Al servicio del genio

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«…La verónica, de enorme sensibilidad improvisatoria, tuvo la fuerza del verdadero toreo naciendo ante miles de ojos. Excelente el compás, mecida la seda, el mentón hundido en el pecho, el recorrido ceñido, embraguetado? todo un mosaico de lances evocadores de una época ya perdida en el toreo con el que un sevillano de La Puebla provocó el delirio colectivo ante unas formas de gigantesca trascendencia…»


FOTO: burladero.com

Manuel Viera.-

     Anda Madrid por caminos paralelos a Sevilla. El protagonismo del toro sin casta, flojo y noble se hace notar en una feria inmensamente larga. Dominaba el toro en el ánimo de los que esperaban el toreo como agua de mayo. Y llegó. Inmenso, duradero, histórico hasta límites insospechados. Tanto fue que no hay tarde de toros, aquí o allí, que no se recreen en comentarios de tertulias las excelencias de quien abrió al toreo las puertas de otro mundo tan distinto, tan transparente y genial, tan sabiamente construido que hizo que el lance a la verónica adquiriera cualidades sorpresivas hasta la conmoción.

     La belleza emotiva, que convulsiona los sentidos de quien se entrega con toda su verdad, se hizo patente una tarde de mayo de nobles y flojos 'juampedros' en Las Ventas de Madrid. La verónica, de enorme sensibilidad improvisatoria, tuvo la fuerza del verdadero toreo naciendo ante miles de ojos. Excelente el compás, mecida la seda, el mentón hundido en el pecho, el recorrido ceñido, embraguetado… todo un mosaico de lances evocadores de una época ya perdida en el toreo con el que un sevillano de La Puebla provocó el delirio colectivo ante unas formas de gigantesca trascendencia.

     Morante manifestó en cada uno de los lances los rasgos distintos de un toreo idolatrado por las dimensiones de sus formas. Un toreo que emociona y conmociona tras resaltar con capa y muleta el arte de los genios. El toreo del sevillano, que nació aquella tarde de un valor inimaginable, de una pasión desbordada, de una emoción sin límites, fue ejecutado con todos sus sentidos hasta conseguir realizar una tauromaquia obsesiva cargada de matices y elaborada con su particular intimismo de artista.

     Excepcional el majestuoso lance a la verónica, el galleo, la chicuelina, la media, el molinete… ¡Qué compás¡ ¡Qué forma de parar el tiempo durante el lentísimo ritmo de la seda¡ Sensacional toreo de capa que tuvo su continuación en la riqueza rítmica del despacioso y ceñido trazo a derecha, que cobró vida gracias a la genialidad chispeante de este fenomenal artista. La izquierda mágica de Morante citando de frente captó magistralmente la esencia del natural con genuino sabor a toreo antiguo. Un precioso y lento trazo pareció conservar el tono sepia brillante de los recuerdos.

     Fue la tarde del veintiuno de mayo cuando el arte se dio a la reflexión. Cuando un excelente y genial torero consagró su tauromaquia a una gente, que enloquecida, sentían arriba lo que sucedía abajo. La magia del toreo de José Antonio Morante quedará, por los siglos de los siglos, en los anales de la historia. Queda ahora  preguntarse hacia donde camina el toreo del genio. ¿A la idolatría generalizada? ¿A sueños irreales de otras tardes y en otros plazas? ¿A continuismo del currismo? ¿A nombramiento popular de nuevo sentimiento sevillano? De cualquier forma, Morante es diferente. Tan distinto, que todos estamos al servicio del genio. ¿Sí o no?

*Manuel Viera es redactor y responsable de las crónicas de Sevilla Taurina, así como miembro del equipo del programa 'Toros y Punto', de Punto Radio Sevilla. / Editorial del programa 'Toros, y punto' de Punto Radio Sevilla.

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