Luto en el toreo sevillano

Al más valiente que he visto

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«…El torero más valiente que he visto seguido de Dámaso González. 50 cornadas, algunas terroríficas, como para irse de esto, no le importaron. Un caso sobrehumano. Y además fue una verdadera figura del toreo con capote y muleta de estilo sevillano. Siempre estuvo arriba…»

Ricardo Díaz-Manresa.-

     Hay dos toreros que recordaré siempre por su valentía: Diego Puerta, el que más, y después Dámaso González. El sevillano, el más valiente que he visto, cualidad que sobresalía sobre su figura de torero completo, que lo fue. Valiente para arrimarse, valiente para superar una tras otra 50 cornadas sin que se le notase, valiente para estar siempre en la primera línea, valiente hasta la exageración en una medida sobrehumana. Y verdadera figura del toreo.

     Al más valiente que he visto le dedico estas líneas emocionadas, por buen torero, por responsable, por querer ser siempre el primero, por no abdicar de su condición de figura. Torero que, además, toreaba muy bien, que nos encandilaba con las chicuelinas, que tenía una muleta poderosa y graciosa a la vez y sabía matarlos.

     Puerta… Camino y Mondeño, frase que se hizo popular por su musicalidad y significado. Puerta, Camino y El Viti, terna grandiosa que llenó muchos años de gran toreo. Torero sonriente, jugándosela a cada instante. Transmitía vida, valor y ambición. Con Camino, tan diferente, hizo historia. Incluso en las chicuelinas que los dos interpretaron tan distinta como soberanamente. Con personalidad, que es lo que falta ahora algunas veces. Los dos sevillanos y el de Vitigudino llenaban carteles redondos. E hicieron historia.

     Nunca ví flaquear a Diego, sólo desconcertado en la irrupción del reinado del Cordobés, pero tuvo tanta casta, tanta, que en su última temporada, la de su anunciado adiós, se la jugó como si empezara y hasta su íntimo Camino se extrañaba. Y todos. Tras su corrida final en Sevilla, mano a mano con el de Camas, le escribí un artículo muy emocionado porque lo de Puerta no era normal.

     Su apellido, Puerta, fue también simbólico porque desde que empezó se dedicó a derribar puertas para entrar en lo más alto, sin importarle derramar tanta sangre. Incluso su segundo, Diánez, me recuerda a la diana que nos despierta, nos alegra, nos pone en la vida, nos da movimiento, nos llena, nos hace ver mejores las cosas. Puerta y Camino, inseparables, la puerta del toreo y el camino a seguir.

     Fue uno de los grandes de los últimos 50 años y será recordado por haber sido uno de los protagonistas del pasado siglo, el XX. Verlo en los ruedos era garantía de éxito, por su entrega, su constancia, su torería, su gracia, adobado todo con un extraordinario valor, único, que muy pocos toreros han tenido. Después de él, hubo pocos más pero que no aguantaron tanto durante tanto tiempo en todas las ferias, llevándose las cornadas y no reculando ni un palmo. Si hasta toreaba los Buendía, los santacolomas, que no les gustaban, porque eran los preferidos de Camino.

     Me dejó muchas veces con la boca abierta. Fue el causante de que me engachara a los sanfermines. Recién llegado de Madrid y con poco tiempo para entrar en la plaza, con la hora justa, nada más sentarme, empezó un paseíllo inolvidable con unos gritos atronadores: Diego, Diego, Diego. Fue impactante e inolvidable. Su figura menuda se agigantaba o no porque verdaderamente era un gigante. Lo querían a rabiar en muchas plazas y caía bien en todas partes.

     Además de su última temporada grandiosa e inexplicable (difícil de entender por lo que arriesgó teniéndolo todo ya más que hecho), resaltaré que su retirada fue definitiva. Un hombre de palabra. Dicen que tenía mucha afición al dinero, que tanto le costó conseguir y que guardaba celosamente, no lo sé, sólo me interesó su toreo, pero nada le hizo volver a los ruedos pese a las tremendas ofertas monetarias que le ofrecieron reiteradamente. No le importó el dinero. Mantuvo su palabra de adiós como poquísimos toreros han sabido hacerlo. Hasta en eso fue valiente.

     Se ha muerto, sí, pero nunca se morirá del recuerdo de la afición, que le siguió siempre fiel y admirativamente. Y tendrá un sitio en mi corazón por lo que me gustó, me emocionó y me aficionó. Un sitio que muy pocos más podrán ocupar porque llenó mi juventud de toreo, de brillantez, de emoción, de vida, de realidades rotundas, de frescor, de pruebas de que el toreo es una de las mejores cosas que hay en la vida.

     Perteneció a una gran época, con muchos toreros históricos, monstruos como Luis Miguel, Ordóñez, El Cordobés, los citados e inolvidables Camino y El Viti y muchos otros (Litri, Curro Romero, Miguelín, Gregorio, Ostos, Palomo, Mondeño,…) y nunca se quedó atrás. Le importaba un pito estar en plaza de primera o de tercera. Siempre se la jugaba. Sus críticos, que todo el mundo los tiene, le achacaban mucha velocidad en la muleta y falta de profundidad. Verdad que pocos notaban, ya embobados -por su personalidad- en la burbuja. Acaso sería por sus ganas de hacerlo todo pronto y bien.

     Inolvidable en su realidad y en la Historia del Toreo, Diego Puerta Diánez, ‘Diego Valor’ o, cariñosamente, para los pamplonicas Diego, Diego, Diego, lo recordaremos con su cara de seise, niño torero, superando a los enormes miuras de Sevilla o los imponentes toros de Bilbao, ya que también poco le importaba el tamaño. Llevó su Sevilla por todas partes. Tan sevillano que se casó en el 62 en la capilla de la Virgen de los Reyes, patrona de su ciudad, en la Catedral.

     Le deseo a las nuevas generaciones que tengan toreros como éste. Habrá muchos aficionados a los toros. Se emocionarán, les saldrán olés del alma, verán torear muy bien y tendrán recuerdos gratísimos para guardar. Todo eso sólo lo consiguen los grandes hombres, héroes y artistas, toreros de una pieza como Diego Puerta. Ya sé que España es la nación de los grandes entierros –lo hemos visto recientemente- pero les juro que lo que he escrito lo he pensado toda mi vida de Diego. Cuando toreaba y desde que se retiró. Desde su alternativa en el 58 hasta su adiós rotundo del 74. Aquel 12 de octubre en que no hubo Puerta del Príncipe para Puerta ni muchas orejas para él ni para Camino pero que el público se hinchó de aplaudir como nunca. Todo un fenómeno y un ejemplo.


*Ricardo Díaz-Manresa es periodista taurino. / Publicado en avancetaurino.com

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