EL RECUADRO

Via crucis gallista

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El diestro sevillano José Gómez 'Gallito'.
El diestro sevillano José Gómez 'Gallito'.

«…Al cabo de un siglo, Sevilla se vuelve a dividir entre gallistas y belmontistas. Mientras los gallistas celebran su solemne Triduo en el Salón de Carteles y el académico Ignacio Otero Nieto habla esta tarde de Joselito y la Música, los belmontistas ofrecen en la Casa del Marqués de la Algaba un concierto en memoria de Juan…»

Antonio Burgos.-

     Pues sigamos con Joselito, ya que hoy concluye su Triduo convocado por la Hermandad… digo, por la Academia de Bellas Artes en la Real Maestranza. Institución caballeresca con la que el hijo de Fernando el Gallo y de la Señá Gabriela se llevaba tan malamente que se tuvo que construir una plaza de toros para él solo: la Monumental. En los carteles de la Feria de San Miguel, quizá como desagravio, los maestrantes han puesto un nombre que sí lo quiero mirar: el de Gallito, retratado con el capote al hombro, como rematando una larga, en la bellísima pintura de Palau del Museo de la Plaza.

     Al cabo de un siglo, Sevilla se vuelve a dividir entre gallistas y belmontistas. Mientras los gallistas celebran su solemne Triduo en el Salón de Carteles (bajo el horror del cartel de la mosca en el yogur y del cartel del pinchito de toro) y el académico Ignacio Otero Nieto habla esta tarde de Joselito y la Música, los belmontistas ofrecen en la Casa del Marqués de la Algaba un concierto en memoria de Juan. ¡Música, maestros! Juan y José siguen ganando batallas de división de los sevillanos muchos años después de muertos.

     Lo de José de ahora es un poco la teoría de las compensaciones. Después de tanto mando en plaza de los tardobelmontistas, no viene mal un poco de gallismo en el centenario de su alternativa. Al grito de «¡Gallistas del mundo, uníos!», Antonio Pineda y José Morente han convocado por Internet (larazonincorporea.blogspot.com.es) un periplo por la Sevilla de José, recorrido que piensan realizar en los autobuses que hagan falta el sábado 29 de septiembre, con salida desde la Puerta del Príncipe a las 11 de la mañana. Es como un Vía Crucis gallista, pues harán devota estación en lugares señalados de la vida de José: primera estación, la huerta de Gelves donde se crió; segunda estación, la casa de la Alameda de Hércules donde vivió; tercera estación, la plaza de toros del Arenal, donde tomó la alternativa y cortó la primera oreja que se concedió en Sevilla; cuarta estación, el edificio Cristina, donde vivía su oponente Belmonte… Y así el periplo gallista pasa por los restos de la Monumental en Eduardo Dato; por Pino Montano (donde los peregrinos almorzarán); por la Basílica donde tras su muerte se dijo que «este año estrena/lágrimas de verdad la Macarena»; por el mausoleo de Benlliure en el cementerio y por un bar de Los Remedios donde se venera un trozo de taleguilla del vestido que José llevaba en Talavera. Quienes quieran apuntarse al devoto vía crucis de Joselito pueden dirigirse a los dos mentados neogallistas, en el correo: josemorente58@gmail.com.

     Pero la ruta gallista debería ir también a la calle Ximénez de Enciso, a casa de la familia del concejal don Antonio Filpo Rojas, el de la Hermandad de San Bernardo, el que logró el título de ‘Mariana’ para Sevilla. El altruista e incansable Julio Dominguín Arjona ha descubierto desde ‘La Sevilla que no vemos’ que los Filpo conservan la cabeza de ‘Cantinero’, el toro de Santa Coloma al que Gallito le cortó la primera oreja que se concedió en Sevilla, así como, en una vitrina, el vestido salmón y azabache que llevaba aquella tarde de la Feria de San Miguel, el 30 de septiembre de 1915. ¿Por qué todo esto donde los Filpo? Porque don Antonio Filpo fue el presidente que le dio la oreja a José. Una placa redactada por Antonio Reyes ‘Don Criterio’ lo recuerda bajo la cabeza de ‘Cantinero’: «Practicó una estupendísima e inenarrable faena de muleta que inició con el pase llamado de la muerte, coronando tan brillantísima y archivable faena con un volapié soberbio. Las ovaciones fueron constantes y atronadoras. Los espectadores agitaban sus pañuelos pidiendo la oreja y ante la entusiasta insistencia de aquellos, la concedió el concejal Señor Filpo que presidía la corrida, siendo la primera que se otorgaba en la plaza sevillana».


*Antonio Burgos es escritor y periodista sevillano. / Publicado en ABC-Sevilla.

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