AL NATURAL

«¡Mamá, mamá: ese niño me ha insultado!»

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Una pareja de policías nacionales escoltan al presidente José Luque Teruel en el palco, quien dedica una peculiar mirada al aficionado 'ofensor'.

«…Insólita imagen de un presidente con dos escoltas en el palco para ‘defenderlo’ El mismo Curro Romero fue capaz de aguantar, espada en mano, que un chufla le tirase al suelo sobre el ruedo, y con la espada en mano y frente a frente al agresor, ni pidió ayuda… Si Luque Teruel no es capaz de soportar lo malo del cargo, ¿a qué espera para irse?…»

Francisco Mateos.-

     El ejemplo que dan a diario nuestros servidores públicos es tan penoso, esperpéntico y caótico que por eso después pasan cosas como la que pasó ayer en la Maestranza, aunque sólo fuera percibido por una minoría. Y ahora les contaré. Pero qué se puede esperar con los ejemplos a diario del Congreso de los Diputados. Y no les digo ya porque se haga una pregunta sobre un tema y la respuesta sea sobre otro tema completamente diferente; ni sobre el «y tú más» de cada día, que digo yo que es admitir el mangazo, pero agregando que «tú también». Es decir, golfos los dos; el uno, y el otro. En la tribuna del Congreso se han exhibido como soporte a la argumentación parlamentaria cuando existía clase (ojo a la palabra: ¡clase!) política unas gráficas de evolución, algunos recortes de prensa… material que ayuda a visualizar el argumento de peso político y que intentará rebatir con sus propios argumentos el diputado interpelado. Pero ‘degenerando’, como en el toro, se ha llegado a la penosa realidad actual en la que en el Congreso se exhiben camisetas inapropiadas para el entorno, impresoras, piedras de las manifestaciones catalanas por la independencia y hasta balas usadas en la frontera española-marroquí. Y son de un lado y del otro.

     Y así hemos llegado al esperpento más reciente en el que un spray de 30 ml exhibido por una parlamentaria ha provocado la clausura de numerosas salas y aseos, acordonadas por la Policía como si fuera a estallar una bomba nuclear, y la expulsión de la diputada. Y todo porque el dichoso botecito de 30 ml contenía restos de gas pimienta defensivo, y la presidenta del Congreso lo consideró ‘arma’ homicida. El alcance del ‘arma’ sólo llegaba -en todo caso-, a los 15 diputados de su alrededor, todos de su mismo grupo político. Las balas o la piedra no eran ‘arma’ homicida, pero este botecito a medio usar de 30 ml era considerado ahora un arma sumamente mortífera… ¿Se imaginan a Tejero, desde el atril del Congreso en aquel 23-F, portando con su mano en alto el mortífero arma homicida de un botecito de 30 ml de gas pimienta mientras alzaba a grito aterrador su «¡Todo el mundo quieto!», mientras lanzaba dos o tres pulverizaciones al aire para amedrentar a los diputados secuestrados? Hombre, por favor…

     Pues teniendo como ejemplo estos esperpentos que a diario tienen lugar en la sede de la supuesta soberanía popular y representación del pueblo, es de esperar situaciones tan impropias como la de ayer en la Maestranza. El sevillano Manuel Domínguez hizo una entonada faena al tercer novillo, pero al entrar a matar falló de forma clara en la colocación y la espada cayó baja y atravesada. Aun así, sus muchos partidarios pidieron una oreja que no se podía conceder. Lo que pasa en estos casos: algunos se cabrean y uno de los cercanos a la presidencia le diría algo ‘bonito’ a gritos al presidente. En fin, nada diferente de las broncas de algunas veces por no conceder orejas, algo que va con el cargo. Que se lo pregunten a los árbitros de fútbol cada fin de semana en todos los campos, insultos incluso cantados a coro desde las gradas; o a esos policías que retienen tras sus escudos a manifestantes en primera línea, lo que tienen que oir sobre ellos…

     Pues ayer, el presidente José Luque Teruel debió verse ofendido en su corazón y señaló con su brazo a alguien de las últimas filas del tendido 2 mientras la plaza le dedicaba una sonora pitada por no conceder la oreja. Sacó el pañuelo blanco para la salida del cuarto pero a la vez llamaba por teléfono al callejón para ‘chivarse’ de que un señor le había dedicado palabras ‘bonitas’ a su familia y pedir que le defendieran. Me recordó a aquello que alguna vez nos ha pasado a todos: «Mamá, mamá, un niño me ha insultado hoy en el recreo…». También sabemos la respuesta de nuestra madre de aquella época: «¡Pues aprende a defenderte, que ya eres muy mayorcito…!». La cara del delegado del callejón (supongo que miembro del Cuerpo Nacional de Policía) era todo un poema, pero ante la insistencia de la petición del presidente no tuvo más remedio que enviarle una pareja de policía nacional al palco presidencial. durante la lidia del cuarto novillo. Luque Terual estuvo conversando con los agentes, señalándole la persona que supuestamente le había ofendido… Se mantuvieron los dos agentes durante todo el cuarto novillo a las espaldas del presidente, insólita imagen de un presidente con dos escoltas en el palco para ‘defenderlo’…

     Finalmente, el delegado parece que no autorizó que los agentes subieran por el tendido, ni siquiera al finalizar el festejo para identificar al supuesto ‘agresor’; total, ¿para qué? Seguramente Luque Teruel entendió mal la frase del frustrado aficionado por no conceder la oreja que estaba pidiendo a voces, y lo que le estaba gritando realmente fue: «¡Me gusta la fruta!».

     Aunque me lo esté tomando a broma, fue algo insólito e impropio de una plaza como Sevilla. El mismo Curro Romero fue capaz de aguantar con temple, espada en mano, que un chufla le tirase al suelo sobre el ruedo, y con la espada en mano y frente a frente al agresor, ni pidió ayuda, ni le habló… Si Luque Teruel no es capaz de soportar lo malo del cargo, ¿a qué espera para irse? ¡Upsss! Lo mismo no le gusta este artículo y me envía a dos policías…

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