GALLEANDO

Un autoengaño que no casa con la realidad

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Antonio Ruiz 'Espartaco'.
Antonio Ruiz 'Espartaco'.

«…Cada vez resulta más claro que la supervivencia de las escuelas taurinas tiene que ver con su liberación. Desposeerlas de quienes la emprenden con quienes las dirigen a partir de la exaltación de las virtudes del hijo y la ambigüedad terrible del partidismo…»

Manuel Viera.-

     La mayor parte acepta las reglas y el trato. Así que a menudo son ellos los que dicen que tan inadecuado comportamiento no encaja con el estilo de escuela marcado. Y estos suelen ser los primeros en rechazar esas voces disidentes que se desdeñan con particular desprecio cuando creen que no es justo el proceder del maestro. Dicha reacción, casi siempre infundada, es de hecho arrogante (además de ignorante) por unos padres que no ven más allá de la apariencia de sus hijos.

     Esta ha sido la razón del desgaste, de la evasión, del abandono de un hacer que es su vida. Antonio Ruiz ‘Espartaco’ que, con sólo su inmensa afición, es capaz de meterle el toreo en el alma a cualquiera, ha dicho basta. No aguanta más. Y eso que, tras la desaparición de la Escuela Taurina Municipal de Espartinas, debido a un nuevo expediente de regulación de empleo del Ayuntamiento de la localidad sevillana, siguió manteniendo la actividad de los alumnos sólo por su amor al toro e incalculable debilidad por la Fiesta.

     Me atraen las escuelas que aciertan a crear toreros de carne y hueso, y además admiro a esos maestros capaces de inculcarles valores e inyectarles el toreo despojado de banalidades. Cada vez resulta más claro que la supervivencia de las escuelas taurinas tiene que ver con su liberación. Desposeerlas de quienes la emprenden con quienes las dirigen a partir de la exaltación de las virtudes del hijo y la ambigüedad terrible del partidismo. Si lo que ve el maestro es y resulta sencillamente insustancial o, lisa y llanamente banal, tiene que decirlo antes que la realidad avance exponiendo inquietamente con frialdad la dureza de un oficio que dejó a muchos en el camino, quizá, porque nadie les dijo en su momento la verdad. Es la única posibilidad de deslumbrar e iluminar para que tamaña ceguera termine disipándose.

     Y es que la verdad debe estar por encima de cualquier otra consideración. Una llamada de atención se hace imprescindible para los que se muestran confusos en la más dura, difícil y complicada de las profesiones tras iniciar su caminar por los complejos senderos del aprendizaje. Todo lo demás es un autoengaño que no casa con la realidad. Lo que cada uno tenga que ser lo decidirá el futuro, quizá bajo la forma del destino. O, quizá, no.


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