Sevilla vuelve a enamorarse

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«…Tras nueve años de orfandad y de fidelidad a su torero de siempre, la plaza de Sevilla se entregaba al empaque, la marchosería, el temple y la estética de un torero. La tarde del 28 de abril de 2009 pasará a la historia de Sevilla como la de un nuevo compromiso con un torero propio. No hubo orejas, qué más da, pero sí se logró con Morante que por las casetas vuelva a hablarse de toros, como cuando Curro estaba bien. ¿Qué trofeo mejor que Sevilla vuelva a enamorarse?…»


FOTO: Matito.

Luis Carlos Peris.-

     Nuevamente, como ocurría en la segunda mitad del siglo pasado, la Maestranza se rendía de forma incondicional ante los modos y las maneras de un torero. Tras nueve años de orfandad y de fidelidad a su torero de siempre, la plaza de Sevilla se entregaba al empaque, la marchosería, el temple y la estética de un torero. Ribereño también de la margen derecha, José Antonio Morante, natural de La Puebla del Río, le alborotaba las pajarillas al personal con el toreo eterno, con ese que hace que quepan tres oles en un muletazo de tan despacio como se pega.

     La tarde del 28 de abril de 2009 pasará a la historia de Sevilla como la de un nuevo compromiso con un torero propio. No hubo orejas, qué más da, pero sí se logró con Morante que por las casetas vuelva a hablarse de toros, como cuando Curro estaba bien. ¿Qué trofeo mejor que Sevilla vuelva a enamorarse?

*Luis Carlos Peris es periodista sevillano de Diario de Sevilla. / Publicado en Diario de Sevilla.

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