GALLEANDO

Ésa es la historia

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Manzanares, en una insólita imagen a portagayola por dos veces en la Maestranza. (FOTO: lopez-matito.com)
Manzanares, en una insólita imagen a portagayola por dos veces en la Maestranza. (FOTO: lopez-matito.com)

«…Su compromiso con Sevilla fue tan personal como auténtico. Tan valiente  como conceptual. Porque lo que se propuso fue reinventar su tauromaquia desde los mismísimos límites del valor. Lo demás importa poco si lo que se vio fue el toreo  y lo que se sintió fue emoción…»

Manuel Viera.-

     Ante la deriva inevitable por la que navega el toreo, la última reserva de ilusiones se apilan provisionalmente en tardes como la de Nimes y Sevilla, donde todo fue posible y donde todo pudo ser. Nadie puede negar la trascendencia positiva del suceso José Tomás en el coliseo francés. Lo contado, y lo cantado, de lo hecho y dicho por el mítico torero aquel histórico mediodía es bien expresivo. Con todo, lo acontecido en Sevilla una semana después mostró el vigor de una Fiesta en la que se denotó la vitalidad de un torero capaz de rivalizar con el héroe. Ésa es la historia.

     Porque Manzanares trató de sumar, no de restar. Poner en valor el toreo sin comparaciones odiosas. Así lo entendí y así lo entendieron quienes llenaron la Maestranza y reconocieron la actitud, el valor y las formas de quien reivindicó en la plaza su presente y su futuro sin alivios ni falsos planteamientos. Su compromiso con Sevilla fue tan personal como auténtico. Tan valiente como conceptual. Porque lo que se propuso fue reinventar su tauromaquia desde los mismísimos límites del valor. Lo demás importa poco si lo que se vio fue el toreo y lo que se sintió fue emoción. Lo que importa es cómo lo que se hizo y se dijo en el ruedo propagó su culminación a una gente que supo valorar el impacto, y no a esa otra minoría ausente y obsesionada por esos tópicos que distorsionan la visión de la verdad del toreo ¿Quién tiene la legitimidad de la emoción? Lo dijo Nebrija: «¿Se me ha de obligar a creer que es falso lo mismo que estoy viendo claramente?».

     La belleza de un natural no se da, sino que cada uno tiene que consumirla dentro de sí con actitud parecida a la de los niños que juegan al toro. No se puede despreciar una gran tarde de toros simplemente con calificativos a la banalidad, puesto que estos significan un principio que lleva a repensar ideas preconcebidas. Y es que el lenguaje del toreo trasciende más allá del tecnicismo. Algo así como no reconocer que el conocimiento es irremediablemente parcial.


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