GALLEANDO

La inspirada verónica de Juan Ortega

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Juan Ortega.

«..¿Habrá algo más escultural y bello que una verónica? Definir lo indefinible se hace difícil. Porque fue tan sublime lo hecho que el tiempo, esa entidad absoluta que transcurre a distintas velocidades, y que es circunstancial dependiendo de quien lo mida, de quien lo consuma o lo emplee, de quien lo alargue o lo pare…»

Manuel Viera.-

     El toreo es ritmo y misterio, un sentimiento dislocado y enrarecido que crece como una enredadera que atrapa y posee. En el soñado día de su presentación en la Maestranza como matador de toros lo mostró Juan Ortega con su excelso capote. Porque toreo fue la inspirada verónica que sedujo e hizo disfrutar de su belleza a toda una plaza.

     ¿Habrá algo más escultural y bello que una verónica? Definir lo indefinible se hace difícil. Porque fue tan sublime lo hecho que el tiempo, esa entidad absoluta que transcurre a distintas velocidades, y que es circunstancial dependiendo de quien lo mida, de quien lo consuma o lo emplee, de quien lo alargue o lo pare, lo paró el diestro de Triana con un ramillete de lances que alcanzaron su epicentro en la equilibrada simbiosis entre la inspiración, la despaciosidad y el ritmo, la pureza, la elegancia y la belleza. Confluencias de un particular estilo donde la media verónica belmontina terminó por convertirse en marca trianera.

     Peculiaridad de un lance de reconocible y diferencial factura con el que ofreció las claves necesarias para la apertura de una obra rebosante de emociones que tuvo el colofón de los sones de la música torera. Su ejecución en el desarrollo temporal parecía no tener fin. El lento movimiento adquirió una dimensión brutal por extraordinaria. Incluso la forma de acabarlo se erigió en matices de algo grande, de algo imposible de explicar. 

     Abandonados a la calidad excelsa de la verónica del sevillano, toda la plaza pasó por un tránsito inolvidable. Belleza e intensidad emotiva en el toreo de capa de Juan a su primer toro Jandilla. Un toreo de verdadera grandeza con el que ejerció la delicadeza en su inspiración, naturalidad y torería en el imponente trazo de una media.

     El fundamento de su concepto, esa capacidad de ingenio con tintes de artista, hace del sevillano un torero de enorme personalidad. Que el clasicismo puro y natural de su tauromaquia, tan propenso a los cataclismos emocionales, se pueda apreciar en toda su magnitud en las dos comparecencias que aún le quedan en este histórico ciclo de San Miguel en Sevilla.

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