REAL MAESTRANZA - 2ª Feria de Abril

Los tres apostaron, pero no ganaron

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Los jóvenes Esaú Fernández, Jiménez Fortes y Borja Jiménez apostaron, pero no ganaron, por la infumable corrida sevillana de Manuel y Antonio Tornay. Poco público en una desapacible tarde, con viento, frío y lluvia durante buena parte del festejo. El malagueño Jiménez Fortes se la jugó de verdad en el quinto. 

LA FICHA

TOROS: Se han lidiado toros de Manuel y Antonio Tornay, desiguales de presencia, serios y de astifinos pitones, descastados y parados.

ESPADAS: Esaú Fernández (de rioja y oro), saludos y silencio.

-Jiménez Fortes (de azul y plata), silencio y saludos.
Borja Jiménez (de lila y oro), silencio y silencio tras aviso.
 
CUADRILLAS: Saludaron tras parear al segundo Rafael Rosa y Luis Blázquez.
   
INCIDENCIAS: Un cuarto de plaza.

 

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LOS TOROS, UNO A UNO
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Muletazo de Jiménez Fortes.

 

 

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Francisco Mateos
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Unión Taurina de Abonados de Sevilla
LA CORRIDA, AL COMPÁS
De gris plomo y oros

Fernando Naranjo

 


Manuel Viera.-

     En esto del toreo, se mire como se mire, no hay demasiado misterio: valor, una tela que imante la embestida con templado recorrido, una ligazón que deje entrever la euforia en los tendidos, y unos detalles toreros memorables. Pueden variar los ingredientes según las características del toro, pero la esencia es siempre la misma: valor, temple, ligazón… A esta ecuación mágica quisieron agarrarse como un clavo ardiendo Esaú, Fortes y Borja Jiménez cuando decidieron echar para adelante la corrida en una tarde de perros. De lluvia constante, viento, y un frío que congelaba los huesos. La imperiosa necesidad de triunfo le obligó a la gesta. A soñar. E, incluso a jugarse el ‘pellejo’ con unos toros infumables.

     Porque a la corrida de Manuel y Antonio Tornay le faltó de todo. Le faltó presencia de toro y embestidas de bravo. Ni lo uno ni lo otro. Caras anovilladas tapadas por las afiladas puntas de serios pitones. Y nula casta. Tan poca que quedaban parados, a la defensiva, derrotando, quedándose a mitad de su complicadas embestidas. Y así, imposible. Los tres apostaron, pero no ganaron.

     Esaú Fernández apostó por una portagayola para abrir boca. Bajo la lluvia. Bajo la mirada incrédula de la poca gente en los tendidos que aguantaba estoica, bajo el paraguas, las adversidad de la tarde. Y después a torear, como si nada, con la tela en la zurda y sus ganas de comerse el mundo. Algún que otro natural acompasado y largo y el toro que cae acusando su eminente falta de fuerza. La derecha también viajó con el mismo son, pero si obtener el resultado apetecido. Se paró el toro y acabó el sevillano tras estocada y descabello.

     El descastado cuarto no le dio opción al torero de Camas a no más de infructuosos intentos a derecha e izquierda. Ni por una ni por la otra mano le pasó. Un mulo, oiga.


A la corrida de Tornay le faltó de todo: presencia de toro y embestidas de bravo. Ni lo uno ni lo otro. Caras anovilladas tapadas por las afiladas puntas de serios pitones. Y nula casta. Tan poca que quedaban parados


       A Fortes no le quedo otra que pegarse un arrimón de órdago con el complicado quinto. Un bicho anovillado, con respetables puntas, que derrotaba en las telas con aviesas intenciones. El malagueño lo intentó todo con valor y cabeza. Lo mismo se lo pasaba por la espalda que improvisaba muletazos inverosímiles. Se la jugó. Ni más ni menos. Al astifino segundo, noble y parado, le realizó un trasteo sin contenido recurriendo al final a su habitual toreo de cercanías. Tanto lo intentó que la faena resultó pesada. A ambos le metió la espada.

     Borja Jiménez tampoco pudo establecer, con ambos toros, la realidad de su toreo. Pretendió en el inicio del pase cambiado por la espalda, en la faena al tercero, dar credibilidad a su concepto, pero la nula calidad de la embestida no se lo permitió. El toro de Tornay topaba las telas, las punteaba sin dejarle trazar un sólo muletazo limpio. El sevillano de Espartinas le echó valor, unas ganas inmensas de triunfo, seguridad total y firmeza delante del descastado manso. Con el complicado sexto la película tuvo el mismo guión. Y tras unos estatuarios en el inicio de faena la porfía ante el molesto cabeceo fue la constante de la lidia.

     Y acabamos la tarde ateridos de frío. Sin un solo muletazo en el recuerdo. Y tres valientes que seguirán deseosos de volver a apostar. Para ganar.


AL NATURAL

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Francisco Mateos.-

     No es comprensible que a unos aficionados (pocos, bastante menos de un cuarto de plaza hoy) que han hecho un esfuerzo económico muy importante para comprar unos boletos de toros, se les castigue su ilusión no con un día de perros (eso es un imponderable), sino obligándole a sentar sus reales posaderas en una piedra fría, mojada y mantenerlos durante dos horas con varios aguaceros y un frío final espantoso. Además, que se le castigue con una corrida desigualmente presentada y descastada, sin un atisbo de bravura más mínima. Así, los pocos que vinieron hoy, se lo pensarán muy mucho para la próxima vez. No podemos hacer un espectáculo a contra estilo. Este espectáculo de los toros no tiene razón de ser con un ruedo resbaladizo y lluvia, con unos aficionados empapados hasta la médula y más pendientes del cielo que del albero. Por mucho que los toreros de forma unánime quieran torear (que van a querer tres jóvenes con mucho que ganar y casi nada que perder en su único paseíllo abrileño), alguien debe poner cierta cordura en esta decisiones que no desembocan casi nunca en nada positivo para nadie. Y de todos modos, los pocos que tuvieron la suerte de estar en las gradas, al aguardo del tejadillo de la arquería maestrante, se aburrió soberanamente con la moruchada de Tornay, todo un petardo ganadero de principio a fin. Algunos muletazos al primero de Esaú, el tremendo arrimón con mucha verdad de Jiménez Fortes al quinto y otro de Borja al último. El resto de la corrida… bendito Whatsapp.

 


 

LA VOZ DEL ABONADO

Pulmonía taurina completa

Unión Taurina de Abonados de Sevilla.-

     Con las condiciones climatológicas de esta tarde apetecía cualquier cosa menos ver toros. La lluvia en Sevilla comienza a las siete de la mañana y cuando el presidente asoma su pañuelo aún no había cesado, Frío, cielo negro, viento, menos de medio abono y desolación en los tendidos, pero los taurinos con la anuencia presidencial se empeñan en ofrecer un espectáculo a sabiendas de su fracaso.

     Como no, la ganadería de esta tarde contribuye a diseñar otro paso más para echar a gente de las plazas. Tornay manda un encierro desigual. Los presuntos toros lidiados en primero, tercero y quinto lugar eran novillejos con cara. El resto de sus hermanos, más rematados, al menos presentaban trapío de plaza de primera. Otra cosa fue lo que llevaban dentro. Animales desrazados, sin clase ni fuerza alguna y con mínimas opciones para una terna que jugaban su suerte a cara o cruz en su modestia de aceptar las migajas que le ofrece el ‘establishment’ dominante en la Fiesta.

     Con estos mimbres, el escaso público estaba más preocupado de no coger una pulmonía, aunque lo que era la otra pulmonía, la taurina, se desarrollaba en el albero. Esaú Fernández, Jiménez Fortes y Borja Jiménez pusieron voluntad y la valentía que les permitía el piso plaza y los descastados ‘tornays’, pero toda su labor se estrellaba con medias embestidas, flojedad, escasa raza de sus oponentes y frialdad de un público más preocupado de su salud que de la lidia. Como fue la cosa que todas las banderillas fueron arrojadas a los lomos de los toros; ningún par se ejecutó como mandan los cánones, cosa lógica preventiva por el estado del piso plaza. Una tarde más, la suerte de varas fue una completa pantomima. La tarde no dio más de sí.


LA CORRIDA, AL COMPÁS

De gris plomo y oros

Fernando Naranjo.-

Cárdena, fría y lluviosa
saltó al albero la tarde.
La que embistió correosa,
quizás se embarcó en mi sierra
y a su vez tan lusitana
por marinera y ‘graciosa’.

Hizo entoldar el albero,
se atisbó la suspensión
en tarde de tres toreros
con muchas necesidades
de dejar aquí patente
su orgullo y su diapasón.

Así llegó la corrida,
fina y seria, con pitones,
descastada y aburrida;
la que embistiera a arreones
regateando emociones
en los tercios y en las suertes.

Con la belleza y trapío
que los Tornays de Guillena
quisieran ‘pa’ su Sevilla
como todos; esa casta,
no saben dónde han dejado
la esencia de la semilla.

 

 

 

 

Serio y valiente el de Camas,
se fue al portón de los sustos.
Como el que tanto reclama
buscarse un puesto en la Feria,
que la cosa esta muy seria
y nada llega a lo justo.

También sin pena ni gloria
pasara el del Aljarafe.
La tarde no tuvo historia,
apúntate ‘pa’ otro día
que traiga el toro más casta;
no embarquen al del ‘Empastre’.

Y ese niño malagueño,
con más firmeza que un poste,
sin importarle los leños,
el se embragueta con todos
e imponiéndoles sus modos
el tal Fortes no es un sueño.

Pues sabe verter su sangre
porque se siente torero,
y de serlo siente el hambre.
Va repujado a cornadas,
no teme a las puñaladas,
ni a los castigos del cielo.

 

 


GALERÍA GRÁFICA (lamaestranza.es)

Esaú Fernández.

Esaú Fernández.

Esaú Fernández.

Jiménez Fortes.

Borja Jiménez.

Borja Jiménez.

 

Voletereta de un toro.

 

 

 

 


OTRAS IMÁGENES (Javier Martínez)

La Puerta del Príncipe, sin corrillos con la lluvia.

Los operarios retiran la enorme lona protectora del ruedo.

Poco público; el abono parece que sigue sin recuperarse.

Los toreros y la autoridad inspeccionan el estado del ruedo,

Las cámaras, protegidas de la lluvia con plásticos.

El callejón es también zona de trabajo; habría que solucionarlo.

El desarrollo de la lidia puso el mojado albero muy pesado. Los sufridos aficionados, hoy con la incomodidad extra del paraguas. Enrome la voluntad de ver toros hoy con un día tan desapacible.
A los maestrantes tampoco le gustan los toros con agua. El extremeño Antonio Ferrera, en una grada. Y desde los exteriores de la plaza, el desplante de Curro.

 


 

LOS TOROS, UNO A UNO (Javier Martínez)

El primero.

El segundo.

El tercero.

El cuarto.

El quinto.

El sexto.

 

 


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