El desgarrado toreo de Morante

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Écija – Corrida de Feria, Sábado 13 de Septiembre de 2008

TOROS: Se han lidiado toros de Núñez del Cuvillo, aceptables de presentación, nobles y manejables. Destacaron el bravo tercero y el encastado cuarto.

ESPADAS:Morante de la Puebla, oreja, oreja, y dos orejas y rabo.
El Cid, ovación tras leve petición, oreja tras aviso y oreja.

CUADRILLAS: Se desmonteró tras parear al segundo José Manuel Fernández 'Alcalareño'.

INCIDENCIAS: Media plaza. La corrida quedó en un mano a mano tras causar baja Miguel Ángel Perera tras ser volteado el día anterior.

Completísima tarde de Morante en Écija, cortando cuatro orejas y un rabo. El torero sevillano se ha mostrado entregado e inspirado en un mano a mano improvisado por caída del cartel de Miguel Ángel Perera. El Cid, que le cortó la oreja a dos de sus toros, acompañó al diestro de La Puebla en la salida por la puerta grande de la plaza astigitana.

Manuel Viera.-

Dejó huella en la tarde astigitana la actuación de Morante de la Puebla. Debo reconocer que en casos como este desconfío de mí mismo. De lo que veo -o sueño-. Puede que me adhiera rigurosamente a las formas cargadas de imaginación y emotividad de un Morante ilusionante y divino. Lo mejor, el formidable virtuosismo y el perfecto compás del muletazo, en el que la despaciosidad del recorrido fue sencillamente asombrosa. La belleza en su personalidad torera es una de las mayores cualidades de Morante, porque la pureza del interesantísimo pase posee la hondura en sí mismo.

El toreo del diestro de La Puebla rezuma pasión. De gran sensibilidad y firmeza expresiva fueron los muletazos diestros al tercero, un toro muy noble y de extraordinaria calidad por el pitón derecho. Morante, tras un prólogo de bellos detalles, lo toreó a placer, le bajó la mano, le hilvanó los muletazos y condujo la embestida con una lentitud pasmosa, conduciendo también al espectador hasta un universo desconocido y prodigioso con el improvisado y rítmico toreo. Sus geniales formas pertenecen a un mundo ensoñado, de poesía e inspiración, que muestran a un artista de suprema capacidad expresiva y emocionante.

Alguien escribió que "lo bello contiene siempre un poco de rareza, de rareza no premeditada, y que es esta rareza lo que lo hace particularmente bello". Como quizá sucede con el extraño comportamiento de Morante con el quinto toro de la tarde: lo recibió en el tercio con larga cambiada de rodillas, lo toreó a la verónica con enorme pasión, le clavó banderillas con auténtica pureza en la suerte -el cuarto par de arrebato y por los adentros fue colosal- y lo toreó desgarrado a derecha e izquierda con entrega total. El uso de esta exacta combinación entre el valor de lo auténtico y la fascinación de la más pura genialidad convirtió la faena de Morante en una emocionante obra llena de matices para disfrutar. La estocada, de efecto rápido, desató la locura en los tendidos y las dos orejas y el rabo fueron a las manos del torero sevillano. También con el que abrió plaza, un toro molesto por repetidor, se mostró seguro y con ganas, consiguiendo muletazos intermitentes de muy buena calidad. La oreja se antoja regalo de una gente que se emocionó después con lo mejor de la importante tarde: la faena al tercero, premiada esta vez con un justo trofeo.

Es en la expresividad del natural donde se acumula lo mejor de su talento, pero hoy el toreo de El Cid cobró vida en la riqueza del despacioso trazo diestro. Lo hizo con el cuarto, un toro de noble embestida, complicado quizá por encastado, con el que el diestro de Salteras se sintió en un toreo de lento trazo, muy ligado y perfectamente rematado con los de pecho. El Cid toreó arrastrando la muleta, muy despacio, y utilizando su portentosa técnica con la que consiguió dos majestuosos naturales, y soberbios detalles de trinchera y cambios de mano. Pese al pinchazo que precedió a la estocada le concedieron la oreja. También paseó la del sexto, con el que tuvo que utilizar su buena técnica para de nuevo bajar la mano y conducir despacio una embestida no demasiado clara. Dos pinchazos antes de cobrar la estocada no fueron óbice para conseguir la oreja que le permitió salir por la puerta grande junto a Morante. Con el segundo, noble y de escasa fuerza, se mostró firme aunque demasiado mecánico en su toreo. Fue ovacionado.

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