Cambió su nombre de sitio en la reunión

Canorea no cambia: rechazó sentarse junto a los abonados en el CATA

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El empresario de la Real Maestranza, Eduardo Canorea, y el presidente de la Unión Taurina de Abonados de la Maestranza, Diego Martínez. (FOTOS: Javier Martínez)
El empresario de la Real Maestranza, Eduardo Canorea, y el presidente de la Unión Taurina de Abonados de la Maestranza, Diego Martínez. (FOTOS: Javier Martínez)

La Junta de Andalucía colocó en la reciente reunión del Consejo de Asuntos Taurinos la silla de Eduardo Canorea contigua a la de Diego Martínez, presidente de la Unión de Abonados de la Maestranza, con el que se niega a reunirse desde hace más de una decena de años. Al llegar a su sitio, Canorea saludó fría pero respetuosamente al presidente de los abonados, cogió el letrero con su nombre y se marchó a otra silla. Mensaje nada conciliador y de mantenimiento del conflicto.

Francisco Mateos.-

     A pesar del delicado momento que vive la Fiesta y muy especialmente en Sevilla y la Maestranza, cuando todos deberíamos aunar esfuerzos para evitar más fracturas y distanciamientos, el empresario de la Real Maestranza, Eduardo Canorea, parece no estar por la labor de cambiar unas formas de actuar que han llevado, en gran medida, a esta caótica situación en Sevilla. Los cinco principales toreros (habría que sumarle un sexto, José Tomás) decidieron hace un año dejar de torear en la Maestranza por la única y exclusiva responsabilidad del empresario de la Maestranza, al que acusan de faltarles el respeto y a su dignidad como toreros de forma reiterada en las últimas temporadas en las negociaciones de contratación. Con la Unión Taurina de Abonados, sobre los que siempre ha hecho declaraciones de desprestigio y restándole representatividad, lleva más de un decena de años sin reunirse, sin oirles, a pesar de ser los legales representantes de sus principales clientes: los abonados, que en las últimas tres temporadas han decidido abandonar la plaza de forma masiva. Y a título particular de este medio, Canorea mantiene vetado desde hace más de cinco años a SEVILLA TAURINA (único portal dedicado en exclusiva a la información taurina de la ciudad y provincia) en la Maestranza sólo por ejercer la información de forma independiente y libre. Focos de permanente conflicto que, lejos de hacer reflexionar a la empresa, parece empeñada en mantenerlos.

     Todos estos sectores (figuras del toreo, Unión de Abonados, algún medio informativo,…), coincidentes en el conflicto que se genera como factor común a los empresarios de la Maestranza, lejos de hacer reflexionar a los propios protagonistas, todo indica que no ofrecen atisbos de cambios en sus formas y estrategias de actuación. Una demostración desagradable y bien clara se produjo en la reciente reunión del desactivado Consejo de Asuntos Taurinos de Andalucía (CATA). Estaban invitados representantes de todos los sectores, más de una treintena de personas. Entre los asistentes estaban por parte de los empresarios Eduardo Canorea, y por parte de las uniones de abonados de Andalucía el presidente de la Unión de Abonados de Sevilla, Diego Martínez, con el que Canorea se niega a reunirse desde hace más de diez años, a pesar de las cartas que la citada asociación ha enviado a la empresa proponiendo un encuentro para simplemente intercambiar opiniones.

     La Junta de Andalucía, que en materia taurina ya se sabe que ha abandonado a la Fiesta de los toros hace algunos años, parece que tampoco estaba enterada de este permanente conflicto entre los representantes de los abonados de la Maestranza y el empresario Eduardo Canorea, ya que entre más de 30 miembros asistentes, colocaron de forma contiguas las sillas de Eduardo Canorea y Diego Martínez. El primero en llegar a su sitio (localizado con un letrero con el nombre) fue Diego Martínez, presidente de los abonados. Eduardo Canorea localizó posteriormente su nombre y por tanto vio que su sitio estaba justo a la izquierda del de los abonados sevillanos. En ese momento, Canorea no dudó cómo actuar y que encierra de forma palpable un mensaje claro y contundente, nada conciliador: saludó de forma distante y fría pero respetuosamente a Diego Martínez, cogió el letrero con su nombre cambiándolo por el de la presidenta de la plaza de Granada y se marchó a otra ubicación distante de la de los abonados, junto a Juan José Arenas.


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