REAL MAESTRANZA - 4ª Feria de Abril

Roca, rey de Sevilla

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Roca Rey, a hombros tras cortar dos orejas al sexto de Núñez del Cuvillo.

El diestro peruano Andrés Roca Rey corta dos orejas a ley tras una sobresaliente faena a un gran toro de Núñez del Cuvillo. José María Manzanares saludó sendas ovaciones, mientras que Sebastián Castella fue silenciado. Corrida justa de presencia, con algunos toros anovillados, con falta de fuerzas; se lidiaron dos sobreros. La plaza se llenó.


SEVILLA / Corrida de toros

TOROS: Se han lidiado ocho toros de la ganadería de Núñez del Cuvillo; tercero y quinto lidiados como sobreros. Desiguales de presencia, chicos -el cuarto anovillado- y de escasas fuerzas. Destacó el bravo sexto, aplaudido en el arrastre.
ESPADAS:Sebastián Castella (de tabaco y oro), silencio y silencio.
José Mª Manzanares (de grana y oro), saludos tras dos avisos y saludos.
Roca Rey (de grana y oro), saludos y dos orejas con petición de rabo.
CUADRILLAS: Saludó en banderillas Jesús González ‘Suso’.
INCIDENCIAS: Plaza llena de ‘No hay billetes’.


Manuel Viera.-

     Quizá el toreo no sea más que una forma de música; es decir, un alimento del alma que se disfruta por sus virtudes estéticas, por su enorme belleza y por su apasionada emoción. El toreo revela en su encanto, su fuerza y su transparencia, la sutil forma de crear arte. Y cómo lo creo el que hoy se erigió en rey de Sevilla. Pocas cosas emocionan tanto que ver torear así de bien. Algo de culpa la tuvo el mismo que lo hizo, que supo firmar después una de las obras más emotivas vistas en una plaza de toros. Y mucha de la culpa la tuvieron también las bravas embestidas de un gran toro de Núñez del Cuvillo.

     Andrés Roca Rey contó su historia y propuso su toreo apoyándose en el valor y la calidad evidentísima de su concepto. Qué su tauromaquia sea personal, divergente y discutible, es una más de sus muchas virtudes. La lidia al sexto de Cuvillo fue estremecedora y de intensidad apabullante, en la que el torero limeño expresó el toreo. Una lidia que debería bastar para confirmar que lo hecho fue mucho más allá del valor. Faena de convincente calidad erigida en modelo de perfección. De espíritu fundamentalmente puro. Una lidia que hizo gozar progresivamente por su valor y frenético virtuosismo. Un toreo que despertó el asombro y la admiración de toda la plaza. Seductor toreo de mano baja y tela a rastras, ora por la derecha, ora por la izquierda, que adquirió de inmediato la categoría de magistral.

     En un ambiente felizmente caldeado, un puñado de muletazos diestros, tan deliciosos como magistralmente trazados, hilvanados y estupendamente rematados, provocaron el respingo de la gente y, sobre todo, la más enorme de las emociones. Fue una obra de incuestionable atractivo emocional. Fue rítmica, hecha muy despacio, armónicamente bella y, al mismo tiempo, pura. Muy pura. Sin aristas rugosas, y hecha y dicha con contundencia.

     Roca Rey toreó de rodillas con la diestra con un temple descomunal. Sometió por abajo las bravas acometidas con la tela acariciando la tierra. Hilvanó y remató el natural verdaderamente brillante, sabiendo explotar, además, las posibilidades de unas muy nobles embestidas con sitio y medida de los tiempos. Contemplación y emoción. Por eso, tras la contundente estocada, las dos orejas ganadas parecieron insuficientes para un público que se desgañitó pidiendo el rabo.

     Fue éste el colofón a una tarde que transcurría entre la paciencia y el bostezo, quizá, por la escasa fuerza que mostraron los toros del ganadero de Vejer de la Frontera. Un encierro desigual en presentación e, incluso, anovillado. De todas formas, Roca Rey, anduvo tan dispuesto con el tercero, lidiado como sobrero, como con el descrito sexto. Como en él es habitual lo dejó sin picar. Lo mejor lo ejecutó con la diestra. Con la zurda no lo consiguió. Un feo espadazo antes de la estocada definitiva lo dejó todo en una ovación.

     El resultado de la lidia de Manzanares al noble segundo fue notable con independencia del sesgo estético característico de su concepto. La verónica la templó con cadencia y naturalidad y el toreo diestro lo hizo excepcional. Con la izquierda no fue igual. Una nueva estocada en la suerte de recibir acabó con el soso animal.

     El diestro alicantino también se lo hizo despacio y ligado con la derecha al noble y flojo sobrero lidiado en quinto lugar, aunque en esta ocasión los muletazos mostraron ese característico cariz hacia afuera. Con contundente estocada lo mandó al desolladero.

     A Sebastián Castella no le devolvieron dos auténticos inválidos. Tanto le tuvo que molestar el hecho al diestro de Beziers, que su estado anímico se transformó en considerable falta de actitud. Desistió de inmediato con su primero, y anduvo anodino con el lidiado cuarto.


AL NATURAL

Faenón a un toro de laboratorio

Francisco Mateos.-

     Lo vivido en el sexto esta tarde en la Maestranza es un compendio de la derivación al toreo actual; para bien, o para mal. El sexto toro era una auténtica máquina de embestir, un carretón. ¿Y eso no es bueno? Por supuesto que sí; es buenísimo. ¿Entonces? Pero, ¿y la emoción, y el peligro de una embestida encastada? En las postrimerías de la faena comenté que si Roca Rey tiraba la muleta y pedía un simple sombrero o un pañuelo de cuello, con el valor que tiene y la extrema bondad del toro, estoy convencido que le hubiera dado un par de ‘pañolazos’ a baso de extender el brazo y ‘tocar’ mucho; Talavante ya toreó en el campo usando una silla a modo de muleta… Es decir, cuando la embestida de un toro es tan dulce como la de este sexto, tan ordenada, tan obediente, tan perfectamente noble… es lo más parecido a un banderillero haciéndole el carretón al matador. Falta la emoción del toro-toro, de la incertidumbre de la embestida de un animal fiero. Es el toro moderno en su máxima expresión: cómodo, de presencia muy justita, sin picar, y de una bondad y dulzura extrema. Ni que decir tiene que el peruano Roca Rey se comió de un atracón un pastel tan goloso de dulzura.

     Fíjense que, aunque exageradamente se pidiera el rabo para Roca Rey, nadie pidió la vuelta al ruedo para el toro. Y es que estaba claro que fue una máquina de embestir a la perfección, por abajo, repitiendo, dejando estar… pero que le faltó muchos de los componentes de lo que debe ser un toro bravo. Sin discusión las dos orejas para un Roca Rey increíble, pero me faltó la emoción del toro bravo, que -como toda la corrida- no fue picado. En definitiva, la mejor faena del toreo moderno a un toro moderno. Es lo que hay.


GALERÍA GRÁFICA (Pagés)


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