CUADERNOS DE TAUROMAQUIA

Por orden del señor alcalde

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El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, en el burladero de la empresa de la Maestranza invitado por Ramón Valencia.
El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, en el burladero de la empresa de la Maestranza invitado por Ramón Valencia.

«…el alcalde debe actuar ante una situación límite provocada por la torpeza y prepotencia de la empresa que explota (y de qué manera) el coso del Baratillo, y por la inacción del marqués de Puebla de Cazalla, teniente hermano mayor de la Maestranza, que permanece sumido en el más desesperante y yo creo ya que hasta sospechoso de los silencios desde hace un año largo…»

Álvaro Acevedo.-

     Tenga o no tenga ‘guasap’, el destino le ha enviado una señal al alcalde de Sevilla, responsable de una primicia por otra parte de sobra conocida, por mucho que reputados medios de comunicación insistieran -no ahora, sino desde hace meses- en la idea de que Morante torearía en Sevilla.

     Ocurrencias periodísticas al margen (o propagandísticas, por utilizar un término más exacto) la realidad es que el alcalde debe actuar ante una situación límite provocada por la torpeza y prepotencia de la empresa que explota (y de qué manera) el coso del Baratillo, y por la inacción del marqués de Puebla de Cazalla, teniente hermano mayor de la Maestranza, que permanece sumido en el más desesperante y yo creo ya que hasta sospechoso de los silencios desde hace un año largo. En definitiva, el alcalde de Sevilla, como máximo representante de la ciudad, tiene una misión que cumplir ante la inutilidad manifiesta de los unos y del otro.

     Pensarán algunas mentes cándidas que la propietaria del inmueble es una institución privada, así como la empresa que lo explota (insisto en el término) desde hace varias generaciones. En efecto, todo lo privadas que ustedes quieran, pero resulta que las corridas de toros son espectáculos públicos. Tan públicos, que repercuten en la economía de la ciudad, y que afectan a su prestigio y a su imagen. Tan públicos, que decenas de comercios, restaurantes, hoteles, agencias de viajes y transportes públicos se vieron notablemente perjudicados el pasado año por los carteles más paupérrimos de la historia de la Feria de Abril.

     Una Feria, señor alcalde, que de confeccionarse en términos similares en 2015 asestará un golpe mortal a una afición engañada, exprimida y maltratada por unos gestores que no fueron capaces de bajar el precio de las entradas ni siquiera el año pasado, cuando los seis toreros más caros del escalafón decidieron no torear en la Maestranza. Una Feria que convertirá a Sevilla en la octava ciudad taurina de Andalucía, cuando hasta no hace mucho era la primera del mundo.

     El inmueble será privado señor alcalde, pero la Maestranza, como templo del Toreo, es patrimonio de Sevilla, de su afición, una afición que no es sólo sevillana y andaluza, sino también catalana, y madrileña, y vasca, y salmantina, y extremeña, y valenciana, y francesa, y mexicana, y británica, y colombiana, y norteamericana… Una afición que, cada primavera, aterrizaba en Sevilla con ilusiones renovadas y los bolsillos llenos, que al final es lo que cuenta.

     Tiene usted dos opciones, señor alcalde: creerse lo que dice la prensa amiga, y que gira en torno a la peregrina idea de que los toreros rebeldes son algo así como los hermanos Dalton; o ponerse manos a la obra y mediar en este conflicto provocado por unos incompetentes enciclopédicos que tienen la desdicha de (mal) gobernar la plaza soñada por cualquier torero. Corra y gánese el sueldo antes de que empiece la campaña electoral; coincidencia siempre interesante, por cierto.


*Publicado en el blog de cuadernostm.com

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