Sevilla se museifica

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«…En toda esa vuelta al ruedo vimos lo que visitan los turistas: el Museo Taurino. Impoluto. Perfecto. Cuidadísimo. Pero con la frialdad de un museo. Es como otra plaza, distinta a los días de corrida. Parece otro mundo que el ambiente de ese mismo sitio las tardes de toros. Parece más el Museo de Bellas Artes que nuestra plaza de los toros de toda la vida: «¡Hay cerveza, hay cocacola!, ¡Al rico bombón helado vitaminado!»….»


Antonio Burgos.-

     La palabra es horrorosa: museificar. Pero más espantosa es aún la realidad: estamos convirtiendo a la mejor Sevilla en museo para los turistas. Cuando he estado en Venecia me he preguntado siempre qué sentirían los vecinos de la Serenísima rodeados todo el día por las hordas de turistas japoneses, con su ciudad tomada por los grupos de zarrapastrosos caminantes tras una guía con un paraguas abierto en pleno verano. Ya estamos aquí así. Pase usted por los soportales de la calle Alemanes, suba por el arranque de la Cuesta del Bacalao en la esquina del Bar Gonzalo, baje por Mateos Gago, y se sentirá extraño en su propia tierra, rodeado de turistas que se toman su paella y su sangría a las 7 de la tarde creyéndose los pobres que eso de la paella y la sangría es lo más sevillano que se despacha. Hablando de despachar. En la zona monumental, museificada, apenas quedan despachos de pan y tortas, tiendas de los desavíos, mercerías, dulcerías, ultramarinos, tabernillas de moyatosos. Vida de barrio. Fueron reconvertidos en comercios de recuerdos de Sevilla, con los delantales de faralaes colgados en la puerta y con sus camisetas con las bromas sobre la siesta y la calor que hace.

     ¿Esto es bueno o es malo? Esto es imparable. ¿Y a cuento de qué viene esto? Pues a cuento de la entrega de los premios taurinos y universitarios de la Real Maestranza de Caballería, celebrada esta semana en la plaza de los toros. Como llovía tela y el pisoplaza estaba impracticable para llegar a la carpa modelo Rafael Juliá donde suelen entregarse los premios, a los invitados nos hicieron dar la vuelta al ruedo.

-¿Tan malamente estuvieron ustedes, que ni siquiera cortaron una orejita y se tuvieron que conformar con la vuelta al ruedo?

     No, es que quizá para que viéramos lo bien que lo están haciendo y cómo tienen la plaza de dulce, lo que es completamente cierto y encomiable, nos hicieron entrar por la calle Circo, junto a la Puerta del Príncipe, para luego, por dentro de la plaza, llevarnos en mangada por el amplio corredor que hay bajo los tendidos, atravesar toda la parte del 2 y del 4, pasar ante la antigua enfermería, donde se han abierto las nuevas salas de pintura y estampas en el Museo Taurino, y llegar bajo la solanera a la puerta de Contaduría y al patio de cuadrillas, para salir por allí, como en paseíllo de invitados, hasta la protectora carpa.

     En toda esa vuelta al ruedo vimos lo que visitan los turistas: el Museo Taurino. Impoluto. Perfecto. Cuidadísimo. Pero con la frialdad de un museo. Es como otra plaza, distinta a los días de corrida. Hasta carteles de que no se fume hay debajo del tendido 4. Parece otro mundo que el ambiente de ese mismo sitio las tardes de toros. Parece más el Museo de Bellas Artes que nuestra plaza de los toros de toda la vida: "¡Hay cerveza, hay cocacola!, ¡Al rico bombón helado vitaminado!".

     Y terminado el acto donde Chaves defendió la Fiesta Nacional (cosa que aquí hace cualquiera y que donde debería defender era en Cataluña ante los prohibicionistas correligionarios del partido que preside), desde la puerta de la carpa endiquelamos la reforma de las gradas impares de sombra, entre el Labradores y la música. A plaza vacía, la verdad, no ofenden a la vista, no chocan. Así que me imagino que con la plaza llena no habrá quien lo note. Pero hubo unas inquietantes palabras del teniente, quien anunció que en la plaza piensan seguir haciendo experimentos, y no con gaseosa precisamente. La cuestión es no parar y poner el azulejo del gerundio: "Siendo teniente…". Pues nada, caballeros maestrantes, a museificar se ha dicho. Lo malo es que los figurantes para el turismo, los abonados, encima tenemos que pagar ahora una morterada a la empresa Pagés para dar ambiente a este Parque Temático Taurino en la Sevilla museificada.

*Antonio Burgos es escritor y periodista sevillano. / Publicado en ABC-Sevilla.

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Comentarios disponibles:
Fecha: 2009-03-08 15:18:06 Autor: Alejandro Martínez
Sevilla es una plaza especial. Para mí de la de más magia. Espero que los empresarios no sigan estropeando su impresionante categoría.

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