GALLEANDO

Esperando el ‘apagón’

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Vista exterior de la plaza de toros de Utrera durante su construcción.
Vista exterior de la plaza de toros de Utrera durante su construcción.

«…Lo que de verdad resulta inquietante en este desesperante transcurrir es la sucesión de sueños rotos, reveses, proyectos incumplidos y fracasos económicos, de los que nadie da cuenta con algo de lucidez. Nadie comunica entusiasmo y levanta el ánimo a una afición, poca o mucha, cansada, aburrida y maltratada…»

Manuel Viera.-

     Hace unos días un añoso aficionado, con importante currículo taurino en su haber, me reafirmaba el viejo argumento de «esto no tiene solución». Quizá, porque ya no ve remedio para enderezar un camino que, tarde o temprano, conducirá al olvido. Y es que la frustración ante el fracaso comienza a pesar como una losa en una concurrencia que ve como muy poco de lo ofrecido se ha cumplido y, sin embargo, mucho se ha malogrado. No ha existido. Quizá, porque a veces la equivocación administrativa es un logro que se convierte en nefasta decisión. Ahora, el prolongado silencio empieza a salpicar a una gente que comienza a quejarse de incumplimientos en la gestión de los que convencieron con encantadas fantasías enmascaradas con falsa y absurda sensiblería, cuando lo suyo es un mundo de pillos, de buscavidas sin lucha para levantarse de la caída y el revés económico.

     No más de una semana en la totalidad de los trescientos sesenta y cinco días del año han sido utilizadas las instalaciones de la plaza de toros de Utrera: sólo dos festejos taurinos, un recital de cante de organización privada, y alguna que otra exhibición y muestra de coordinación municipal. Entonces, más allá de la teoría, ¿cuál es la realidad de uso de una instalación inutilizada durante casi todo un año? Pero lo que de verdad resulta inquietante en este desesperante transcurrir es la sucesión de sueños rotos, reveses, proyectos incumplidos y fracasos económicos, de los que nadie da cuenta con algo de lucidez. Nadie comunica entusiasmo y levanta el ánimo a una afición, poca o mucha, cansada, aburrida y maltratada.

     Pese a lo sostenido por Cernuda, el viento del olvido, cuando sopla, no necesariamente mata, pero descalabra. Descalabrada situación que invita a la reflexión sobre unos acontecimientos que se han sucedido con demasiada aceleración. Nada es determinante, pero sí es conveniente quitarse las orejeras y mirar a un lado y a otro para descubrir que la situación aquí es muy distinta a la de parecidas ciudades del entorno con igual tradición taurina. Pueblos que al día de hoy tienen cerradas importantes galas y trascendentales corridas de toros a cuatro meses de su celebración. Y aquí, silencio. Esperando el definitivo ‘apagón’.


*Manuel Viera es redactor y responsable de las crónicas de Sevilla Taurina. (manuelviera.com)

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