Manzanares, más la corrida que le queda, no la aprovecharan toreros con proyección. El empresario José María Garzón sigue la estela del anterior, Ramón Valencia, y mantiene protegido al más que amortizado Manzanares (dos corridas en Feria, más una tercera en septiembre; ¡qué barbaridad!). Lo mejor, la estocada, pero no se libró de dos de esos silencios de Sevilla que duelen. Algunos dirán que el de Alicante no ha tenido suerte ni con el sorteo ni con el viento; yo le digo que los que no han tenido suerte han sido sus dos toros.

     Alejandro Talavante no se entendió de salida con el capote; mantazos en vez de lances. El inicio de faena al toro de Cuvillo, genuflexo y por bajo, fue bello y demostró que tenía recorrido. Mejor por el izquierdo, lado por el que el extremeño se sintió en naturales largos, suaves, a los que de todos modos le faltaron más cadencia y gusto, a pesar de la imagen de toreo desmayado. Mató bien y cortó una oreja; era de dos…

     Recibió al quinto directamente con faroles, un toro que se despitorró por completo el pitón izquierdo antes de chocar con el peto. Inicio de rodillas y, ya en pie, uno de pecho largo. Espejismo de inicio de faena del extremeño, con un trasteo de acusados altibajos. No fue capaz de mantener la intensidad, demasiados tiempos muertos, probaturas. Destacaron los pases de pecho, pero la realidad es que se le fue el toro de Cuvillo. Aviso antes de entrar a matar, pinchazo y estocada.

     Daniel Luque se llevará seguro el trofeo al ‘Quite providencial’ del equipo médico por llevarse con la muleta a medio montar a su primer toro cuando hizo hilo con su banderillero gaditano Juan Contreras tras colocar un gran par de banderillas. El toro, que cumplió en varas, llegó a la muleta muerto, sin emoción y parándose. Demasiado poco toro para tanto poder en la muleta como quería imprimir el de Gerena. Decidió, muy acertadamente, una segunda mitad de cercanías, al más puro estilo ‘ojedista’, ligando uno y otro sin moverse un centímetro del mismo sitio, atornilladas las zapatillas. El toro, bobalicón, miraba a centímetros de los muslos de Daniel cómo la muleta hacia el péndulo tras su cuerpo. Obedecía a los cites, mientras Daniel se dejaba poner los pitones en la barriga y le rozaba los alamares; menudo arrimón. Todo lo puso el sevillano y se inventó una faena con un toro vulgar y desrazado, sin recorrido. Se desplantó tirando la muleta, armó la espada y metió una estocada algo contraria que hizo doblar al toro. Pidieron la oreja, más con vocerío que con pañuelos, y el presidente concedió un trofeo, una de esas orejas arrancadas.

     El sexto acudió alegre al caballo y a los palos. Llegó a la muleta con el pitón izquierdo hecho una flor abierta de primavera. Brindó al público. Rebrincado en la faena, punteando la muleta, se decantó por sacar ‘cositas’ que soslayaron pronto que fuera el de Cuvillo de carretón, como parecía inicialmente. Necesitaba el poder de Luque, iba a ser un toro que requería dominio. No le quedó otra al sevillano que emprender la vía de la emoción de las cercanías, aunque ni siquiera ahí se logró la emoción del tercero. Daniel quedó contrariado porque intuía que iba a tener faena este astado que sacó un punto de aspereza y violencia. Estocada desprendida.


AL NATURAL

Lo que el viento no se llevó (a Manzanares)

Francisco Mateos.-

     Aún no termino de explicarme la facilidad con la que el nuevo empresario José María Garzón se desprendió de la perenne presencia de Sebastián Castella, y sin embargo no encuentra argumentos para justificar la presencia de José María Manzanares y Alejandro Talavante, con dos tardes en Feria de Abril, más la tercera en San Miguel. ¡Ahí es nada! Siempre le quedará al empresario el argumento de la gente que acude, y ahí está que hoy martes de farolillos ha colocado el ‘No hay billetes’. Ahí me quedo sin argumento, lo reconozco; salvo la propia inercia de la moda taurina actual de ir a los toros; y en Sevilla en particular. En un grupo de redes sociales comentaba este mediodía uno de los integrantes «si durante la corrida se escucha a alguien roncar, ése soy yo».

     Se admite que se de margen de confianza a toreros con mala racha que se saben tienen capacidad -y Manzanares la tiene, o la tenía-, pero una cosa es margen de confianza, y otra diferente concederle toda una época. Manzanares hace tiempo que está amortizado. Puede protagonizar una faena buena suelta en algún momento, pero ya aporta poco o nada a su trayectoria y al toreo. Él lo sabe mejor que nadie.

     Talavante también está en ese trance, aunque en este torero es más inquietante porque sigue manteniendo cierta capacidad de sorpresa (nunca se sabe si para bien) para protagonizar momentos de belleza taurina, con otros que no se sabe bien qué está buscando. En el caso del extremeño hay un componente de una cabeza impredecible que mantiene aún algún tipo de esperanza. Pero como máximo, un paseíllo en Sevilla; no tres.

     Tres corridas a cada uno, son seis puestos. Demasiados. No es lo que se esperaba como ‘imaginación’ de José María Garzón. El cartel de hoy (Manzanares, Talavante y Luque) es un cartel de hace 15 y 20 años. Mantenerlo igual hoy día es un sinsentido a la emoción, por mucho que la moda taurina llene la plaza.  Al menos se le agradece que, si tenemos que padecerlos, los agrupe en el mismo cartel a los dos, tanto  hoy como en la corrida de San Miguel en la que volveremos a padecerlos juntos. No se los lleva ni el molesto viento de hoy. Imaginación al poder. No te digo…


LA VOZ DEL ABONADO

Sólo faltó Castella

Unión taurina de abonados y aficionados de Sevilla.-

     Hoy nos obsequió José María Garzón con una corridita de Cuvillo mejor presentada que las novilladas anteriores, de comportamiento variado y para darles lidia y muerte nos acarteló a tres toreros más vistos en Sevilla que el tebeo, dos de ellos más que amortizados y un tercero (Luque) que va por el mismo camino. Pero cometió un error al idear este cartel y es no contratar a Sebastián Castella, que es el que hubiera ‘rematado’ la tarde. Todo no puede ser perfecto…

     José María Manzanares es un torero prejubilado, lástima que antes de irse el PSOE de la Junta no lo hubiera metido en un ERE de los suyos y ahora estaría en su casa cobrando una paguita. En su primero, un manso que le dio de coces al caballo, anduvo por donde más aire hacía y se juntó el hambre con las ganas de comer. Mató al toro de una estocada trasera, el toro no caía y el ‘entendido’ público sevillano vio bravura en ese aguante, dedicándole una ovación.
De su segundo sólo me acuerdo de la estocada.

     Talavante, ahora mismo, aburre al más pintado; lo llevan a la Moncloa y Pedro Sánchez sale de allí pitando, con eso lo digo todo. Después de los dos años de paro forzoso que le recetó Matilla, ha vuelto un zombie que se arrastra por la plaza como un alma en pena, sin rastro de la personalidad que atesoraba en su primera época, más allá de un inicio genuflexo y luego un natural en redondo con cambio de mano a un toro que estuvo por encima de él. En el cuarto, con un pitón izquierdo como una escobilla, nos obsequió con diez minutos exactos (aviso incluido) de mantazos.

     Luque se empeñó en arrimarse en su primero, un zombie que se movía poco. Lo de todos los años de Luque en Sevilla, que  fue recompensado con la orejita de todos los años aquí. El sexto, con un pitón izquierdo también sospechoso, sacó genio y ya no se quiso arrimar tanto, y se le subió a las barbas. Tampoco era para que le gritara uno que se le había ido.

     Total, que los tres diestros nos obsequiaron con un montón de pases y en eso, José María (Garzón), Castella es el rey. Craso error no traerlo, uno más…


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