El Apoquinante de Sevilla

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Colas para sacar abonos y entradas en la Maestranza. (FOTO: Javier Martínez)
Colas para sacar abonos y entradas en la Maestranza. (FOTO: Javier Martínez)

«…Y aunque no venga José Tomás, sino Morante, Talavante y otro por delante, El Niño de Canorea le dirá al Apoquinante que antes de tal día tiene que pasarse por taquilla. Pero no al ya te veré, sino con un billete encima de otro o con talón conformado, que hasta al propio Aquiles le pedirían Canoreíta y su cuñado Ramón Valencia que un banco le conformara el talón…»

Antonio Burgos.-

     Igual que Paul Morand, dicen que animado por Romero Murube, escribió ‘El flagelante de Sevilla’, reeditada por Rogelio Delgado, novela que no va de latigazos de tinto, sino de hermanos de sangre, si me hubiera preguntado a mí no hubiera publicado ese libro, sino otro de nuestros días, que condenso en este artículo: ‘El Apoquinante de Sevilla’. Apoquinante que no sólo tiene que ver con los latigazos de tinto, sino con ese pescao frito de la Feria, que, muerto el pobre de José Antonio Garmendia, ya no hay a quien ponga de los nervios cuando le dicen, a la madrileña, ‘pescaíto’ a lo que aquí ha sido toda la vida ‘un poquito de pescao’.

     En Sevilla la cuesta de enero es nada comparada con la cuesta de febrero, y con la cuesta de marzo, y con la cuesta de abril…

—Pare usted el carro, que va a poner hasta la Cuesta del Caracol, con lo mucho que le gustan a usted las cosas de Castilleja de los Reyes, que se le ven los chorreones celestes aunque hable tanto de los campanilleros de la Plaza…

     Pues no. Ponga estas cuestas, porque la cuesta de enero es nada comparada con las que tenemos después. Ni la bajada de venta de coches, ni el parón inmobiliario, ni la subida del IPC, ni la inflación, ni la recesión ni la leche, que también ha subido el 20 por ciento. La prueba del algodón para la profundidad de la presente crisis económica en Sevilla será la aparición en escena del Apoquinante. Un personaje clásico sevillano, un arquetipo, como Fígaro o Don Juan, que lo coge Bizet y le hace una ópera. El comportamiento del Apoquinante sevillano será el mejor indicador de la economía local, ni el Nikei, ni el Ibex 35, ni el Dow Jones de lo que rima: el Apoquinante.

     El Apoquinante tendrá que ingresar en el banco la tela marinera, vulgo morterá, para la renovación del abono de las sillas en La Campana, pero de las buenas, frente al palquillo del Consejo, que heredó de su padre, y que la familia viene renovando desde tiempos del abuelo, que fue uno de los que fundaron la Hermandad de los Estudiantes. Apoquinamiento del Apoquinante que será mayor si por herencia o por mangazo de influencia tiene que renovar su palco en la Plaza, ora en el sector Sevilla, ora en el sector Triana.

     El Apoquinante verá el anuncio que pone la Empresa Pagés en los periódicos, una vez revelada la composición de los carteles. Y aunque no venga José Tomás, sino Morante, Talavante y otro por delante, El Niño de Canorea le dirá al Apoquinante que antes de tal día, si no quiere perder sus dos abonos del tendido 1, tiene que pasarse por taquilla. Pero no al ya te veré, sino con un billete encima de otro (esos colorados de 500 euros que suelen ser negros) o con talón conformado, que hasta al propio Aquiles le pedirían Canoreíta y su cuñado Ramón Valencia que un banco le conformara el talón.

     Y ese mismo Apoquinante que ha pagado las sillas de la Campana, que ha renovado el abono de los toros, tendrá que pasarse por la hermandad para sacar la papeleta de sitio: la suya y la de los niños. Y como además no están al corriente de las cuotas, porque hubo un error de domiciliación en el banco, no sólo tendrá que abonar todas las atrasadas, sino apoquinar el «hay que ver a cuánto habéis puesto este año las varas de antepresidencia», porque como tiene un número tan bajo y su padre fue tanto de la cofradía, el antiguo hermano mayor ‘ponedor’, pues ya te contaré, aparte de los cirios de los dos niños.

     Y no ha salido de éstas cuando lo llama el amigo que gestiona la caseta que monta el grupo de siempre, y le dice que él ha adelantado ya el dinero de la tasa del Ayuntamiento, y que se van a reunir para que hagan todos una vaquita para hacer frente a los primeros gastos, y que este año hay que buscar un guarda nuevo, porque el del año pasado ha encontrado otro sitio donde le dan más y los ha dejado tirados.

     Si el Apoquinante de Sevilla tiene dinero para hacer frente a todo esto, es que aquí, económicamente, No Passssa Nada. Pero si se acaba el clásico ‘que no farte de ná’, ay, entonces es cuando será verdad lo que dicen los indicadores económicos.


*Antonio Burgos es periodista y escritor sevillano. / Publicado en ABC-Sevilla.

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