El primer festejo de San Miguel fue un fracaso ganadero, con un encierro de utreros salmantinos mal presentados, sin trapío, indigno del peso de Sevilla en el toreo; además, parada y descastada. El sevillano Manuel Domínguez y el mexicano Garibay pusieron escasos momentos de calidad.
SEVILLA / Novillada
NOVILLOS: Se han lidiado novillos de la ganadería de Garcigrande, mal presentados, de escasa presencia y trapío para Sevilla. Descastada, sin fuerzas, sin movilidad.
NOVILLEROS: –Olga Casado (de celeste y plata), silencio y saludos tras aviso.
–Ignacio Garibay (de azul y oro), vuelta al ruedo y silencio tras aviso.
–Manuel Domínguez (de nazareno y oro), saludos y silencio.
CUADRILLAS: Aplaudido en la lidia Curro Javier.
INCIDENCIAS: Dos tercios de plaza. Los tres novilleros se presentaban en Sevilla; Manuel Domínguez, además, hacía su debut con picadores.
Francisco Mateos.-
En el artículo de opinión de ayer miércoles (VER) ya les anunciaba que tenía mis dudas sobre si Garzón iba a faltar (otra vez) a la palabra dada sobre la mejora en la presentación y cuidado de los toros en este ciclo septembrino de San Miguel. Anunció para la Feria de Abril un punto superior en la presentación de las corridas de toros respecto a lo que se ha visto en los últimos años en Sevilla con Pagés; y no fue así. Lo reconoció en primera persona, asumió el ‘mea culpa’ y prometió a la afición de Sevilla corregir este ‘fracaso’ de la presentación de los astados abrileños. Y ha vuelto a incumplir su palabra. La novillada que ha abierto el ciclo de San Miguel (miedo me da lo que nos queda por ver los siguientes tres días con el desfile de figuras sobre el ruedo baratillero) es totalmente indigna de la plaza de Sevilla: sin presencia, sin trapío… y además, podrida. Ni casta, ni fuerzas, ni movilidad… Nada. Era una caricatura de novillada. Tomadura de pelo de la empresa a los aficionados en la apertura de este ciclo final de temporada en cuanto al ganado. No parece que ‘Lances de Futuro’ (¿futuro?) tenga interés alguno en corregir algo tan básico y pilar fundamental del toreo como es la presencia del toro en Sevilla.
Se presentaban en festejo picado los tres alternantes; el sevillano Manuel Domínguez, además, lo hacía con picadores. Y finalmente, entre la nada más absoluta por muy animosa que estuviera la amable banda en algunos pasajes, fue el sevillano el que dejó los escasos momentos de calidad de toreo. Eso sí, a dos novillos que estaban muertos en vida. Por lo tanto, lo de ‘parar y mandar’, ni falta que hizo; y lo de ‘templar’, poca embestida había que templar. Sin tener que conjugar los verbos básicos del toreo (parar, templar y mandar), había que conjugar el nuevo verbo del toreo moderno: cuidar. Y ahí acertó perfectamente Domínguez, cuidando con estilo y pinturería a sus dos novillos salmantinos. La primera faena tuvo algunos naturales de bella expresión, así como los remates por bajo, pero lo emborronó con un espadazo feo. Para cuando salió el parado sexto la gente ya estaba deseando salir de aquel martirio de novillada.
Regresaba a los ruedos Ignacio Garibay tras una cornada reciente. A éste no se le va, ni mucho menos, el valor por los agujeros de las cornadas; se llevó incluso una voltereta en el segundo por quedarse quieto en terreno comprometido. Firmó una faena variada, pausada y templada, pero el utrero no puso la emoción necesaria. Aunque la espada asomó, dio una vuelta al ruedo. El quinto se paró muy pronto y se puso el joven Garibay pesado en la escasa cara del novillo; a este sí lo mató muy bien.
Olga Casado cumplió sin más. No dejó nada especial para el recuerdo. Un novillero más de los muchos que hay, sin una especial calidad, con la única diferenciación de ser mujer.





