REAL MAESTRANZA - 2ª Ciclo de San Miguel

Calerito convenció y disfrutó

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Toreo templado de Juan Pedro 'Calerito'.

El diestro sevillano Juan Pedro García ‘Calerito’ ha paseado una oreja del toro de su alternativa. José María Manzanares no está en su mejor momento y estuvo desacertado hasta con la espada. Roca Rey sólo pudo ser ovacionado. Desigual comportamiento de los toros de Victoriano de Rio. La plaza se llenó.


 SEVILLA / Corrida de toros 

TOROS: Se han lidiado toros de la ganadería de Victoriano del Río, de notable presentación, nobles y de comportamiento desigual. Bravo el primero; exigente por encastado el segundo; aplomado el tercero; encastado pero venido a menos el cuarto; rajado y metido en tablas el quinto; fijo en los engaños y noble el sexto.
ESPADAS: –José María Manzanares (de azul marino y oro), saludos tras dos avisos y silencio tras aviso.
Roca Rey (de tabaco y oro), silencio y saludos.
Juan Pedro García ‘Calerito’ (de blanco y oro), oreja y palmas tras aviso.

CUADRILLAS: Saludaron en banderillas Antonio Punta, Daniel Duarte, Mambrú, Luis Blázquez, Antonio Chacón y Viruta. El banderillero Luis Blázquez fue atendido de contusión costal derecha, de pronóstico reservado.
INCIDENCIAS: Lleno de ‘No hay billetes’.


Manuel Viera.-

     En mi memoria, el río de emociones permanece. En el límite quizá del toreo de más valor y verdad jamás soñado. Pura artesanía de sueños que nos regaló Morante. Hoy fue otra historia, distinta claro, pero real. Porque hoy, aquel chiquillo de Aznalcóllar que tenía el sueño de ser torero, despertó de él en su plaza de la Maestranza vestido de blanco impoluto y oro brillante para hacerse matador de toros. Y de inmediato incidió en crear la atmosfera pasional subrayada por ese toreo asentado, luminoso, de temple y ligazón. Interpretación de la lidia de un nuevo torero que lo quiere hacer de excepción.

     Juan Pedro García ‘Calerito’ contó su historia y propuso su toreo con un bravo toro de Victoriano del Río apoyándose en la verónica y en muletazos diestros de mano baja, hondos e hilvanados, con los que definió una tauromaquia muy clásica y divergente. Como muestra de ello el ambiente felizmente caldeado durante la lidia del buen toro de su alternativa. Un puñado de naturales, tan deliciosos como bien interpretados y estupendamente rematados, provocaron el respingo en la gente. Y la emoción. Faena que culminó con la gran estocada que certificó la oreja ganada.

     Porque el sevillano anduvo muy asentado, seguro de sí mismo y con una tranquilidad espantosa para afrontar tan comprometida tarde. Quiso añadir una buena dosis de temple a su versión de toreo diestro con el que estableció la consabida escalada a la emoción en la lidia del sexto. Otro buen toro, noble y fijo en los engaños, al que lanceó con gusto a la verónica y muy despacio con la muleta, logrando comunicar su toreo a través de unas formas capaces de resaltar la despaciosidad y la ligazón para alcanzar notable dimensión. Toreó despacio y disfrutó del trayecto hasta rubricarlo con extraordinarios pases de pecho. Igual de convincentes resultaron los aislados naturales, ejecutados con verdadera profundidad. Sin embargo, pinchó y se le atascó el descabello, malogrando una faena posiblemente de premio.

     En definitiva, Calerito, toreó para disfrutar y convencer, y así lo hizo. Verdad sin gestos superfluos y narración sin gesticulaciones. Un toreo de sitio bien conseguido, sapiencia y talento en los destalles. Un toreo refinado y, sobre todo, esperanzador para el que inició la larga y complicada carrera de matador toros.

     Lo que comenzó como una ilusionante faena iniciada con la diestra al encastado y exigente segundo toro, degeneró en un toreo áspero de izquierda desplazado hacia fuera y sin detalles de calado. Quizá porque Manzanares no goza de sus mejores momentos. Que la faena no cogiera vuelo no se debió a las características del toro, sino al hacer de quien lo toreó. Y para colmo, lo pinchó.

     Discontinuo y aburrido se mostró con el cuarto, otro encastado toro, aunque este venido a menos, con el que estuvo más pendiente del viento que le molestaba que de alcanzar momentos de estimable interés. Las calidades de los trazos fueron desiguales con la derecha y casi nula al natural. Desconfiado y dubitativo se la atascaron lo aceros. No, ni mucho menos, es este el Manzanares conocido.

     Roca Rey llenó la plaza, y la expectación era enorme. Lo quiso todo y no consiguió nada. El tercero fue un toro aplomado y parado con el que sólo pudo mostrar ganas y valor. Además, lo mató horrorosamente mal. Y el quinto, el peor del sexteto, metido en tablas desde el inicio de la lidia, se rajó a mitad de faena cuando el peruano comenzaba a mostrar sus credenciales con un toreo de mano baja, profundo y hacia adentro. Esta vez hundió la espada hasta la empuñadura.


 AL NATURAL 

Pesó la resaca de toreo de Morante

Francisco Mateos.-

     Aparece anunciado en dos de los tres carteles de San Miguel, pero Morante ha hecho pleno y ha estado presente también en el de hoy, aunque la imprenta no haya imprimido su nombre para esta tarde. Tal fue la magnitud de los muletazos de ayer, la belleza de los realizado, la magia taurina creada, que hoy ha pesado mucho el toreo de Morante. No bastan -afortunadamente- 24 horas para que se disuelva en la memoria la borrachera de toreo único y diferente de la obra de arte morantista… Y las comparaciones son odiosas. No entra el juvenil Calerito en estas comparaciones, que es un recién llegado y de qué forma ha llegado: templado, con gusto, con tranquilidad y aplomo, y con un toreo para paladares exquisitos. Bienvenido Juan Pedro a los elegidos para faenas grandes.

     Pero esa resaca de toreo morantista sí pesó a las figuras de la tarde: Manzanares y Roca Rey. A Manzanares ya le lanzaron una ‘guasa’ tras los primeros lances: «Bien Morante, bien»; la comparaciones -ya lo he dicho- eran inevitables y odiosas, pero imposibles a 24 horas vista. No fue ni el Manzanares de las faenas ‘compuestitas’; y por estar desacertado, falló hasta con la espada, algo que es noticia en él.

     Y también le pesó lo hecho por el torero sevillano el día anterior hasta al mismo Roca Rey. En las medias embestidas de su primero faltaron hasta esos otros ‘recursos’, basados en su valor desmedido, para llamar la atención. A este toro lo mató de forma horrorosa, acabando por atravesar al toro. Menos culpa tuvo en el quinto, al que le pudo hasta que se rajó el toro.

     Entramos en la plaza hablando de Morante… y salimos de la plaza hablando de Morante. Y eso que esta tarde había dos figuras y del gusto de Sevilla.


 GALERÍA GRÁFICA (Pagés) 

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