REAL MAESTRANZA / 6ª Feria de Abril

Esto sólo lo hace un torero

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Decepción del juego de los toros de El Torreón, blandos y descastados. Los tres espadas lo intentaron y fueron ovacionados en sus primeros toros, pero el día, que comenzó muy gris por el fallecimiento del padre de uno de los espadas, el sevillano Antonio Barrera, acabó entre nubarrones grises con lluvia.

     Antonio Barrera brinda a su padre. (FOTO: Matito)


GALERÍA GRÁFICA


 


AL NATURAL: Megafonía sin voz
(por Francisco Mateos)


 


LAS OTRAS IMÁGENES


Manuel Viera.-

     Muy poco que contar y mucho que decir. Porque esto no lo hace nadie. Ni futbolistas ni cualquier otro deportista de élite. Ni el más apegado a su profesión. Esto sólo lo hace un torero. Sólo lo hacen estos hombres que están en la raiz de cómo somos. Los únicos que prueban no zafarse del combate de la muerte. Sólo lo hacen estos valientes que con el miedo a cuesta lo superan para vivir. Antonio Barrera se tragó su pena, se enfundó su traje negro y oro y se plantó en el patio de cuadrillas. Donde debía de estar. Donde quería que estuviese quien le inculcó ser quien es. Aunque él, que se fue ayer, ya no viva para gozarlo. O para sufrirlo.

     Porque esta tarde el progenitor de Barrera hubiese sufrido con el maldito destino y peor suerte del hijo torero. Muy poco que contar, casi nada, ya todo se ha dicho. Porque los toros de César Rincón, de bonitas hechuras, serios y de afilados pitones se dejaron la casta y las fuerzas en el campo ganadero. La corrida ni se picó. Y ni por esas. Y para colmo, el que más gustó de salida se partió el cuerno derecho al rematar en el burladero. El sobrero del Conde de la Maza, esta vez sí fue ‘condeso’ y no hubo forma de meterlo en el engaño. El destino, Antonio, el destino lo quiso así.


Antonio Barrera se tragó su pena, se enfundó su traje negro y oro y se plantó en el patio de cuadrillas. Donde debía de estar. Donde quería que estuviese quien le inculcó ser quien es. Aunque él, que se fue ayer, ya no viva para gozarlo. O para sufrirlo 


Un derechazo de Luis Bolívar. (FOTO: Matito)


A Luis Bolívar le tocó el toro más toreable de la tarde. El segundo, flojo como todos, mostró nobleza en unas embestidas que el colombiano supo aprovechar, a medias, por el pitón derecho 


       Antonio Barrera se desprendió de cualquier artificio banal para poner en valor y sobre la balanza del toreo toda su carga emotiva. La faena con el manso y complicado primer toro de El Torreón fue una porfía para elaborar unos pases, que sin sobresaltos, revelaron la capacidad del sevillano. Incluso le bajó la mano en el natural por ese afán de sacar partido a la nula embestida de un toro ya en las tablas. Tras la buena estocada le ovacionaron con fuerza su loable actitud.

     La rabia y la angustia al torear al peligroso cuarto lidiado como sobrero, se transformaron en un querer y no poder. El toro de los Herederos del Conde de la Maza, con las fuerzas justas, se orientó de inmediato en los inicios de faena. Después de una larga cambiada de rodillas en el tercio a la salida de chiqueros, el sevillano probó fortuna citando desde los medios para prologar faena con el pase cambiado por la espalda. Y ni un pase más. Tarascadas al pecho del torero que resistía y esquivaba en feroz lucha. Tras matar de media estocada y dos descabellos se retiró con el silencio respetuoso de la plaza en busca de su pena.

     A Luis Bolívar le tocó el toro más toreable de la tarde. El segundo, flojo como todos, mostró nobleza en unas embestidas que el colombiano supo aprovechar, a medias, por el pitón derecho. Toreó despacio con la diestra, hilvanó tres muletazos -no más- e incluso tuvo estilo un bonito cambio de mano. Quiso hacer el toreo al natural, pero ya no fue igual, con un toro agotado lo intentó sin conseguirlo. De todas formas, Bolívar no dejó satisfecha a la gente. La espada cayó baja y fue ovacionado. Con el manso y complicado quinto desistió pronto y lo finiquitó de media estocada.

     El afán de Salvador Cortés por recuperar su sitio perdido es digno de encomio. Lo intenta todo aunque consigue poco. En sus dos toros no dudó plantarse a portagayola. Limpias resultaron ambas largas cambiadas. Con el tercero, noble y con las fuerzas muy justas, quiso probar fortuna citando desde la larga distancia para hacer el toreo diestro. Tras los primeros muletazos la faena cayó en una intermitencia que ya no levantó. Hubo pases ligados, algunos acelerados, para terminar con la derecha con un toreo más despacio y acompasado. La faena resultó larga y poco consistente. La estocada fue de las que tumban sin puntilla. Con el sexto, más de lo mismo, hubo momentos de buen toreo, pero con la dificultad de la escasez de fuerza. Lo más emotivo, los dos soberbios pares de banderillas de su hermano Luis Mariscal al tercero que tuvieron el justo honor de la música.   

 

Salvador Cortés recibió a sus dos toros a portagayola. (FOTO: Matito)


El afán de Salvador Cortés por recuperar su sitio perdido es digno de encomio. Lo intenta todo aunque consigue poco. En sus dos toros no dudó plantarse a portagayola


      


AL NATURAL

Megafonía sin voz

     Francisco Mateos.-

     Mis respetos para quien es capaz de vestirse de luces en un día tan triste como la muerte de un padre. Hay que tener mucha sangre fría y querer a una profesión para dejar en el tanatorio a la familia, darle un beso a la madre -ahora ya recien viuda- y decirle al oído: «No te preocupes mamá; regreso pronto y bien», e irse para un hotel con dos lágrimas en las mejillas para vestirse en el silencio y la tristeza de la soledad -nunca más soledad que hoy- de una fría habitación de hotel. Vestirse de torero entre caras largas, sin sonrisas que sacudan el miedo de los momentos previos. Hacer el paseíllo, que la Maestranza en pie recuerde a tu padre y tragar para no romper a llorar cuando Sevilla, con su sensibilidad a cuestas, te obliga a saludar por el gesto de torear ‘en nombre del padre’ con una cerrada ovación antes de que salga tu primer toro.

     En la era digital y de la información que actualmente vivimos, estas noticias se propagan a la velocidad de la luz; o de Internet. Los portales de información taurina tienen la ventaja de informar al instante de las últimas noticias, de ahí que desde esta media mañana ya se supiera del fallecimiento del padre de Barrera y el móvil, sms y el ‘boca a boca’ al entrar a la plaza hiciera que la mitad de la plaza conociese las especiales circunstancias que concurrían en el ánimo del torero sevillano. Pero, ¿y la otra mitad de la plaza? Acertadamente se guardó un minuto de silencio en memoria del padre de Barrera, aún de cuerpo presente a pocos kilómetros de la Maestranza. La mitad de la plaza conocía el motivo de ese minuto respetuoso, pero la otra mitad lo desconocía. Al igual que ayer con el retraso del comienzo del festejo 15 minutos para retirar los plásticos de la lluvia, hoy tampoco se informó por la nueva megafonóa -aún virgen- del motivo del minuto de silencio, antes de hacer el paseíllo. Algunos, con guasa, afirman que ‘los momentos económicos de ajuste’ (la crisis, vamos) también ha impactado en los maestrantes, que han colocado los aparatitos pero que no les ha llegado para los cables que lo conectan. No será el caso…  Sea como fuere, llevamos dos años con megafonía, con motivos para haberla usado, y aún no conocemos el dulce tono del ‘speaker’ de la Maestranza. O la ‘speaker’…    


GALERÍA GRÁFICA de MATITO

 Barrera por bajo. Detrás, César Rincón, Ramón Valencia y Victorino Martín hijo y padre.

Derechazo largo y profundo del torero sevillano, imprimiendo cadencia y ritmo.

También lo logró medio meter e la canasta por el lado izquierdo, enroscándoselo al cuerpo.

El sevillano, descarándose con el de El Torreón.

Bolívar lancea de capote al segundo.

Se gustó el colombiano a la verónica.

Naturalidad y temple ante el colorao.

Alargándole la embestida al toro y estirando el brazo.

Salvador Cortés se abre de capa ante el tercero.

Gran par de Luis Mariscal, con honores de música.

Responde su primo, Pedro Mariscal.

Luis Mariscal corresponde con un saludo a la gran ovación.

 Salvador Cortés brindó el tercero al público pero...

...el toro no terminó de ayudarle en la faena.

El cuarto se partió el pitón al rematar y fue devuelto.

Bolívar, rematando el saludo de capote al quinto.

Cortés, brindis al dolor del compañero.

Así no 'levantamos' la Fiesta en Sevilla.

 


LAS OTRAS IMÁGENES

Juan José Padilla y Morante, amigos de Antonio Barrera, quisieron estar junto a él. (FOTO: Matito)

El sevillano Antonio Saavedra, tres tardes: Casares, Serafín Marín y Bolívar. (FOTO: Javier Martínez)

La Maestranza está bonita hasta cuajada de paraguas, cada uno con su estilo distinto. (FOTO: Javier Martínez)

Tarde de puros: Morante. (FOTO: Javier Martínez)

Turno de Victorino Martín. (FOTO: Javier Martínez)

Y Juan José Padilla. (FOTO: Javier Martínez)

 

La necesidad agudiza el ingenio. (FOTO: Javier Martínez)

 

A mal tiempo, buenas piernas. (FOTO: Javier Martínez)

 

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