Torería en el detalle

Una grandiosa realidad

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Rafaelito Mesa, arenero de la Maestranza. (FOTO: Matito)
Rafaelito Mesa, arenero de la Maestranza. (FOTO: Matito)

«…Huellas tangibles que tapa de peculiar forma, imantado su avío a la penca del rabo, y en perfecta combinación de ritmo y carrera sin restar un ápice de originalidad y frescura al barrido. Con muy poco se puede decir mucho, y a él le basta un solo trasto en forma de escoba para recrearse en sus formas…»

Manuel Viera.-

     Lleva así muchos años, aunque la primera vez que me quedé clavado mirándole fue en la última novillada celebrada por no tener que admirar más arte que el suyo. Él es, y será siempre, un artista que se reinventa en todo momento. Es y será siempre un ‘torero’ a su manera porque el espíritu que lo alienta se muestra cada tarde en el ruedo de su plaza de toros. Es y será siempre invisible para los críticos porque lo que hace es tan propio e individual que poco le importa se lo tenga en cuenta el público en los tendidos.

     Y lo hace al límite, en diálogo permanente con esa fabulación sin sentido que se hace fantasía al intentar alisar las marcas indelebles que deja el toro en su arrastre. Huellas tangibles que tapa de peculiar forma, imantado su avío a la penca del rabo, y en perfecta combinación de ritmo y carrera sin restar un ápice de originalidad y frescura al barrido. Con muy poco se puede decir mucho, y a él le basta un solo trasto en forma de escoba para recrearse en sus formas. Porque después allana con lentitud pasmosa el dorado suelo mientras muestra su peculiar versión del toreo con imaginarios y sentidos pases.

     El resultado, variopinto y torero, es un sueño de trazos, al compás y cadencia, dibujados y marcados en el albero con las secas ramas de su peculiar ‘muleta’ sin más objetivo que gustarse a sí mismo. Y así, entre templadas barreduras y torerísimos remates al viento airea la arena con su alma de artista. E incluso se permite firmar lo hecho esbozando con sevillana gracia un cambio de mano que apunta maneras. Y lo hace de tapadillo, como distraído, disfrutando de donde está y manteniendo el rigor de su cometido sin caer en la chabacanería y el ridículo.

     Lo importante de su ocupación no es lo que hace sino cómo la hace. Aunque vestido de paño azul y gorra de plato, y tenga como avío una escoba de ramas. Nada es lo que parece, pero sin lugar a dudas todo en él es una grandiosa irrealidad. Se llama Rafaelito Mesa y es arenero de la Maestranza.


*Manuel Viera es redactor y responsable de las crónicas de Sevilla Taurina, así como director del programa ‘Toros y Punto’, de Punto Radio-Utrera. (manuelviera.com).

GALERÍA GRÁFICA

FOTO: Matito. FOTO: Matito. FOTO: Matito.

FOTO: Matito.

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