GALLEANDO

Así fue Sevilla

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El Juli, a hombros en Sevilla.

“…El Juli dejó demostrada su enorme capacidad para crear su obra junto a un gran toro, con la que contagió las emociones que él mismo sintió con ese toreo sensible, inspirado, despacioso, profundo y ligado. Ese toreo tan mandón y reposado como pasional…”

Manuel Viera.-

     En el recuerdo El Juli y ‘Orgullito’, el toro indultado de Garcigrande. Ambos iluminaron, con bella tauromaquia y soñada bravura, una Feria de luces y sombras en la que se dictaron verdaderas lecciones de arte y valor. Los dos pilares del que abajo, en el ruedo, se juega la vida. El Juli dejó demostrada su enorme capacidad para crear su obra junto a un gran toro, con la que contagió las emociones que él mismo sintió con ese toreo sensible, inspirado, despacioso, profundo y ligado. Ese toreo tan mandón y reposado como pasional y deseado con el que convirtió cada muletazo en piezas únicas de un museo inimaginable. En la que la casta y la bravura se manifestaron cual sueño pensable hecho realidad por unas embestidas que lograron dar vida al toreo.

     Queda en la memoria el soberbio natural de Manzanares, aderezado con el interminable pase de pecho, al ‘núñezdelcuvillo’, impregnado de una seductora combinación de ritmo, lentitud e infinita largura. Y la lidia poderosa, inspirada, a veces, y sutilmente trazada, de Pepe Moral al mejor toro de la interesante corrida de Miura, en el que, también, el toreo de izquierda ocupó lugar destacado. Todo un gozo verlo torear.

     Ellos iluminaron con lo hecho y dicho en el ruedo una Feria en la que el toro bajó un punto en su presentación. En la que el diferente criterio de los presidentes en la concesión de trofeos provocó la polémica. En la que hierros de prestigio, como el de los Hermanos García Jiménez y Juan Pedro Domecq, fracasaron de forma ostensible. En la que no dieron la talla las corridas de Victorino Martín y Jandilla. Sin embargo, embistieron de forma notable para hacer el toreo, toros de Garcigrande, Núñez del Cuvillo y Miura, además de ejemplares de  Torrestrella, Las Ramblas, Victoriano del Río, El Pilar y La Palmosilla, destacada esta última también por su buena presentación.

     Así fue la Feria en la que Pablo Aguado se entregó en cuerpo y alma. Entregado a desmenuzar su toreo y hacer de la lidia un derroche de naturalidad. En la que Curro Díaz dejó pellizcos de su personal concepto. En la que Ginés Marín evocó con dos verónicas y una media una época casi perdida en el toreo. En la que Roca Rey dejó demostrado que, además de valor, sabe torear. En la que a Garrido le cundió su esfuerzo y ambición, no así a Román, herido de gravedad. En la que queda la aparente tristeza de un Talavante jugando al despiste, pese a los dos apéndices ganados, y la desilusión de un Ferrera sin suerte y disminuido ánimo. Así fue Sevilla. Viene Madrid.

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