GALLEANDO

Morante y su festival

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El paseíllo del festival de La Puebla del Río el pasado sábado.
El paseíllo del festival de La Puebla del Río el pasado sábado.

«…el verdadero centro de esta bonita historia está José Antonio Morante, que transforma el gesto con los que pasan apuros en su pueblo en una gran exhibición de toreo asociada al divertimento de la gente. Así que sin el elemento cigarrero, cuya concepción del arte taurómaco es totalmente distinto a todos, la Fiesta en la plaza sería menos Fiesta.…»

Manuel Viera.-

     Sobra decir que se trata, más que nada, de un acto benéfico fundamental para atender necesidades. Durante mucho tiempo así lo han hecho y lo seguirán haciendo. No hay desgracia, desdicha o fatalidad que no pueda paliarse con la gente del toro. Ahí están siempre para hacer suya la adversidad. Para poner la menor distancia posible entre la fatalidad y el largo camino a la esperanza.

     Es ésta la fantástica realidad de estos festejos taurinos solidarios. Y no esas otras funciones en las que se ha convertido la modernidad de los también llamados festivales ‘benéficos’ sin caballos. Subgénero de las corridas de toros debido a los no despreciables dividendos que suman matadores de toros, antes populares y mediáticos, con exclusividad para enfundarse el traje corto tras la imposibilidad de hacerlo vestido de luces. Una auténtica demostración de cómo se le rinde homenaje a la tomadura de pelo.

     No obstante, una vez más, hay quienes ofrecen su arte para mitigar miserias. No es que hayan inventado el festival en La Puebla del Río, sino que ese impulso irresistible de creación e innovación concluye, una edición más, con el éxito económico y el triunfo de sus participantes. En los que, por cierto, nunca faltan las genialidades individuales.

     Y es que en el verdadero centro de esta bonita historia está José Antonio Morante, que transforma el gesto con los que pasan apuros en su pueblo en una gran exhibición de toreo asociada al divertimento de la gente. Así que sin el elemento cigarrero, cuya concepción del arte taurómaco es totalmente distinto a todos, la Fiesta en la plaza sería menos Fiesta. Quienes asisten tienen la sensación de que la clave de sus gozos se encuentra en el hacer de quien lo hace posible. Quien sabe encontrar el compañero ideal sobre el ruedo para complementar estilos en perfecto equilibrio y obtener, con heterodoxa combinación de conceptos, un espectáculo de ritmo vertiginoso.

     A las cabalgadas de Juli, Fandi, Talavante, Ventura, Lea Vicens, y el propio Morante, de hace dos años, respondieron el pasado sábado con contundencia Ruiz Miguel, El Soro, Ortega Cano, Morante, Ventura, e incluso el novillero local Liqui, yendo cada uno más allá de su propio toreo. Tal magisterio sobre el ruedo sirvió para que el público que llenaba la plaza se adentrara en ese universo apasionante del arte y gozara de formas y conceptos con emoción inesperada.

     Morante ha trabajado con imaginación, compatible con su genial perspectiva de la lidia, y ha hecho suyo los sentimientos y preocupaciones de los cigarreros para intentar superar los problemas básicos que acosan a muchas familias. Ha hecho que se produzca otra tarde memorable en La Puebla. Y, lo más importante, ha cumplido su objetivo con una excepcional taquilla. Pues eso.


*Manuel Viera es redactor y responsable de las crónicas de Sevilla Taurina. (manuelviera.com)

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