OBSERVATORIO TAURINO

La brecha se ensancha

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«…¿Se estará fraguando la alternativa de Lama de Góngora en la Feria de San Miguel? ¿Morante, El Juli y Perera podrían rondar la mente de los empresarios para abrir la temporada en Resurrección? Por cierto, parece que de la tele, nasty. Y visto lo visto, tendremos que olvidarnos de José Tomás; aquí y en Senegal…»

Álvaro Rodríguez del Moral.-

     INTERLOCUTORES. «¿Tú te crees que me puedo sentar seriamente a hablar con los toreros si los que tengo delante son Juan Diego, El Fundi y Gómez Escorial?». Fue una de las primeras andanadas de Eduardo Canorea en un encuentro con la prensa que no tuvo desperdicio. Más allá del grueso barniz de sus palabras, el jugoso almuerzo del Arenal sevillano evidenció que la brecha que separa a las grandes empresas taurinas y al recortado senado de los matadores de toros es cada vez más ancha. Unos y otros invocan el futuro pero el problema de fondo, no se olvide, es de dinero. El pastel fue copioso algunos años y permitió navegar a todo trapo a los grandes empresarios y los principales coletudos en una unión y compaña que se ha roto con la llegada de las vacas flacas. Ya no hay pasta gansa para los dos flancos y a la hora de repartir la tela han llegado los primeros farolazos, que se unen al árido panorama taurino que se dibuja de la mano de la crisis económica. ¿Quién tiene realmente la sarten por el mango? ¿A quién le corresponde el trozo gordo de la tarta? Ése es el lío…

     UNA UNIÓN VITAL EN TIEMPOS CONVULSOS. Más allá de la anécdota o las palabras, que se acaba llevando el viento, hay que constatar una mala noticia: dejando a la mayor parte de los ganaderos de bravo como resignados sufridores en casa, toreros y empresarios siguen siendo incapaces de sentarse a hablar en la misma mesa. Y es imposible porque no manejan el mismo idioma. O sí. Pero esta polvareda levantada en los salones ha impedido bajar a los sótanos. El toreo se está muriendo en su base y el famoso convenio de mínimos profesionales sigue siendo un escollo insalvable -casi imposible de cumplir- para normalizar la práctica del toreo en ese circuito menor que, plaza a plaza, está recortando su mapa sin la resonancia prestada por otros casos mucho más mediáticos, como la defunción política del toreo en Cataluña. El propio Canorea, que descartó tajantemente la reducción de la actual oferta taurina de la plaza de la Maestranza, señaló que esos mínimos «se respetan en pocos sitios». Pero la piedra filosofal de este follón -la reducción del precio de las entradas- sigue pendiente de una difícil ecuación: el número de espectáculos celebrados continúa descendiendo a la vez que se incrementan sin tope los gastos de organización del espectáculo.

     LOS HONORARIOS, EN EL PUNTO DE MIRA. En ese guiso, el empresario sevillano acusó a los toreros de «no estar por la labor» de plantearse la reducción de unos honorarios que siguen siendo la pelota -o la piedra- que se pasan unos y otros mientras la Fiesta, especialmente el maltratado aficionado, demanda una solución definitiva que no puede esperar más. La peña no tiene pasta para fiestas: ni en los pueblos ni en las ciudades. Y las dos patas más interesadas del negocio -las grandes empresas y las auténticas figuras- parecen empeñadas en tirarse de los pelos sin entonar el necesario ‘mea culpa’. El drama de las plazas chicas empieza a amenazar ya a los grandes escenarios pero patronos y coletas parecen olvidar aquellos años felices de abonos largos y estrechos en los que todo el mundo andaba encantado de haberse conocido. Unos y otros hablan de liberalización, modernización, de libertad organizativa. El asunto es mucho más fácil, o quizá más difícil: se trata de ofrecer un espectáculo brillante a precios asequibles y lo demás son historias accesorias. Y nos vamos apuntando otras perlas cogidas entre líneas en el encuentro con los Pagés: ¿Optarán a la plaza del Puerto de Santa María? ¿Se estará fraguando la alternativa de Lama de Góngora en la Feria de San Miguel? ¿Morante, El Juli y Perera podrían rondar la mente de los empresarios para abrir la temporada en Resurrección? Por cierto, parece que de la tele, nasty. Y visto lo visto, tendremos que olvidarnos de José Tomás; aquí y en Senegal.


*Álvaro Rodríguez del Moral es periodista sevillano. / Publicado en ‘El Correo de Andalucía’.

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