4ª FERIA de SAN MIGUEL

Toros inservibles para la lidia

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Morante de la Puebla apenas estuvo minuto y medio con el cuarto.

Nefasta corrida de Garcigrande, un encierro de escasa presentación, descastado y blando; una birria de corrida. Morante y Luque saludaron desde el tercio. Borja Jiménez fue silenciado. La plaza, que se llenó otra vez al completo, pitó a los seis arrastres. Se despidió del toreo el banderillero Luis Blázquez.


SEVILLA / Corrida de toros

TOROS: Se han lidiado toros de la ganadería de Garcigrande, de escasa presentación, muy descastados y blandos; una birria de corrida.
ESPADAS: –Morante de la Puebla (de grana y oro), saludos y silencio.
–Daniel Luque (de azul y plata), silencio y saludos.
–Norja JIménez (de rosa y oro), silencio tras aviso y silencio.
CUADRILLAS: El banderillero Luis Blázquez se retiraba del toreo.
INCIDENCIAS: Lleno de ‘No hay billetes’.


Manuel Viera.-

     Esta vez hubo decepción. Absoluta y no esperada del diestro cigarrero, acostumbrado al triunfo cada tarde que se ha vestido de torero. Y han sido muchas en la regularidad de su gran temporada.  Pero estuvimos ante una birria de corrida de toros. Justísima de presentación y sin una gota de casta en su sangre. Mal momento de Garcigrande y mucha preocupación debe tener Justo Hernández ante lo visto en la última tarde de San Miguel en la Maestranza. Toros mansos, blandos hasta lo inimaginable e inservibles para la exigencia de la lidia.

     Ni más, ni menos, que es lo que piden las figuras. Los exigen quien manda. Y quien manda se fue de su última aparición en Sevilla con la admiración y el respeto de un público que le idolatra. Que ni siquiera le pitó tras el conato de faena al cuarto toro lidiado como sobrero. Un ‘pa’cá’,  y un ‘pa’llá’, y espadazo habilidoso que lo hace tumbar. No lo quiso ni ver.

     La tarde, tras la apoteosis de Pablo Aguado con los ‘jandillas’ el día anterior, fue de una impotencia total ante la mansedumbre y la falta de raza de una ganadería señera. Algo debe pasar para que unos toros terminen echándose en mitad de faena, pese a que algún que otro fuese acribillado en varas sin ton ni son. Le pegaron sin piedad al segundo de José Antonio. Algo no le gustó al torero para mandar liquidarlo en la primera vara, y claro se derrumbó tras el desastroso tercio de banderillas. No hubo más.

     Al primero también se le castigó en demasía en el segundo encuentro con el caballo. Después sólo aguantó tres muletazos soberbios con la diestra del genio de La Puebla. Al coger la izquierda se le paró. Una estocada bastó.

     Daniel Luque se llevó al segundo de Garcigrande a los medios con un ramillete de verónicas a compás. Resultó ser lo mejor, porque pese a la habitual técnica que empleó el diestro de Gerena para conseguir la embestida, la lidia transcurrió con algún que otro detalle sin emoción. Acortó las distancias en un nuevo intento de agradar, sin conseguir que el toro acudiera al engaño. La espada entró, pero necesitó el descabello.

     La sosería en la embestida del quinto ya se notó en los lances de recibo. Verónicas con ritmo y una media belmontina que gustó. Como gustó el quite con medio capote plegado denominado ‘rufina’ en homenaje a su progenitor. Quite que ya ejecutó en su corrida en Bilbao. Al toro no se le picó. Pese a ello, todo lo que le hizo Daniel careció de emoción. Lo toreó en los inicios sin ‘molestarlo’ en series templadas y cortas, dibujó el trazo del natural, pisó terrenos comprometidos, pero al hacerlo con un toro parado el público se lo desaprobó. Bastó la estocada para mandarlo al desolladero.

     El tercero no tenía vida. Su falta de casta fue alarmante y, además, mal presentado. Lo intentó Borja Jiménez sin conseguir un solo pase. Asomó la estocada contraria y acabó de descabello. La blandura del sexto también fue manifiesta. Tanto que se echó al comienzo de faena. Lo único emotivo: el último par de banderillas de Luis Blázquez en su larga y exitosa carrera de torero de plata. Y aunque no resultó como a él le hubiese gustado, la música sonó en su honor y la ovación mas rotunda de la tarde fue para él.

     Acabó la temporada de abono en la Maestranza con esta última corrida de San Miguel. Queda en el recuerdo el toreo sublime de Pablo Aguado. Ilusión por verlo de nuevo en el festival benéfico del próximo domingo que finiquitará la temporada de toros en Sevilla.


AL NATURAL

Agotado

Francisco Mateos.-

     No era la temporada que tenía pensada Morante; de hecho, se supone que no tenía pensada temporada alguna. La frescura, el ímpetu, la imaginación y las ganas demostradas en las corridas de Feria y Corpus, nada tienen que ver con el palpable agotamiento mental y físico del torero; mucha tela. Y además, esa presión de querer ver el ‘novamás’ de toreo cada tarde en cada plaza. Complicado que un torero del corte tan personal como el de Morante, con los años de dni y de toreo que ya empiezan a pesar, pueda estar fresco, inspirado y motivado en las postrimerías de una temporada tan intensa y extensa. Se lo han cargado; o nos lo hemos cargado. Por abusar de él.

      El torero de La Puebla del Río está exhausto. Agotado. Un juguete roto que necesita reparación inmediata. La imaginación ha desaparecido. Cuando se suman tantas tardes, y con tanta expectación, es imposible estar a tan alto nivel en todas las plazas. La temporada no se ha medido; habrá sido rentable, muy rentable, pero al torero no se le ha cuidado. Aunque el primero que debe poner como prioridad uno que le cuiden su temporada es él; y no lo ha hecho. Las ganas que tendrá de hacer el paseíllo en lo que le queda aún… Deseando el remanso de paz de La Puebla o de sus tierras portuguesas. El abusivo esquema de temporada de este año no se puede repetir, aunque sea irresistiblemente tentador económicamente. Agota el papel cada tarde, pero se agota de forma paralela el arte y la inspiración. Hay que buscar el equilibrio.


DESDE EL TENDIDO 2

Corrida podrida de Garcigrande

Ignacio Sánchez-Mejías.-

     La magnifica temporada de 2026 de Sevilla no se merecía este broche de plomo, pero en esto de los toros estamos acostumbrados a estas decepciones. Los otrora toros bravos, alegres y con motor de Garcigrande han salido podridos en este San Miguel. El que no era manso no quería embestir, el que no quería embestir no embestía, el que lo hacia a regañadientes se iba y el que parecía que lo iba a hacer acabó echado en medio de la plaza; incluso tuvimos uno reparado de la vista. Un público santo aguantó hasta que se echó el último sin una mala palabra. No sé si la separación de los hierros de Domingo Hernández y Garcigrande tendrá algo o nada que ver, pero esto tienen que solucionarlo y pronto.

     Por contarles algo, les diré que al primero lo picaron rematadamente mal y trasero, si no igual hubiera durado algo más de la única serie que le duró a Morante. En el segundo vimos más detalles que toreo de Luque, lo poco que pudo hacer. Borja Jiménez no le cogió el aire al tercero porque igual no lo tenía. El cuarto fue devuelto por supuestos problemas en la vista, que debían de ser de ambos ojos, porque embestía igual de desentendido por ambos pitones. El sustituto fue aún peor y Morante lo pasaportó con brevedad. En el quinto Luque hizo un trasteo vulgar con el público ya aburrido y protestando y lo mató superior. El sexto, todavía más podrido que sus hermanos, acabó echado en medio del ruedo.

     La única nota emotiva fue la despedida del subalterno Luis Blázquez, al que tantas veces vimos en la Maestranza a las órdenes de Manzanares. Antes de su último par la banda arrancó ‘Juncal’, lo único destacable de la tarde. En eso de los detalles nadie nos tose. La otra buena noticia fue el tiempo, que empezó a menguar el calor africano. Ya ven, poco consuelo.

(ignaciosanchezmejias.es)


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