REAL MAESTRANZA - 12ª Feria de Abril

Ferrera, sencillamente, toreó

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Antonio Ferrera.

El diestro extremeño Antonio Ferrera de nuevo ha brillado especialmente en la Maestranza y ha logrado dos importantes vueltas al ruedo tras ofrecer una gran tarde de toros con su valor y toreo. Juan José Padilla y López Simón fueron ovacionados tras sus faenas a toros de El Pilar.


SEVILLA / Corrida de toros

TOROS: Se han lidiado toros de El Pilar; el quinto bis lidiado, como sobrero. Aceptable presentación y diferentes hechuras. Descastado el primero; manso con complicaciones el segundo; noble, repetidor y de notable embestida el tercero; con muy poca fuerza el cuarto; noble, flojo y con clase en su embestida el sobrero quinto; inválido el sexto.
ESPADAS:Juan José Padilla (de burdeos y oro), saludos y saludos.
Antonio Ferrera (de grana y oro), vuelta tras fuerte petición de oreja con bronca a la presidencia y vuelta tras dos avisos.
López Simón (de tabaco y oro), saludos y silencio.
INCIDENCIAS: Dos tercios de plaza.


Manuel Viera.-

    La torería en la lidia, la profundidad, la maestría en el trazo, el talento a la hora de plantear faena, convirtieron el hacer de Antonio Ferrera en máximo exponente de un toreo apabullante. Así mismo fueron dos obras de arte que dan la verdadera medida de la capacidad de quien las esculpió. Fue una lidia impecable, desde el valor, el conocimiento, el poder y la técnica, la realizada al manso y complicado primer toro de El Pilar. Y gracias a la maestría, a la inspiración, al rítmico pulso y a la sensacional profundidad del muletazo diestro, con el que imbuyó  a la gente en la brillantez de su faena, convirtió lo hecho al noble y flojo sobrero lidiado en quinto lugar en excelencia de una emotiva tauromaquia.

     Antología de la verónica que contribuyó a completar la gran obra del extremeño. Compás, ritmo, lentitud pasmosa y verdad. Mucha verdad en el lance que sirvió para redescubrir una lidia donde el arte se manifestó con verdadera emoción. Momentos de tauromaquias olvidadas, como el quitar toreando por sensacionales faroles. Joyas que brillaron junto a su expresivo toreo que, como en la series de notas ligadas de una sinfonía, compuso el discurso artístico y emocional.

     Lo hizo con el quinto, un toro inutilizado para la lidia en el tercio de banderillas y sustituido después por un sobrero de la misma ganadería. Y fue con este quinto bis -toro flojo y con cierta calidad en sus embestidas- con el que Antonio esculpió la obra que constituyó el máximo logro de quien sintió el toreo en su aspecto mágico y ritual, logrando una faena ligada, fluida y sensual. Delicioso hacer, especialmente diestro, en el que el temple actuó como hilo conductor. Toreo con sabor, con poso, con el atractivo de lo natural, del conocimiento del toro. De la verdad, en suma. Soberbio en su simbiosis natural, transparente, elegante, coherente en los detalles que fluyeron con aparente sencillez. Ferrera hizo gala de su extraordinario talento y toreó con una pasión sencillamente arrolladora. Se la jugó con la espada en difícil y complicada suerte. Por dos veces, al pinchar, le rozaron los pitones la yugular. Tras la definitiva estocada, la ovación en la vuelta al ruedo sonó interminable.

     A mayores dosis de dificultad, más mostró su ambición para conseguir el triunfo. Su toreo se tiñó de madurez con el manso segundo. Y a golpe de valor y entrega mostró argumentos sólidos y suficientes para haber conseguido algo más que la apoteósica vuelta al ruedo tras finiquitar de estocada. De existir la duda nada mejor que rebobinar lo hecho en el interesante trasteo. Y observar que, sin ceder a las complicaciones de las cambiantes embestidas, contuvo la esencia de un concepto sorprendente y auténtico. Porque hubo pureza y hubo valor. Sencillamente, toreó.

     López Simón tuvo, en el tercero, un buen toro para alcanzar su objetivo. Y no lo consiguió. Quizás por esa forma de torear y ligar que, aunque suave y con parsimonia, se hizo excesivamente monótona y a veces trivial, pese a ser poseedor de un concepto interesante y expresivo que, en esta ocasión, poco mostró. Mejor con la derecha que con la izquierda, con la que toreó despegado y con tendencia hacia fuera. Gustó en el epílogo genuflexo y en los adornos, y con la espada falló. Con el sexto, de escasa fuerza, lo intentó en faena de largo metraje sin obtener nada a cambio. Y, además, lo pinchó.

     Con el flojo y soso primero muy poco pudo hacer Padilla. Su actitud y ganas estuvieron por encima de los suaves y bien dibujados trazos con ambas manos. Pero todo sin emoción. El noble y descastado cuarto se le paró a mitad de faena, igual que en su primero. Se entregó en banderillas y en una faena que adoleció de contenido. A ambos toros les hundió el acero.


AL NATURAL

La diferencia de llamarse Ferrera

Francisco Mateos.-

     La diferencia de llamarse Ferrera es que el público ocasional, el gran público, el que de aquí para allá, de caseta en caseta, y asiste a una corrida -o dos- de rebote y seducido más por el nombre del torero que por el propio torero, es que no tiene la fuerza para llenar plazas; ellos se lo pierden, pero no llena.

     La diferencia de llamarse Ferrera es que te paseas por la Puerta del Sol de Madrid o La Concha de San Sebastián tan tranquilamente sin que nadie te pare para hacerse un selfie contigo. La diferencia de llamarse Ferrera es que no te ponen con ganaderías del medio-toro, sino con ganaderías en las que sale el toro-toro (o que sale con más probabilidad), con más trapío, con más cuajo, con la edsd cumplida, y no es el novillote que va y viene; él se lo gana, porque todo lo que le haga a un toro de verdad tiene importancia.

     La diferencia de llamarse Ferrera -o Ureña- es que tienes la total seguridad que te lo vas a tener que currar muy mucho para que la Banda suene -mínimo- mediada la faena, o que no te suene en toda la faena, como le ha pasado hoy en el cuarto, o la oreja que cortó Ureña sin música a un ‘victorino’; a otros le suenan nada más acompañe el viaje en tres muletazos hilvanados.

     La diferencia de llamarse Ferrera es que a otros le conceden orejas con peticiones débiles y en cambio a él la presidenta le ningunee la segunda en la gran tarde de los toros de Victorino. La diferencia de llamarse Ferrera es que hoy el presidente facilón de tantas tardes con las figuras le dé por ponerse duro con los toreros machos y te ningunee otra oreja; y van…

     La diferencia de llamarse Ferrera es que sea capaz de cuajar de capote a sus toros en sus dos corridas de forma tan extraordinaria y tan diferentes, y que haya jurados que aún vayan a dudar si concederle o no los premios de ‘Mejor toreo de capote’ o ‘Mejor quite’, entre otros varios premios que debería recibir.

     La diferencia de llamarse Ferrera es que si algunos toreros consentidos que yo me sé hubieran hecho lo que le ha hecho a su primero hoy, allá en la zona de chiqueros, aún estarían corriendo a estas horas ríos de tintas.

     Es la diferencia de llamarse Ferrera, en vez de Morante, Rivera, Manzanares o Cayetano…


LA CORRIDA, AL COMPÁS

¡Antonio!

Fernando Naranjo.-

¡Ay, Sevilla! Sé prudente
y siempre tú estar atenta;
toma tú, debida cuenta
de la villana tangente
que toma algún presidente
y el desfase de esa banda:
malhaya sea el que manda
que no sabe del compás
con el que debe empezar
armonizando las tandas.

El pirata Juan José
para enfrentarse a sus toros
hoy vino de grana y oros,
como viste la honradez
y otra vez no pudo ser;
es difícil acertar
con la aspereza esperar.
O los terrenos del toro
con otro de tan buen modo
que pudo desorejar.

Al ‘finito de Barajas’
le hacen falta unos hervores
y aprender de los rubores;
¿saber cómo y dónde encaja?
No se suma la baraja
difícil será el volver
a esta academiza de danza,
mas no pierda la esperanza
¿Quién sabe si pueda ser?

Con el toro ‘Renacuajo’,
que tuvo mucho peligro,
hizo faena de libro
con todo valor y cuajo,
no se permitió un relajo
dando con talla y firmeza,
las ansias del que comienza
a querer comerse al mundo
ante este manso iracundo
fue Ferrera, de una pieza.

Al feudo de Curro Romero,
de Morante y ‘Pepeluises’
vienes vestido de Ulises,
¿Cómo te atreves torero,
con ese gran ‘sombrerero’
con el que asombras Ferrera,
dar tu tesis capotera?
Antonio, la luz del sol
o un pasodoble español,
¡esa es tu esencia torera!

Ese (bis) que hizo ‘Guajiro’
cuando tú, dueño del temple,
Antonio distes ambiente
y a la tarde un sobrio giro.
Y esa banda ni un suspiro
a tu terciopelo y fuego;
qué saben ellos del juego
sublime y santo compás
que supiste enjaretar
onírico y lírico luego.

Yo seré aquel Bergamín,
Antonio, para dar fe
la música que nadie ve
y surge dentro de ti;
no dejaré de escribir
sobre esa lírica danza
que atronó a la Maestranza
en tardes de primavera,
donde en la eterna quimera
partiera  por ti una lanza.


GALERÍA GRÁFICA


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