REAL MAESTRANZA - Novillada con picadores

Ángel Jiménez, diferente a lo cotidiano

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Los novilleros Ángel Jiménez y Emilio Silvera con las orejas cortadas esta tarde del Corpus en la Maestranza.

El novillero sevillano Ángel Jiménez y el onubense Emilio Silvera le han cortado una oreja a sus respectivos novillos en un interesante encierro de la ganadería de El Parralejo. El otro sevillano que cerraba el cartel, Alfonso Cadaval, asentado y decidido, fue ovacionado en su lote.


SEVILLA / Novillada con picadores

NOVILLOS: Se han lidiado novillos de las ganaderías de El Parralejo, bien presentados, nobles, flojos y de escasa casta. Destacaron primero y quinto. Sexto el mejor.
NOVILLEROS:Ángel Jiménez (de blanco y oro), vuelta al ruedo tras leve petición y oreja.
Emilio Silvera (de purísima y oro), silencio tras aviso y oreja.
Alfonso Cadaval (de grosella y oro), silencio y ovación.
INCIDENCIAS: Festividad del Corpus. Más de media plaza.


Manuel Viera.-

    Hay formas de hacer el toreo para las que cualquier elogio es insuficiente. Y la empleada por Ángel Jiménez ha sido un regalo. Una belleza natural que se diferencia de lo cotidiano. Y eso gusta. Y asombra por la cadencia y la despaciosidad del trazo. Un toreo para gozar. Un concepto con el que el torero ecijano llevo a cabo una verdadera creación en la que la belleza se convirtió en emotividad.

     Así que de esta manera se puso a torear. Despacio, con ritmo, y agitanado con el capote. Templado e hilvanado con la muleta. Y lo hizo con unas maneras desacostumbradas. Con una lentitud pasmosa. Con un depurado argumento. La faena no estalló por naturales. Una pena que el noble primer novillo de El Parralejo, tan escaso de casta como de sobrada y pastueña embestida, le enganchara la tela. Le minimizara la hondura del trazo y no le dejara acabar una lidia de mano derecha con muletazos sacados de lo mejor de su concepto. Muletazos llenos de expresión, de dulzura en el trazo y arrebato en los largos pases de pecho. Dejó media espada en lo alto y paseó el ruedo entre ovaciones.

     A veces, esas formas pausadas y lentas, tan expresivas y diferenciales, tan necesarias  para sumar grandeza y trascendencia a lo hecho, no bastan. No llegan, desgraciadamente, a mucha de la gente que está en la plaza. Jiménez sospechaba que algo de esto podía suceder. Que la importante tarde se le podía ir en blanco. Y no fue una intuición, fue la realidad de encontrar a un torero conjuntado bajo la idea de decir el toreo con esa otra virtud imprevisible y sorprendente para crear emoción: la raza, el valor y la ambición.

     Y así se fue delante de chiqueros en busca de la larga cambiada de rodillas para seguir con la verónica a compás con la que caldeó el apagado ambiente. Hubo en la faena al flojo y buen cuarto momentos mágicos en el prólogo de rodillas. Todo hecho con verdad. Muy despacio. Muy templado. Muy torero con la derecha. Y otra vez la izquierda vino a menos y con ella la lidia. Quiso levantar lo caído con las vibrantes bernardinas. Y lo que parecía ser una rocambolesca atrocidad, al tirar la muleta y entrar a matar a cuerpo limpio, se convirtió en perfecta decisión  para arrancar una oreja ganada a ley por lo hecho y dicho en la tarde.

     El debutante Emilio Silvera también paseó el apéndice del buen quinto, un novillo de nobles embestidas aunque bajo de casta, al que tumbó de una soberbia estocada. Suficiente para que el presidente sacase el pañuelo que otorgaba el premio. Silvera muestra un buen concepto, pero abusa de torear para afuera. Liga pero desplaza en demasía las embestidas. La faena, larga y de infinidad de pases, se fue apagando con la izquierda sin pizca de emotividad. El acero lo salvó todo.

     Noble y de escasa fuerza fue el segundo. El onubense-sevillano dejó muestras de un toreo con gusto aunque sin demasiado contenido. Aún con escaso oficio le faltó acople y, sobre todo, decisión.

     Alfonso Cadaval se creció en el epílogo de faena al noble y flojo tercero. He hizo un toreo diestro muy asentado, templado  e hilvanado. No sucedió igual con la izquierda en la que sólo dibujó el natural en escasos trazos. No obstante se entregó con verdad a un toreo que resultó interesante, aunque muy mal rematado con la espada.

     A la lidia del notable sexto, el mejor utrero de la interesante y noble novillada de El Parralejo, le insufló una vitalidad contagiosa, sobre todo en el inicio de faena citando de lejos y con las dos rodillas en tierra. Incluso hubo momentos de recreación con la diestra. Muletazos que se percibieron largos, templados y muy bien rematados con los obligados de pecho. Hubo detalles al natural de verdadera autenticidad. Pero la faena no tomó altura. Tras la estocada todo quedó en ovación.


GALERÍA GRÁFICA (Pagés)

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