GALLEANDO

Con un solo ‘baile’ basta

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La seriedad de un toro bien hecho. (FOTO: Eduardo López)
La seriedad de un toro bien hecho. (FOTO: Eduardo López)

«…No es la plaza de Sevilla la idónea para el destino, equivocado, del toro impuesto. No merece la Maestranza que por su corrales tengan que pasar diecisiete reses para escoger y aceptar seis con trapío a modo de completar una corrida en la que se acartelan tres ases del toreo. No deben convertir la Feria de Abril en metáfora del valor ni de la ambigüedad….»

Manuel Viera.-

     No hay razón para no aceptar la seriedad del toro. Ese que dice apartan los ganaderos en sus dehesas de bravo para ferias de importancia y… después en el campo se quedan. No hay razón para que este toro no salga en Sevilla, en otras plazas y en otras ferias porque es, al margen de comportamientos en el ruedo, un hecho valioso y contundente de la credibilidad de la Fiesta. De la emoción que provoca en la gente con solo verlo aparecer por la puerta de chiqueros. Del éxito y sus estragos.

     Bastaría con eso, con que saliera el toro. En Sevilla y en otros muchos cosos de España, para que esta Fiesta a veces incoherente fuese más emocionante, más seria, menos liviana. Para que la brillante silueta del trapío no se apagara ni su sombra adelgazara. Esa que se queda corta, se difumina y desvalora en tardes de figuras anunciadas. En la Maestranza y en alguna que otra plaza con carisma de primera. Para que el toro, de irresistible encanto para alcanzar la gloria, no se convierta después en fracaso y caída de unos privilegiados del toreo, víctimas al fin y al cabo de sus propias imposiciones.

     Me sobrecoge la seriedad del toro en su hábitat natural. Sin estridencias, sin ser fieras para gladiadores ni mastodontes de exhibición que sólo asustan y acojonan. Me sobrecoge el toro que existe y pasta en los campos ganaderos con su inmensa e impecable integridad y cuajo. El que ha de lidiar aquellos que pululan por lo más alto del escalafón de matadores. Y no esos otros anovillados y ‘tapados’ por la única seriedad de unos pitones. Pero esta historia es la versión incompleta de la propia historia de la Fiesta en la que sigue echándose de menos el vigor de la exigencia. El serio lenguaje de la emoción que inspira al respeto. Donde se juega con la candidez de un público escasamente reivindicativo.

     No es la plaza de Sevilla la idónea para el destino, equivocado, del toro impuesto. No merece la Maestranza que por su corrales tengan que pasar diecisiete reses para escoger y aceptar seis con trapío a modo de completar una corrida en la que se acartelan tres ases del toreo. No deben convertir la Feria de Abril en metáfora del valor, de la ambigüedad, en la que el toro juega el gran papel de embaucador. Con un solo “baile” basta. No cabe otro.


*Manuel Viera es redactor y responsable de las crónicas de Sevilla Taurina, así como colaborador taurino de Punto Radio en Sevilla y Utrera. (manuelviera.com).

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