Morante, y punto

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El compás y cadencia de Morante ayer en Badajoz. (FOTO: Gallardo / badajoztaurina.com)
El compás y cadencia de Morante ayer en Badajoz. (FOTO: Gallardo / badajoztaurina.com)

«…En Morante habita la musa que de inmediato surge para bailar y triunfar gozosa y gloriosa ante Cloto, Láquesis y Átropos, las deidades que hilan, devanan y cortan la vida de los hombres. Cuando ayer tarde, en el burbujeo de emociones, Morante mecía sus brazos, ví aflorar lágrimas contenidas por la emoción. Lágrimas sinceras…»

Antonio Girol.-

Hay muchas formas de torear, todas dignas y merecedoras de respeto. Pero sólo hay una que provoque jipíos, que levante pasiones encendidas, que esculpa estatuas en las memorias o que convoque a las musas de la poesía en torno a una imagen… Es esa forma en la que el hombre entierra la barbilla en el pecho, echa la ‘pata p’alante’, carga la suerte, echa los vuelos en el cite para embarcar la embestida del toro y mecerle lentamente, como se mecen a las vírgenes en sus palios o a los bebés en sus arrullos…

Y de esa manera tirar del toro, despacio, muy despacio, poquito a poco, para que el embrujo dure eternamente prendido en la tela, donde dibuja elipses imaginarias que brincan en las retinas como figuras fugaces, que aparecen y desaparecen, con guiños cómplices; esa forma de deleitar toreando fue la que nos regaló en la tarde de ayer aquel niño que soñase en ser torero al ver fluir a un río cuando pasaba por su pueblo. Y que con el discurrir pausado de los años ha sido capaz de emocionar, de ensimismar con su arte, a miles de corazones.

Morante es el duende del toreo hecho persona. Es embrujo y pasión. Pero ante todo es tradición en primera persona del presente. Ahora que estamos con la historia de la recuperación de la Memoria, ha venido José Antonio a curarnos de amnesia con su toreo añejo, acrisolado de respeto por lo antiguo y verdadero. Ya llevaba tiempo dándonos flashes de molinetes abelmontados, liándose la muleta con esa gracia sevillana de portada de novela de Chaves Nogales. Ya en su tierra, en esa Sevilla que le espera como una novia embelesada con el aroma de su recuerdo, rescató ese toreo de capote que una noche de verano bosquejase, en un lienzo de albero, Antonio Gallardo, para que pusiésemos las retinas en sepia.

Porque señores y señoras, niños y niñas, Morante cada tarde homenajea, con su arte, a una profesión a la que honra como nadie a través de sus muñecas, de las que florece el arte en décimas de segundo deteniendo el tiempo en cada lance para que el buril de su talento nos grabe, para siempre en la memoria, cada instante vivido. En Morante habita la musa que de inmediato surge para bailar y triunfar gozosa y gloriosa ante Cloto, Láquesis y Átropos, las deidades que hilan, devanan y cortan la vida de los hombres.

Cuando ayer tarde, en el burbujeo de emociones, Morante mecía sus brazos y con ese movimiento milimétrico y acompasado acunaba los corazones de todos aquellos que ensimismados admirábamos su rítmica oscilación con estremecimiento de enamorados, ví aflorar lágrimas contenidas por la emoción. Lágrimas sinceras. Lágrimas que brotaban de lo más profundo para también poder admirar lo que ocurría en la plaza. Sólo me queda decir: ¡Gracias maestro! Gracias por devolvernos el toreo verdadero. Gracias por hacernos tan felices con su inspiración. Gracias por el toreo eterno que nace en sus muñecas. Las muñecas de un artista con mayúsculas. ¡Las muñecas de Morante!

 


 

*Antonio Girol es periodista taurino pacense, director del portal www.badajoztaurina.com y del programa ‘Al quite’ de Cope-Badajoz.

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