Fracaso del hierro salmantino de Domingo Hernández, con un encierro mal presentado y manso. Roca Rey puntúa de forma generosa y corta una oreja. Pablo Aguado hizo lo de más calidad artística, se llevó una fuerte voltereta y dio una vuelta al ruedo. Mal Talavante. Lleno de ‘No hay billetes’.
SEVILLA / Corrida de toros
TOROS: Se han lidiado toros de la ganadería de Domingo Hernández, mal presentados y mansos. Malo, totalmente parado el primero; manso con algo de fijeza en las telas el segundo; manso buscando querencias el tercero; de nula casta el cuarto; con más movilidad el quinto; rajado el sexto.
ESPADAS: –Alejandro Talavante (de lila y oro), silencio y silencio.
–Roca Rey (de grana y oro), silencio y oreja.
–Pablo Aguado (de canela y oro), silencio y vuelta al ruedo tras aviso.
CUADRILLAS: Iván García saludó tras parear al tercero.
INCIDENCIAS: Lleno de ‘No hay billetes’. Pablo Aguado fue atendido de un varetazo del sexto toro en la parte posterior del muslo derecho, de pronóstico leve.
Manuel Viera.-
No lo tenía fácil Pablo Aguado con la deplorable corrida de toros de Domingo Hernández. Una mansada en toda regla con la que se ha aburrido el público que llenaba a rebosar, una tarde más, la Maestranza de Sevilla. Ya ha bostezado el aficionado -no la gente equivocada- que veía como toro tras toro mandaba al trasto sus ilusiones. Toros mal presentados, bobalicones, sin casta y, sobre todo, mansos como ellos solos. Pero Pablo no sólo casi ha resuelto su tarde, sino que, tras un voltereta de órdago en el epílogo de intentos de faena al sexto, se impuso a la mansa y anodina embestida del parado animal para dibujar los mejores muletazos de la tarde. Mejor con la derecha que con la izquierda, y con esa pizca de naturalidad que le imprime a su toreo. Fue muy poco, y sin que la emoción brotara en los tendidos, pero lo suficiente para que el público, tras la estocada, le pidiese el apéndice que, al final, quedó en una vuelta al ruedo.
Fue lo mejor en la lidia del sexto, y también lo mejor en la lidia del funesto tercero un quite por chicuelinas de un ajuste y despaciosidad tremenda, abrochadas con una media de auténtico lujo, en una réplica a la verónica y media de Talavante. Y hubo más: las cuatro verónicas y la media, muy pepeluisista, al quitar el segundo toro de Roca Rey. Esto y poco más fue lo visto en la calurosa tarde de toros sevillana. Porque a pesar de todos los intentos con el manso, sólo pudo dibujar con la izquierda algunos naturales aprovechando las querencias, pero sin la emoción necesaria. Toreo que gusta por sus características de naturalidad y lentitud en los trazos, pero sin la profundidad para provocar la necesaria emoción. Pinchó antes de dejar la espada hundida.
Roca Rey es otro torero muy diferente al de pasados años. Ha cambiado. Me decepciona su toreo, lo hace peor, sólo le salva el poderío que tanto le llega a su gente, y el dinero que genera. Al segundo le hilvanó muletazos de mano baja muy largos y despegados. Se superó en los muletazos en redondos, trazados todos con un punto de ligereza que hacia chirriar. Tras la estocada, la gente se calló.
Al quinto, el que mejor se movió, le dibujó un ramillete de lances a la verónica con son, para después hilvanarle con la mano derecha una serie de muletazos largos rematados con los pases de pecho. Es el toreo que le llega a su público. Quizá por ello, tras una lidia embarullada con algunos pasajes ralentizados con la derecha y un final templadito, le pidieron la oreja tras estocada suelta que el presidente, sin dudarlo, concedió.
Y a Talavante no se le vio. Penosa la imagen que ha mostrado el diestro extremeño en la Maestranza. Desganado total. Aburrido ante las dos calamidades de toros que le tocaron en suerte. Unos lances recreándose en el trazo fue lo único visto con el malo primero. Y al cuarto no le dio tiempo ni a mirarlo. Se le paró, dobló las manos y todo se acabó.
La gente calurosa y aburrida abandonó el coso maestrante acordándose de la reciente tarde en la que el dios del toreo anduvo por Sevilla y su Maestranza.
AL NATURAL
La oreja nuestra de cada día
Francisco Mateos.-
Estando Roca Rey en el cartel y Gabriel Fernández Rey en el palco, pocas dudas había sobre quién iba a ser el agraciado con el sorteo diario de las orejas de poco peso… El slogan de esta Feria de Abril escogido por la empresa de «Toros en Sevilla, una maravilla» (typical tópico) bien podría sustituirse el año próximo por «Sevilla, la oreja nuestra de cada día», habida cuenta que raro es el día que no hay un trofeo en la Maestranza; de momento, en lo que llevamos de temporada (ya van ya siete festejos, siete), en todos se han cortado orejas. Antes era complicado que en la tarde se cortaran orejas, y ahora lo complicado es que no se corten. ¿Eso es bueno o es malo? Es buenísimo, pero siempre que fueran orejas de peso, por faenas sólidas, teniendo en consideración la ejecución y ubicación de la espada, el juego del toro que se tiene enfrente y la presencia del astado. Y, lamentablemente, las tres cuartas partes de las orejas que se han dado en estos siete festejos no se tendrían que haber concedido.
Prometió la empresa cambios para la temporada, como subir el listón en la presentación de los toros o cambios en los carteles. Pues ya lo vemos: mismas ganaderías, misma pobre presentación y mismo Talavante (o peor). Se ha quitado de encima con una ligereza pasmosa pero plausible a Castella, pero no se sabe aún por qué, con esa misma decisión, no se ha quitado de encima las dos corridas para Talavante y Manzanares. Cuatro huecos, cuatro. Y tampoco se entiende la presencia de Domingo Hernández, una ganadería con sombras en las últimas temporadas. Y lo de incrementar la presentación de los toros, palabras que se lleva el viento. Como lo de acceso gratuito a la Venta de Antequera para los abonados, y después sólo ha sido entradas para dos días.
Lo de Talavante, lo de la presentación de los toros, lo de las mismas ganaderías salvo pequeños retoques, es más de lo mismo de Pagés y Ramón Valencia. Lo peor que puede pasarle a José María Garzón es que se vea en él una continuación de Ramón Valencia. Los poquitos que empujamos y deseábamos un cambio en la empresa, los que nos hemos dejado bastante en ese camino y hemos sido señalados y discriminados en la etapa última de Pagés por clamar por un tiempo ya obsoleto, nos vamos decepcionando cada vez más con el nuevo empresario sevillano. Para mí sería muy fácil remar ahora a favor de corriente y beneficiarme de la palmadita en la espalda de Garzón. Pero no sería objetivo y faltaría a la realidad. Por supuesto que ha hecho bastantes cosas nuevas, muy positivas, y aquí se ha informado de ello: pero del mismo modo entenderá Garzón que debe encajar aquello que, con argumentos, señalamos como errores heredados del pasado. Y mantener a Talavante, la misma pobre presentación de toros, y el núcleo básico y amplio de las mismas ganaderías y encaste, es un error que no esperábamos.
Cierto es que la corrida de hoy se desarrollaba con la resaca de la borrachera artística de Morante. Ya saben los toreros, como le pasó ayer a Juan Ortega o Víctor Hernández, que torear en el mismo cartel con Morante es un lujo… y una maldición. Los titulares se los va a llevar el de La Puebla, aunque se esté tan bien y con oreja como el más joven de la terna. Pero es tanta la repercusión del terremoto Morante cuando torea, que no sólo oscurece a sus compañeros del día del festejo, sino que alarga ese letargo de terremoto hasta el día siguiente.
LA VOZ DEL ABONADO
Qué resaca más mala
Unión taurina de abonados y aficionados de Sevilla.-
Ambiente de resaca tras la tarde de ayer de Morante. Lleno de ‘No hay billetes’. Se anunciaban toros de Domingo Hernández que a la postre fue una escalera de ‘toros’ mal presentados y de comportamiento manso y venido a menos, prácticamente llegaban apagados. Alejandro Talavante a su primero lo lanceó (por llamar de alguna forma), porque el capote anda escaso. En el tercio de varas mansea y pasa los primeros tercios sin pena ni gloria. En la muleta vemos a Talavante aburriendo al personal ante un animal apagado y nulo. Su segundo fue un animal que se dejaba pegar pero enseguida salía suelto del peto, noble, dócil que llegó a la muleta como un caramelito donde humillaba, pero no le acompañó un torero en condiciones. Después de varias tandas aliviando y todo para fuera, el animal se viene abajo y se aflige, entre un público ya desesperante que pitaba a Talavante.
El primero de Roca Rey tenía hechuras de utrero más que que de toro. En varas, el ‘toro’ manso, huye de los caballos. Un aficionado dijo ‘banderillas negras’. En la muleta, el animal era noble hasta que apenas duró dos tandas que, por cierto, Roca Rey lo infló a mantazos y se vino abajo todo cuando el animal se paró. El quinto, con hechuras de vaca vieja, un animal que daba vergüenza, manseaba y quería quitarse el palo del picador. En la muleta ha sido noble y dócil. Roca Rey hace una vez más una faena despegada y a puro mantazo, matando de una estocada tendida. El público pide la oreja pero no es mayoritaria, y una vez más Gabriel Fernández concede un trofeo, poniendo a la plaza por los suelos.
Pablo Aguado poco pudo hacer en su primero, un animal que en varas pasó sin pena ni gloria y que llego prácticamente hecho un marmolillo a la muleta. El sexto toro de la tarde fue un animal que en varas topaba, como toda la corrida. En la muleta, Aguado muy pesado ante un animal morucho, hasta que llegó la voltereta, porque en uno de los pases tan despegado el toro lo vio. Dos tandas más con el toro apagado y un público entregado a él. Mata de una estocada, el toro tarda en caer, a eso le añades que el puntillero no acierta y suenan dos avisos, hasta que finalmente lo apuntilla. Piden la oreja pero esta vez Gabriel Fernández no la concede.
P.D.: Dos buenos pares de Iván García en el tercer toro de la tarde. Mal la Banda del maestro Tejera tocando a destiempo en faenas que no merecían. Ambiente de resaca, hubo momentos de cierta frialdad e incluso pitos a los toreros por alargar las faenas.
GALERÍA GRÁFICA
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