OPINIÓN.- La vida sigue igual (o peor)

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«…Resulta que la empresa de Sevilla -con el silencio tácito de los maestrantes- rayó el desastre a la hora de afrontar la crisis generada por la meteorología adversa. A algún iluminado se le ocurrió un día que lo de las lonas era perjudicial, pero nadie encuentra la ley física que indica que la protección del albero con una tela impermeable provoca que la tierra se moje más que si permanece a la intemperie…»


FOTO: Matito.

Álvaro Acevedo.-

     Sevilla también se quedó sin Feria de San Miguel tras el sofocón de los farolillos. Que el año taurino estaba de agua es indudable, pero dejar la responsabilidad en manos del dios de la lluvia es como echar las culpas al empedrado. "Dios de la lluvia apiádate, de las bestias y de mí", decía una canción de 'El último de la fila'. Y como no se apiadó, el hombre -único animal que tropieza dos veces en la misma piedra-pregonó su incompetencia. El azar climatológico no tiene la culpa, pero también sería injusto echársela a los toreros aunque la pizarra más famosa del mundo taurino así lo dejaba caer sibilinamente: "Por unanimidad de los toreros, la corrida de hoy queda suspendida".

     Suponiendo (que es mucho suponer) la veracidad de la supuesta 'unanimidad', digamos que en el texto falta información, y no olvidemos que la mutilación de parte de los datos es una manera habilidosa de mentir. Pero no más elegante. Resulta que la empresa de Sevilla -con el silencio tácito de los maestrantes- rayó el desastre a la hora de afrontar la crisis generada por la meteorología adversa. A algún iluminado se le ocurrió un día que lo de las lonas era perjudicial para el ruedo, pero nadie encuentra la ley física que indica que la protección del albero con un gigantesco trozo de tela impermeable provoca que la tierra se moje más que si permanece a la intemperie. Yo digo que esto es como cuando mi amigo Pepe Barona me dijo que le rezara a un santo de cuyo nombre no quiero acordarme antes de debutar con caballos en la Maestranza. "¿Es efectivo?", le pregunté. Y me contestó que no lo tenía muy claro, pero que peor que estaba no me iba a quedar. Pues lo de la lona, lo mismo.

     Las dos suspensiones septembrinas no han sido provocadas, precisamente, por ingentes trombas de agua, sino por una lluvia fina con los efectos de lo del día de Noé. Vamos, que con el toldo es imposible que la cosa hubiera ido peor. Luego está lo de los operarios arreglando el ruedo. Hace aproximadamente quince años, don Diodoro Canorea utilizaba varias camionetas motorizadas que descargaban albero sobre el ruedo mojado en cantidades industriales y a velocidad de vértigo. Entre la flota de vehículos y la protección previa de las lonas, el piso se arreglaba en media hora, pero ahora hemos pasado del camión al carrillo de mano, digo yo que por lo de la crisis del petróleo. O sea: el problema no es que no se avance, sino que vamos para atrás.

     Y, por último, sale a relucir de nuevo lo del dichoso satélite (lo de satélite, ya en el peor sentido de la palabra). Porque, por ejemplo, Morante de la Puebla le dijo el sábado al presidente que esperara treinta minutos para que se acabara de acondicionar el ruedo, pero Gabriel Fernández contestó que el satélite decía que iba a llover en media hora. En Sevilla no llovió ni en media hora, ni en una, ni en dos, ni en toda la tarde. Ni en toda la noche. Y los abonados, con esa flema sevillana de soportarlo todo y no protestar por nada mientras otros cobran el seguro.

     Daremos los políticos cien días y alguno más para que, tanto empresa como maestrantes, solucionen esto de una vez. Más que nada por respeto al público, y también para lavar la imagen de una plaza que parece la de Villanueva del Membrillo cada vez que caen cuatro gotas. Un servidor, por si sirve de algo, da una pista: con dos carretillas y tres palas no se arregla esto.

*Publicado en 6Toros6 / Álvaro Acevedo es periodista y desarrolla su trabajo profesional en Cadena Cope, 6Toros6 y Cuadernos de Tauromaquia.

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