5ª FERIA de ABRIL

Morante de la Puebla desata la locura en la Maestranza

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Morante de la Puebla, en su paseo triunfal final, a hombros del gentío sobre el albero de la Maestranza.

El sevillano, en tarde para la historia del toreo, obligado a dar dos vueltas al ruedo al fallar con los aceros tras una memorable faena que resume el toreo de todos los tiempos. Víctor Hernández corta una oreja y Juan Ortega es ovacionado. El gentío quiso sacarlo a hombros por la Puerta del Príncipe.


SEVILLA / Corrida de toros

TOROS: Se han lidiado toros de la ganadería de Álvaro Núñez, desiguales de presencia, nobles, descastados. Destacó el muy noble cuarto. Muy descastado el primero; de buen pitón derecho el segundo; de noble embestida el tercero; muy noble el cuarto; de acometida descompuesta el quinto; soso y distraído el sexto. 
ESPADAS:Morante de la Puebla (de rioja y oro), saludos y dos vueltas al ruedo.
Juan Ortega (de verde oliva y oro), que debutaba., saludos y silencio.
Víctor Hernández (de grana y oro), oreja tras aviso y saludos.
CUADRILLAS: Saludó el banderillero Marcos Prieto tras parear al sexto.

INCIDENCIAS: Lleno de ‘No hay billetes’. Al finalizar la corrida, una muchedumbre (sobre todo jóvenes aficionados) invadieron el ruedo para alzar a hombros a Morante, insistiendo en sacarlo a hombros por la Puerta del Príncipe. La Policía, los delegados de los equipos gubernativos y la seguridad privada de ‘Lances de Futuro’ lo impidieron.


Manuel Viera.-

     Todo fue posible, hasta dar lugar a la creación de una obra excepcional, apoteósica, inaudita… la contemplada durante la lidia del cuarto toro de Álvaro Núñez en esta histórica tarde de 16 de abril de 2026 de Feria de Abril de Sevilla. Una magnífica y completísima obra de arte, irrenunciable para comprender el talento de un torero. Ya no conozco a nadie que niegue la belleza del toreo de Morante. Pero no son pocos los que aún preguntan el misterio que le engancha. Es inconfundible todo lo que hace. Caso hipnótico. No es otra cosa que la manera de contar historias en el ruedo que adquieran todo su sentido. Sólo con verla narrada consecutivamente, con orden y efecto, las convierte en sublime.

     La lidia, desde que esperó la llegada del toro al burladero de matadores, apoyados sus hombros en las tablas, recogido el capote, y de toreras maneras, fue toda un potencial torrente creativo, una completa muestra del mejor toreo de todos los tiempos. Un arte propio que conecta y transmite más allá de lo convincente. Si algo caracteriza la tauromaquia del sevillano de La Puebla es el valor empapado de naturalidad y torería con lo que impregna la lidia, imponiéndole sentido trascendente. Y el resultado incide en la dimensión, la sutileza, la complejidad y la enorme verdad. Con ella consigue ese toreo serio y emocional, donde se impone toda la pureza sin concesiones.

     Cómo es posible crear ese lance, pegado a las tablas, avanzar hasta los mismos medios con ese ritmo sin tiempo. De nuevo la locura, de nuevo la verónica, la precisión de lo sublime en un mundo de fantasías, alegrado por esa música que le pone notas aleatorias a la más pura belleza que llega al alma. Y esa estampa de tauromaquias pasadas aposentado en la silla con aires chulescos para después improvisar e imposibilitar los caminos hacia ese mundo interior propio, vital, ligado a la pasión creativa del más grande de los artistas del toreo.

     También lo dijo y lo hizo al clavar banderillas con toda rotundidad. Insistiendo en el camino de la verdad, mientras se preparaba para dar forma a una obra para siempre recordar. Podrán inventarse historias en el ruedo con otros encantos, pero hace ya tiempo que José Antonio Morante explicó -hoy lo ha vuelto a hacer- los entresijos de un toreo tan diferente como inexistente en lo habitual. Con cada trazo con la mano diestra o natural descubre cuanto puede decirse una y otra vez sobre el temple, esas formas de mantener la embestida dominada a la perfección. Es cierto que con el muletazo diestro abrazó la noble acometida en circulares ensamblados y siempre al límite del final que acaba detrás de la cadera, pero con cada natural descubrió cuanto puede decirse una y otra vez sobre la cadencia, el ritmo y la despaciosidad más infinita, esas formas de mantener la embestida dominada a la perfección. Tras sumar media docena de naturales, algunos de ellos eternos, y de mayor interés, decidió cerrar su obra con el sello inconfundible de su torería.

     El toreo de Morante es un ejercicio para desentrañar la esencia espiritual de su arte. Un medio para realzar su diferencial tauromaquia, para trasladar al aficionado la forma pasional de un toreo glorioso. Hoy, con él,  la gente enloqueció. Ante la anécdota de no matar y perder los apéndices, que despojos son y para nada sirven, se lo quisieron llevar bajo la bóveda de la Puerta del Príncipe. Una obsoleta y rancia reglamentación lo impidió.

     El cigarrero no se dio coba con el descastado primero, aceleró en los últimos compases de la lidia para hacer más breves y tolerables los silencios.

     Víctor Hernández se presentó en esta plaza como matador de toros y gustó. Demostrado quedó que bebe de la fuente tomasista, aunque a su toreo le da vida propia y un eminente ajuste. Anda también por los caminos de la pureza. Se mostró variado con el capote con el noble tercero y ejecutó una entonada faena de muleta. Entre las muchas bellezas de la lidia, cabría citar al menos la sobrecogedora forma de ejecutar el natural, ejemplo de un arte maestro en hermanar el valor y la verdad espléndidamente servidos. Dejó una excelente cosecha de naturales citando de frente. Un toreo creativo que, ligado a la reivindicación del clasicismo, proporcionó al aficionado notables sensaciones convertidas en emociones. Tras estocada caída paseó la oreja. Con el soso y distraído sexto, todo lo bueno que hizo careció de emoción.

     Juan Ortega fue ovacionado tras despachar de estocada desprendida al segundo, un toro de nefasto pitón izquierdo y algo más aprovechable el derecho. Juan toreó, despacio a la verónica, y con la diestra muy despacio, en una faena de detalles que estuvo a punto de cuajar. El natural fue imposible. Con el soso y descompuesto quinto la obra quedó en escasos detalles sin enlazar.


AL NATURAL

El profeta de la nueva alianza del toreo

Francisco Mateos.-

    «Cuando se acercaron a Jerusalén y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: id a la aldea que está enfrente de vosotros, y en seguida hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla y traédmelos… Esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta: he aquí, tu Rey viene a tí, manso, y sentado sobre una asna… Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!». Y así se ha cumplido, porque escrito estaba en las ‘escrituras’ taurinas, cuando la afición y los empresarios han aclamado y rogado todo el invierno a Morante su vuelta a la temporada; él mismo comentaba hace unos días que «está mal que yo lo diga, pero hago falta». Y desde que el profeta de La Puebla anunció su sagrada entrada al templo la Maestranza, todo han sido algarabías y vítores entre sus numerosos discípulos, que estaban desorientados tras la fugaz retirada del maestro al dudar sobre su divinidad taurina.

     «Luego fue Jesús con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní y dijo: Siéntense aquí mientras voy más allá a orar. Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú». Y vaya si oró el mesías del toreo sobre esa antigua zona de arena y terrenos aluviales a orillas del Guadalquivir. El maestro de La Puebla oró, en silencio, con la amargura de quien se sabe mirada de todos, y con el sufrimiento interno de tener que dar ejemplo con su obra y milagros a las generaciones venideras de los verdaderos ‘diez mandamientos’ del toreo. Allí justo fue, en la zona del Arenal entre las murallas de la ciudad y el río.

     «Miren, se acerca la hora; el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. ¡Levántense! ¡Vámonos! ¡Ahí viene el que me traiciona! Todavía estaba hablando Jesús cuando llegó Judas, uno de los doce. Lo acompañaba una gran turba armada con espadas y palos, enviada por los jefes de los sacerdotes y los líderes religiosos del pueblo. Entonces los hombres -la guardía judía- se acercaron y prendieron a Jesús». Y así fue como los discípulos elevaron sobre sus hombros al verdadero profeta taurino. Estaban convencidos que esa forma de orar al toreo que acababa de realizar su maestro era la nueva y eterna alianza entre el viejo y el nuevo ‘testamento’ de la Tauromaquia, el sermón taurino que unía a todos los profetas de todos los tiempos en una misma adoración. Y lo rodearon, lo abrazaron y lo pasearon por el templo sobre sus hombros, y se dirigieron apasionadamente hacia la puerta de la Gloria para que escrito quedase el día clave de la era del profeta. Pero ahí aguardaba algún ‘Judas’, quien traicionaría al maestro, esperando con palos para mantener cerrada la puerta de la gloria y amedrentar a la turba taurina que le seguía enloquecida de pasión taurina.

     «Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano». Y se cumplió lo que estaba escrito. Los miembros del autoproclamado ‘sanedrín’ taurino señalaban a los cientos de discípulos que llevaban en andas al ‘mesías’ que tenían una paja en el ojo, que había que cumplir los escritos, y lo orado por el maestro -a sus consideración- no justificaba el alzamiento a la gloria, y mantuvieron -encerrados en su ceguera- a la guardia judía con el cerrojo echado. No se dieron cuenta de la viga en su propio ojo, que incumplen a diario, con toros sin trapío aprobados, con trofeos concedidos sin sentido, con nombramientos de miembros del sanedrín por conveniencias… Esos mismos fariseos taurinos sí permitieron quebrantar la ‘ley escrita’ en otros momentos con otros profetas que precedieron al verdadero hijo del toreo, como Manzanares y Espartaco en el momento postrero de sus vidas, cuando otros profetas del toreo lo izaron sobre sus hombros. Vieron la leve paja ajena, en chavales henchidos de emoción y convertidos definitivamente al toreo por gracia del ‘espíritu santo’ de Morante. Sabían perfectamente lo que decía la ‘ley escrita’ pero no se cegaron con la realidad de la ‘buena nueva’ taurina que se acababa de vivir. Vieron la paja ajena y no la viga en el ojo propio, y dieron la espalda al Mesías, traicionándole y acusándole de ‘falso profeta’.

     «Te ordeno en el nombre del Dios viviente que nos digas si eres el Cristo, el Hijo de Dios. / Tú lo has dicho, lo soy. / Blasfemia. ¡Ha blasfemado!». Y los viejos usureros y alcahuetos del sanedrín taurino mantuvieron a la guardia con el bloqueo, mientras en las afueras a pie del río grande, esperaba ansiosa el resto de los seguidores del profeta.

     «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Y el nuevo profeta del toreo, aceptando una vez más su ‘divinidad’ taurina convertida en carne y hueso, controló con serenidad el momento y ordenó a los suyos marcharse del lugar.

     Y, según las escrituras, porque escrito está, al tercer día regresará desde los cielos taurinos. Hoy es jueves: viernes, sábado, domingo… El próximo lunes se cumplen ya tres días. Regresará el profeta del toreo. Escrito está.


DESDE EL TENDIDO DOS

Para adorar a un torero no hace falta que corte orejas

Ignacio Sánchez-Mejías.-

     Lo que ha hecho Morante de la Puebla esta tarde en la plaza de toros de la Maestranza de Sevilla no está al alcance de nadie, ni lo va a estar nunca. Empiezo por el final de la corrida, sin cortar una sola oreja una muchedumbre de jóvenes se lanza al ruedo para sacar a su ídolo a hombros después de una tarde memorable, irrepetible y todos los adjetivos grandilocuentes que quieran ustedes añadir. Morante no sólo resucita suertes antiguas, siguiendo la línea tanto de Gallito como de su hermano Rafael, sino que interpreta el toreo ‘moderno’ como no está al alcance de nadie. Hoy ha dado un natural lento, reposado, templado, enroscándose al toro 360º y después lo ha rematado como nadie podía esperar, y ha toreado a la verónica como sólo él puede hacerlo, tan bien y tan ‘arrebatao’ que sonó la música. Después puso dos pares de banderillas de forma clásica como ha visto en los videos a su inspiración Gallito, y no contento con eso pidió una silla, se sentó, cruzó las piernas como vemos en las láminas antiguas, y puso el tercer par en un emocionante quiebro con el público ya en pie. Sentado en la misma silla empezó la faena. Antes quite por tijerinas, recibo con varios pases con el capote a una mano pegado a tablas -pegado a tablas, insisto-, un repertorio histórico para trasladarnos a otros tiempos.

     Como les decía, una muchedumbre de jóvenes, no un triste capitalista solo como la una, saltó al ruedo y sacó a su torero a hombros por la puerta principal después de negarles la autoridad (conste que ignoro quién es, supongo que el delegado del Gobierno) que saliera por la Puerta del Príncipe. Informo a los puristas que no querían que lo sacaran a hombros por esa puerta, que a Manzanares padre lo sacaron sus compañeros a hombros por la Puerta del Príncipe el día de su retirada, habiendo cortado una sola oreja, creo recordar, porque lo vi. Conste que a mí que sacaran a Morante o no por la Puerta del Príncipe me daba igual, lo importante era la cantidad de jóvenes que lo llevaban en volandas.

     Del resto de la corrida destacar que ha habido varios toros de Álvaro Núñez propicios para triunfar, que Juan Ortega torea con una velocidad distinta a los demás, no sabemos cómo, y que Víctor Hernández puede tener un largo recorrido porque tiene dos cosas muy necesarias en el toreo: valor y quietud. Además, brindó su último toro a Morante, demostrando que además de cabeza tiene ambición.

(ignaciosanchezmejias.es)


LA VOZ DEL ABONADO

¡Qué grande es el toreo… cuando lo hace Morante!

Unión taurina de abonados y aficionados de Sevilla.-

     El primero de Morante era un novillito descastado y flojo, con el que no se dio coba y todos agradecidos.

     El segundo era otro novillo y Juan lo recibió con buenas verónicas. Quitó por gaoneras Víctor Hernández, pasándoselo muy cerca. Ahí ya se vieron las intenciones que traía el madrileño. En banderillas hubo un par de quites como director de lidia de Morante, que siempre está en su sitio. Tuvo un inicio de faena muy torero por bajo y después toreó muy bien con la derecha en redondo, por el izquierdo le dio un susto, desarmándolo y ya no volvió a intentarlo. Si no hubiera sido por el bajonazo que le dio, hubiera cortado una oreja. Bien esta vez Macarena frenando la petición.

     Paró Víctor Hernández a su primer oponente con el capote a la espalda, lo que da fe de la casta del pupilo de Álvaro Núñez, y cerró con una revolera con la bala pasándole cerca de la cabeza. No maneja bien el capote a la verónica y tiene que echar mano de otras suertes. Todo es lícito. Eso sí, todo lo contrario con la muleta en la izquierda: se puso a pegar naturales dando el pecho, que me acordé de José Tomás. La espada cayó un pelín desprendida y se le concedió una oreja, era la primera que he pedido en la Feria.

     Pero claro, luego venía Morante… Y nos introdujo en el túnel del tiempo. Lo primero que hizo es pegar la espalda a las tablas con el capote en las manos, y cada vez que pasaba el toro le soltaba una mano, en una estampa añeja. Y así, cinco o seis veces. El toro era abanto y costaba fijarlo. Cuando se dio cuenta de que así no lo iba a poder rematar, se puso a torear por verónicas como si no hubiera un mañana, pasándose al toro por la faja y rematando con una buena media. Llevó al toro al caballo por tijerillas y cuando ya los subalternos tenían los palos en la mano, los pidió él y puso dos pares de poder a poder y uno sentado en una silla que pidió, que fue una estampa de ‘La Lidia’. A esas alturas, la plaza ya era un manicomio, pero quedaba el postre y ¡vaya postre!

     Siguió sentado en la silla para iniciar la faena con ayudados por alto y, en ese momento, Rafael ‘El Gallo’ se encendió un puro en el cielo. El toro pasaba quitándole astillas a la silla. En una de las embestidas con Morante ya en pie, el toro se llevó la silla por delante y Morante creó otra estampa de ‘La Lidia’ en un desplante torero. Se lo llevó a los medios y allí empezó a desgranar su tauromaquia (la mejor y más amplia de los últimos 30 años), enroscándose el toro a la cintura y pasándoselo por donde no parece que pueda pasar. Se cambió la muleta de mano y le pegó un natural que dio dos vueltas. Continuó por la misma mano con naturales que no es que acabaran en la cadera, es que no acababan. Todo lo que yo pueda contar humildemente es nada para lo que se vivió en la plaza. Por desgracia, necesitó de varios pinchazos y otros tantos descabellos para tumbar al toro, que se llevó el merecido rabo puesto. Pero, ¿qué es un apéndice peludo comparado con lo que se ha visto hoy en la Maestranza? Dio dos vueltas al ruedo clamorosas y podía haber dado las que hubiera querido. Morante es punto y aparte y necesita un tomo del Cossío para él sólo. Y lo más grande: todo lo que hizo, lo hizo sin toro.

     Torear después de Morante debe ser un suplicio, y Juan Ortega ya lo ha vivido en varias ocasiones. No se entendió con el quinto.

     Víctor Hernández volvió a evidenciar que, si no lo ‘malean’ los apoderados, tiene un potosí en su mano izquierda, pero por suerte o desgracia necesita más toro del que había (que se dejó las pocas fuerzas empujando en el caballo). Pero me ha dejado una impresión buenísima. Con Morante puedes torear cómo los ángeles, que si le acuden las musas, todo es para nada; pero es un torero a seguir.

     Morante es historia viva del Toreo y últimamente lo demuestra casi todas las tardes. Que Dios me guarde (y guarde su cabecita) otros cuantos años para poder seguir disfrutando de su toreo.

P.D.: Estarán contentos los que criticaban su rápida vuelta; con su pan de lo coman.


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