GALLEANDO

El año de Pablo Aguado

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El diestro sevillano Pablo Aguado. (FOTO: Tormedia)

…»Si el toreo no es bello, no es arte. No hay duda. Es en realidad un conjunto de aproximaciones a la estética y, sobre todo, al sentido de la belleza. Él hizo y dijo el toreo. Sinfonía de detalles en unas formas adornadas con el brillo majestuoso de la cadencia que revelaron las excelencias de una tauromaquia no afín a la tradicional»…

Manuel Viera.-

     Analizando el triunfal inicio de temporada de quien se le acabó de romper su rodilla maltrecha la tarde inaugural de la Feria de San Miguel de 2021 en la Maestranza, uno recuerda el calvario padecido durante seis largos meses de complicada recuperación, y se da cuenta cómo esa enorme capacidad para emocionar, que consigue con la más simple combinación de un lance y no más de dos muletazos rematadamente conmovedores, la ha duplicado con el encanto de las cosas que nunca se olvidan.

     El toreo, algo tan sencillo, tan profundo e inexplicable, que cuando llega produce tal sobresalto de ánimo en quién lo ve que le enloquece, provoca, además, tal ‘pellizco’ en los sentidos que trasciende el mero campo emotivo. Y este arte puro, natural y misterioso, lo manifestó Pablo Aguado con toda suntuosidad en las primeras ferias importantes de este su ilusionante año taurino de 2022. En Valencia y Castellón, con la seguridad y grandeza de una figura del toreo, el sevillano de la Huerta de la Salud mostró su asentado concepto con la frescura, el refinamiento, la gracia, la belleza y la elegancia de quien rezume torería y sabiduría con un capote y una muleta.

     Si el toreo no es bello, no es arte. No hay duda. Es en realidad un conjunto de aproximaciones a la estética y, sobre todo, al sentido de la belleza. Él hizo y dijo el toreo. Sinfonía de detalles en unas formas adornadas con el brillo majestuoso de la cadencia que revelaron las excelencias de una tauromaquia no afín a la tradicional. La suya es más preciosista, menos recia, más apasionada. Puede ser verdaderamente profundo en ese saberse gustar, en ese pararse a calibrar los efectos de su propio toreo para avanzar en función de lo que él se plantea: hundirse en sus sentimientos artísticos dentro de una concepción estrictamente clásica y que atiende a sus más que demostrada naturalidad.

     Pablo ha vuelto a mostrar un toreo inspirado, muy personal y en continua búsqueda de una intensa pureza. Además, con el atractivo de alternar el valor con la magia de una lidia emocionante, rebosante de encanto y lentitud caprichosa. Y así seguirá desplegando su tauromaquia. Combinando la seducción y la distinción con su admirable capacidad para hacerla magistral y rigurosa. Su próxima cita, Sevilla. Domingo de Resurrección. Junto a Morante y Juan Ortega. Una tarde para soñar.

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