CUADERNOS DE TAUROMAQUIA

La esencia

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La mirada de Curro Romero. (FOTO: Cuadernos de Tauromaquia)
La mirada de Curro Romero. (FOTO: Cuadernos de Tauromaquia)

«…Hoy, al ver la estatua de Curro Romero profanada, vuelve a aparecer frente a mí ese muro frío de la incomprensión. Es cierto que algo hemos hecho mal, y te pido perdón por ello. Pero olvida de una puta vez la estatua y fíjate en esta imagen del maestro, en esta mirada limpia, en esta paz de espíritu. Y danos una última oportunidad…»

Álvaro Acevedo.-

     Hoy, lo siento, escribo bajo los efectos del pasado, y al ver la estatua de Curro Romero profanada vuelve a aparecer frente a mí ese muro frío de la incomprensión. Seas quien seas he de decirte que la estatua sólo es la recreación de un hombre, pero en ella no comparece su esencia. Un hombre que no es egoísta, sino libre; que no es cobarde, sino sensible; que no es mentiroso, sino soñador. Que no es un hombre malo, aunque a ti ahora te lo parezca. Un hombre que si un día clavó su estoque a un animal, antes lo acarició con las venas del alma, y se fundió con él como si ambos fuesen un solo espíritu. Que antes de herirle lo amó profundamente, que después lloró en silencio su marcha y al cabo, en infinitas lunas, cerró los ojos queriendo volver atrás. Que lo siguió añorando para los restos.

     La integridad de Curro Romero está intacta porque en la estatua, ya te lo he dicho, no habita su esencia. Deberías conocerlo, en serio, porque la estatua que has contemplado en estos años no basta, ni tampoco los artículos que te haya enviado algún psicoanalista cercano. Su caso, el de Curro, no viene en los libros. Es íntegro y honesto; es sencillo y franco; es inteligente y divertido; es noble y generoso. Y lo es siempre, en la riqueza y en la pobreza, en el triunfo y en el fracaso, en la felicidad y en el dolor. Yo quisiera parecerme a él, pues sólo la muerte te anuncia que ya es demasiado tarde para tomar un camino. Y estoy en ello.

     Curro es, además, un torero clásico, un artista excepcional, un genio convertido en mito. Esto te sonará a patraña, quizá porque el toreo, como el amor, es un misterio que no hemos sabido explicarte. Es cierto que, desde esta orilla, algo hemos hecho mal, y te pido perdón por ello. Pero olvida de una puta vez la estatua y fíjate en esta imagen del maestro, en esta mirada limpia, en esta paz de espíritu. Y danos una última oportunidad.


*Publicado en el blog de cuadernostm.com

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