REAL MAESTRANZA - 4ª Feria de Abril

Sevilla se deja llevar y a Morante no le entienden

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Morante de la Puebla recibe de capote al toro de Vegahermosa, primero de la tarde.

El alicantino José Mª Manzanares pasea la única oreja de la tarde. Escaso balance y contenido en el conjunto de la corrida de Jandilla. Morante fue ovacionado en su primero y el riojano Diego Urdiales saludó una ovación tras finalizar la lidia del quinto toro. Decepción por el juego de los astados.


 SEVILLA / Corrida de toros 

TOROS: Se han lidiado toros de las ganaderías de Jandilla -el primero lidiado con el hierro de Vegahermosa-, aceptables de presentación, nobles y flojos. De escasa fuerza y calidad en sus embestidas, el primero; parado, el segundo; con las fuerzas justas, el tercero; mansito y sin fuerzas, el cuarto; justo de casta el quinto; bravo y noble, el sexto.
ESPADAS: –Morante de la Puebla (de negro, seda blanca y medias blancas), saludos tras aviso y silencio tras aviso.
Diego Urdiales (de verde y oro), silencio y saludos.
José Mª Manzanares (de nazareno y oro), saludos y oreja.
CUADRILLAS: Destacaron en banderillas Daniel Duarte y Mambrú.
INCIDENCIAS: Lleno de ‘No hay billetes’.


Manuel Viera.-

     Sin duda, no tuvo rango de apoteosis, pero la lidia de Morante al primer toro de la noble y floja corrida de Jandilla, muy poca gente la entendió. Pese a ser un acontecimiento ver torear así de distinto. Tan distinto fue todo que la calidad manifiesta de algunos momentos de la faena fue muy elevada. La fue con el capote en los laces a la verónica de una lentitud pasmosa. La fue en el quite, con ese cite tan torerísimo con el capote plegado en el brazo. Y la fue, sobre todo, con la derecha en ese prólogo por alto y por bajo, colmado de torería. Lo más emotivo, dos muletazos diestros, parados en el tiempo, llenos de sensibilidad y cadencia. Y dos naturales fantásticos que se fundieron con el excelente pase de pecho.

     En todo caso, el toreo del diestro cigarrero tuvo como denominador común la exploración del pasado dentro de un discurso, muy bien construido, marcado cada vez más por la asimilación del concepto gallista. Una forma de hacerlo consistente en una sólida estructuración clásica, imaginativa y fresca de inspiración. Pero esto algunos no lo vieron. Y es que toda la lidia tuvo un halo singular. No fue faena al uso, ni una obra completa y fantástica, pero sí de una sabia inspiración con la que logró emotivos momentos. Una estocada casi entera le bastó. La ovación supo a poco.

     El concepto ‘joselitista’ irrumpió en tromba con el complicado cuarto. No le gustó nada la forma de acometer del toro al torero de La Puebla. Tanto fue así que mandó a su hombre de confianza en la cuadrilla para fijarlo en el capote. Le parecía que arrastraba problemas de visión. Y ya no se confió. Los guiños a Gallito jugaron un papel determinante en una lidia del pasado que a muchos no le gustó. Muy inseguro con la espada, lo mató muy mal.

     Diego Urdiales ha acabado por convertirse en todo un símbolo del purismo. Su toreo convive entre lo aparentemente natural y lo técnicamente perfecto. Un toreo en el que la claridad de concepto se barniza de intensidad. Se pudo apreciar en las cuatro verónicas, escogidas entre otras tanto vibrantes, de un ritmo y pureza apabullante al descastado y noble quinto. Y a este aroma clasicista suma la naturalidad con la que ejecutó el toreo diestro, la hondura del natural y los escasos detalles que epilogaron una lidia de sólo pinceladas. El segundo, de nulas fuerzas, sólo le dio opción a mandarlo al desolladero con prontitud.

     La cadencia y la estética ocuparon un lugar destacado en la lidia de Manzanares al noble sexto. Quizás el toro con más calidad en sus embestidas del encierro de Jandilla. La tuvo en las despaciosas verónicas, en el trazo de las series diestras y en el natural. Un toreo que destacó más en términos de cantidad que de calidad. Aun así, la muestra jalonó los momentos esenciales de una faena de mano baja, de muleta a rastras, de temple y ligazón, pero exageradamente despegada. Pero como su espada es un cañón que da en la diana con rotundidad, la oreja -única paseada en la tarde- no se hizo esperar.

     Mismas características tuvo la lidia del tercero, otro toro con las fuerzas justas, y con esa esa nobleza cansina que demasiado pronto lo hace claudicar. Entre algunos detalles interesantes cabe destacar el trazo de muletazo diestro, más expresivo que el natural, aunque ambos con un alarmante y acostumbrado desajuste. De contundente estocada lo tumbó.

     Acabó la tarde sin convencimiento de un público que llenó la plaza más para divertimento que para ver torear. Se palpaba en los tendidos y se comprobó el transcurso de las diferentes lidias. Todo se aplaude, lo bueno y lo malo, y no se entiende lo esencial. Y es que Sevilla sigue dejándose llevar.


 AL QUITE 

¡Así toreaba Joselito!

Antonio Girol.-

     Contaba don José María de Cossío que justo unos días antes de que un toro de Ayala cornease mortalmente a Sánchez Mejías en Manzanares, al verlo torear en Santander, le gritó desde el tendido: «¡Así toreaba Joselito!», que era el mayor piropo que se le podía decir a Ignacio. Confieso que a mí hoy me han faltado agallas para decirle eso mismo a Morante en la Maestranza. Me he dejado impresionar por el silencio y el respeto de la plaza. Y a estas horas aún me arrepiento de no habérselo gritado porque hubiese sido el mejor agasajo posible a su faena al primero de la tarde viendo la cicatería del público (obsérvese que no escribo aficionados) con el de La Puebla a la hora de pedirle el trofeo que merecía y le han hurtado.

     Y es que Morante, en su año más ‘joselitista’, ha honrado la memoria del de Gelves desde las medias blancas que ha usado hasta en el adorno final con la muleta para que el de Vegahermosa doblase, pasando por el galleo por chicuelinas al paso o el quite con las manos altas, como los que se daban hace un siglo en esta misma Maestranza, a la que por entonces acudían aficionados en masa.

     Luego, con la muleta, su habitual barroquismo transmutó en un clasicismo más estoico, en el que la armonía, la relajación de muñecas y el temple, sobre todo el temple a la hora de acompasar la embestida del toro al tempo que marca el torero, fueron las armas que usó José Antonio para que yo, si hubiese tenido agallas, le hubiese gritado desde mi tendido del 4: «¡Así toreaba Joselito!». Gracias por honrarlo y evocarlo, Morante.


 LA VOZ DEL ABONADO 

Lo que mal empieza, mal acaba

Unión Taurina de Abonados y Aficionados de Sevilla.-

     La petición de cese por parte de Unión Taurina de Abonados y Aficionados de Sevilla del presidente de esta tarde, Fernando Fernández Figueroa, se acaba de demostrar que no es gratuita. Reconoce la corrida de Jandilla antirreglamentariamente. De noche, sin motivo justificado y cuando las condiciones ambientales no son las adecuadas. Así, aprobó en el reconocimiento una corrida con unos pitones que en otros tiempos, con un presidente policía, hubieran ido todos al laboratorio para su análisis; pero los tiempos han cambiado y ahora, estos presidentes de desconocido prestigio taurino, se inhiben y prefieren acoplarse a esta tunantería andante que campa en la Fiesta.

     Pero no solamente han sido los pitones lo que el usía no pudo ayer noche visionar bien; es que el segundo toro de Morante estaba reparado de la vista. Toda la plaza ha podido ver los gestos que hacía Morante al palco indicándole el defecto del toro. Tranquilos, que la autoridad administrativa taurina que gobierna en la Junta de Andalucía estará ya pensando en neutralizar a la señora Olona y se olvidará de cesar a este presidente.

     Aparte de estos ‘pequeños detalles’, decir que los ‘jandillas’ estaban vacíos de contenido. Como es habitual, la suerte de varas una completa vergüenza. Los toros, excepto el anovillado sexto, fueron insulsos y amables cual si fueran ‘juampedros’. El segundo de Manzanares, al menos, llegó más suelto a la muleta y sus embestidas transmitían emoción. El diestro alicantino sacó su repertorio de muletazos largos,  mandones y muy rápidos, que despertaron al público del sopor de la tarde. Mató mal, aunque la media bastó y consiguió una oreja barata.

     A Morante le gustó el primero de la tarde. Verónicas con empaque y muletazos limpios, pero escasos de emoción. Cuando los toros no embisten, sino que pasan andando, la Fiesta se desvirtúa, pero como el de La Puebla juega en casa sus partidarios pidieron minoritariamente la oreja, que el presidente no concedió. Morante, en el cuarto, deja que al toro cegato le zumben la badana en el caballo. Le quita las moscas y hasta la próxima.

     Urdiales, siendo torero de arte y con gran capacidad, se anuncia con estos toros birrias y en el pecado lleva la penitencia. La gente no le echa cuenta.


 GALERÍA GRÁFICA (Pagés) 


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