El exabrupto

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El empresario sevillano José María Garzón

«…Y lo que desde luego fue ya una salida de tono absoluta fue el exabrupto (tal cual las formas de Eduardo Canorea) cuando un compañero hacía preguntas incisivas que acabaron por agotar la no tan larga cuerda de Garzón y le respondió con un desairado «hay que informarse». Es ofensivo y está fuera de lugar. Es inadmisible…»

Francisco Mateos.-

     Hace una semana que se presentaron los carteles de forma oficial en una vistosa gala y la posterior (y prometida) comparecencia del nuevo empresario de la plaza de toros de Sevilla ante los medios especializados para explicar la confección de los carteles y responder a preguntas o dudas. Sobre la gala, sigo sin entender por qué los dos presentadores -que ejercieron de forma idónea su labor-, no pidieron a algunos de los muchos toreros de las primeras filas unas palabras sobre sus intenciones sobre Sevilla o sus sentimientos ante un nuevo paseíllo maestrante con un micrófono inhalámbrico; sobre todo a alguno como el triunfador David de Miranda, por supuesto a Morante de la Puebla -al que todos deseaban oir algunas palabras-, o los sevillanos Borja Jiménez, Pablo Aguado y Juan Ortega.

     Sobre los carteles ya está todo comentado: son indisimuladamente continuistas. No hay cambios ni en ganaderías ni en toreros. Salvo leves retoques, estos carteles los podría haber hecho el mismo Ramón Valencia; lo que no es un halago precisamente. Ha faltado -un año más- esa imaginación que nos prometía el nuevo empresario. Muy excesivas las tres tardes de Talavante y Manzanares, que contrasta con la facilidad de la fulminación de Fandi y Castella; borrón por la ausencia de Ventura; y haber introducido a algún sevillano recuperable más como Oliva Soto, Esaú, Calerito o Salvador Cortés. La decepción en cuanto al plantel ganadero y al de toreros es más que palpable. Carteles rentables, seguro que sí; pero el ansiado cambio no ha llegado en ese terreno, el de la confección de los carteles.

      En lo demás que rodea los carteles sí ha habido cambios: ventajas de descuento al abonado, la recuperación del manifiesto de la Venta de Antequera, un abono joven (se supone que al margen de los existentes de Aula Taurina y Tertulia Taurina Universitaria) y una gala de presentación. Y habrá que esperar unas semanas para valorar la presencia del toro (de las mismas ganaderías de siempre) que sale por chiqueros, si realmente se sube la muy baja presentación de los últimos años.

     Lo que me preocupa son dos detalles ocurridos en sendos encuentros con la prensa especializada. En el primero de ellos, en enero, creo recordar que catorce días después de comunicarse la concesión, con una avalancha de prensa ávida de preguntas, y un empresario como José María Garzón haciendo gala de una cercanía, unas formas y una transparencia diametralmente opuesto al modelo arcaico de la empresa anterior, fui yo quien le sacó el que hasta ahora era tema tabú del ‘contrato’. Parece que hay cosas que no cambian y a mi pregunta comentó que «sobre el contrato no voy a hablar»; exactamente igual que los empresarios anteriores de Pagés. Insistí en que confirmara si eran cinco años y si se contemplaba prórroga. Finalmente, y aunque a regañadientes y en respuesta escueta, admitió que es un contrato de cinco años y sin prórroga. Pero se le notó molesto.

     En la mas reciente rueda de prensa de la pasada semana le hice una reflexión cuando se le preguntó por los honorarios ‘excesivos’ de Ventura para quedarse fuera de la Feria y respondió que él no nos preguntaba cuánto cobramos de nuestros medios. Le expliqué que debe entender que la diferencia entre su negocio (privado) y cualquier otro, es que su negocio es de un espectáculo público, que se nutre del público, y que ese público quiere y necesita saber si lo que se le está ofreciendo es acorde a lo que está pagando. Le guste o no, es la diferencia entre un negocio privado pero de proyección muy pública.

     Y lo que desde luego fue ya una salida de tono absoluta fue el exabrupto (tal cual las formas del ya casi olvidado Eduardo Canorea) cuando un compañero hacía preguntas incisivas que acabaron por agotar la no tan larga cuerda de Garzón y le respondió con un desairado «hay que informarse». Responder a un periodista taurino con un «hay que informarse» es ofensivo y está fuera de lugar. Es inadmisible. Y en eso debemos trabajar toda la prensa. Hay líneas rojas de respeto que no se pueden traspasar. Da igual el compañero que fuera, pero la prensa taurina se informa, pregunta e investiga hasta donde puede; y a veces no es falta de información, sino respuestas sesgadas o interesadas de la fuente, que se contrastan con la otra parte, como en ese caso fue el empresario Garzón.

     Precisamente no soy yo quien no ha clamado abiertamente por un cambio al frente de Sevilla. He sufrido directamente varias temporadas de veto por parte de Eduardo Canorea, hasta que se quedó solo Ramón Valencia y lo levantó, no sin antes advertirle directamente en su oficina que seguiría sin estar ‘en venta’. José María Garzón acaba de llegar. Él mismo ha dicho que ha perdido seis o siete kilos porque le llega la concesión con una temporada que montar y toda su estructura (administración, informática, obra de oficinas, billetaje, promoción, gala…) sin apenas tiempo. Está trabajando a contrareloj y el esfuerzo todos asumimos que es titánico, sin duda. Y por eso, la prensa, o al menos yo, encajo el exabrupto fuera de todo lugar por el cansancio acumulado y ante preguntas incisivas (que debería ser lo normal). Pero el respeto a la prensa taurina sevillana y las líneas rojas son innegociables.


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